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Una mascarilla capaz de detectar coronavirus en la persona que la lleva puesta

El test para determinar la presencia o no de coronavirus brinda los resultados 'in situ' y en 90 minutos

Se trata de un desarrollo de la Universidad de Harvard y el MIT (Massachusetts Institute of Technology) que comenzó hace tres años, con el virus zika, pero que cobró un nuevo sentido cuando todo el mundo se vio sumido en una pandemia en la que el rápido diagnóstico, así como el uso de mascarillas, fue (y sigue siendo) vital para contener los contagios.

Se activa mediante un botón y en hora y media envía el diagnóstico a una pantalla de lectura, que podría asociarse a teléfonos o relojes inteligentes. Los resultados de este trabajo se publicaron en Nature Biotechnology, la sección de bioteconología de la prestigiosa revista.

Un lector de ADN en polvo

El uso de sensores introducidos en productos textiles para el diagnóstico de enfermedades no es algo totalmente nuevo. Ya se había hecho anteriormente, introduciendo células vivas que realizaran, de un modo u otro, la tarea de detectar el rastro del patógeno que se quiere identificar. No obstante, esto conllevaba algunos riesgos.

Peter Nguyen, uno de los autores del estudio, emitió un comunicado en el que explica que es como si se introdujera en la prenda un acuario lleno de peces. Esto en principio es inofensivo, pero si el acuario se rompe los peces pueden volcarse sobre el usuario. Y en estos casos esto sería un problema.

Por eso, decidieron explorar una curiosa alternativa, basada en la propia maquinaria que las células de los organismos vivos utilizan para gestionar el ADN o, en el caso de algunos virus, el ARN. Esta maquinaria se liofiliza hasta convertirse en una especie de polvo que permanece inerte hasta que se rehidrata. En ese caso, puede ejercer su función, como si se encontrara en el interior de las células.

¿Qué es lo que hace exactamente?

Este test de coronavirus analiza el aire que pasa a través de las mascarillas, de modo que se pueda informar al usuario si está infectado. El usuario tiene que pulsar un botón que hidrata la maquinaria celular liofilizada para que pueda ejercer su función.

Consta de tres fases. En la primera, si se detectan partículas virales, se abre su membrana para dejar al descubierto el ácido nucleico, que puede ser ARN o ADN. Después, esta maquinaria celular busca una secuencia de ARN correspondiente a la proteína spike del SARS-CoV-2. Si la detecta, comienza a sacar copias, como si de una fotocopiadora molecular se tratara. Este es precisamente el mismo mecanismo de la PCR, solo que ocurre in situ. Finalmente, se emplea una tecnología basada en la famosa herramienta CRISPR; que, al detectar esas copias de la proteína spike, corta una molécula determinada en dos piezas. Esto da lugar a la reacción que se detecta en el lector que iría asociado a móviles o relojes electrónicos.

Si no hay coronavirus, no habrá ningún tipo de reacción. Si hay poco, la habrá, pero apenas se detectará. Y si hay mucho, se habrán obtenido más copias y esta reacción será más notable. De este modo, se puede establecer un umbral a partir del cual se considera que el paciente está infectado.

Todo esto ocurre en 90 minutos, con niveles de precisión comparables a los de la PCR, pero la velocidad y el precio equivale al de otros test de coronavirus, como el de antígenos. No se trata de mascarillas especiales, sino de un mecanismo que se puede acoplar a cualquiera de ellas. El usuario solo tiene que presionar un botón que liberará agua sobre la maquinaria celular liofilizada, permitiendo que entre en acción.

También se puede usar en batas de laboratorio y uniformes de protección. Se podría adaptar para identificar todo tipo de moléculas. El abanico de posibilidades es inmenso. Solo es necesario adaptarlo ligeramente.