Se trata de SINLAC, una empresa nacida en Colazo, una pequeña localidad cordobesa, que cumplió 25 años de trayectoria. Con una planta industrial de ocho hectáreas, más de 300 clientes activos y 30 empleados, la firma incorporó una unidad de fabricación de resinas y concretó su primera exportación en 2025.
El aniversario también coincidió con un cambio generacional: los hijos de su fundador, David Cravero, se incorporaron a la conducción de la compañía, que además renovó su identidad.
De un remo de madera a una fábrica de pinturas
La historia de SINLAC comenzó cuando la familia Cravero todavía se dedicaba a fabricar muebles. Por aquellos años, uno de los principales problemas del sector era conseguir pinturas para madera con la calidad y disponibilidad necesarias.
Frente a esa dificultad, David Cravero decidió asociarse con un proveedor brasileño para desarrollar sus propios productos. Así nació la empresa en 2001, inicialmente dedicada a la elaboración de poliuretanos y poliésteres para madera.
Su primer cliente fue la propia fábrica familiar. Sin embargo, el desafío llegó cuando comenzaron a ofrecer sus productos a otros fabricantes, algunos de los cuales competían directamente con los Cravero en el negocio del mueble.
Los comienzos estuvieron lejos de la estructura industrial actual. La producción no alcanzaba los 100.000 litros anuales y los primeros lotes se elaboraban de manera artesanal.
“El primer lote lo fabricamos con un remo de madera. Hoy tenemos ocho dispersores trabajando”, recordó Cravero.
Con el paso de los años, aquella actividad que nació para resolver una necesidad interna se convirtió en un negocio independiente y amplió su presencia en el mercado nacional.
Una industria que abastece al 80% de las fábricas de muebles del país
Actualmente, SINLAC funciona en un predio propio de aproximadamente ocho hectáreas, con más de 4.000 metros cuadrados cubiertos, equipamiento industrial y un laboratorio.
La compañía cuenta con capacidad instalada para elaborar más de dos millones de litros de pintura al año y, según datos de la propia firma, sus productos llegan al 80% de las fábricas de muebles de Argentina.
Aunque este sector continúa siendo uno de sus principales mercados, la empresa diversificó su producción hacia otros segmentos industriales e incorporó una línea de pinturas látex para hogares y obras.
El crecimiento también estuvo acompañado por nuevas exigencias de los clientes, que comenzaron a priorizar aspectos como la velocidad de secado, el rendimiento y la uniformidad de los productos entre diferentes partidas.
“Hoy un cliente industrial necesita que el producto que recibirá mañana se comporte exactamente igual que el que recibió hace seis meses. Eso obliga a tener mucho más control de materias primas, laboratorio, formulación, trazabilidad y tecnología aplicada a la producción”, explicó Cravero.
La nueva apuesta: fabricar resinas y salir al exterior
Uno de los principales movimientos de la compañía ocurrió en 2025, cuando puso en funcionamiento una planta propia de resinas, una materia prima fundamental para la elaboración de pinturas y recubrimientos que hasta entonces adquiría a proveedores externos.
La inversión implicó incorporar tecnología, ampliar la capacidad energética y capacitar al personal. Con esta decisión, SINLAC buscó tener mayor control sobre los costos, la calidad y los procesos productivos.
La nueva unidad trabaja con nueve tipos de resinas y tiene capacidad para fabricar hasta 180.000 kilos mensuales. Aproximadamente el 70% se destina al consumo interno de la compañía, mientras que el 30% restante queda disponible para comercializar a otras industrias.
Esta diversificación también abrió las puertas al comercio exterior. En diciembre de 2025, la firma concretó su primera exportación de resinas y comenzó a explorar nuevas oportunidades comerciales en mercados regionales, entre ellos Uruguay y Paraguay.