Opinión | Editorial |

El “arrepentimiento selectivo” de un empresario notorio

Más allá de la confirmación del pago de coimas en el contrato por el soterramiento del ferrocarril Sarmiento, un dato para nada novedoso, los detalles del testimonio de un arrepentido del caso Odebrecht tienen como aspecto particularmente destacado la descripción del comienzo de las negociaciones y del primer tramo de la operatoria, con una participación central de Iecsa, una empresa entonces perteneciente a la familia del presidente Mauricio Macri.

La investigación de la “pata argentina” del caso Odebrecht, la constructora brasileña que desempeñó un papel central en el escándalo conocido como “Lava Jato”, acaba de dar un paso fundamental con la confesión como “arrepentido” de Manuel Vázquez, hombre de confianza y testaferro del hoy condenado y preso exsecretario de Transporte Ricardo Jaime. Más allá de la confirmación del pago de coimas en el contrato por el soterramiento del ferrocarril Sarmiento, un dato para nada novedoso, los detalles del testimonio tienen como aspecto particularmente destacado la descripción del comienzo de las negociaciones y del primer tramo de la operatoria, con una participación central de Iecsa, una empresa entonces perteneciente a la familia del presidente Mauricio Macri.



En rigor, en las investigaciones de la Justicia brasileña ya había quedado establecido el origen espurio de la adjudicación de los trabajos por el soterramiento de la línea ferroviaria a una sociedad integrada por Odebrecht y Iecsa. Pero mientras los ejecutivos “arrepentidos” brasileños habían puntualizado que hasta 2010 el pago de sobornos había sido administrado directamente por sus socios argentinos, éstos -incluido el primo de Macri Ángelo Calcaterra- siempre negaron haber pagado coimas por este contrato, y aseguraron que de haberlas habido eran cosa de Odebrecht.



La declaración de Vázquez, sin embargo, es congruente con los testimonios tomados en Brasil, que incluyen detalles de todo el primer tramo de la negociación, llevada adelante por su jefe, Calcaterra y otros altos ejecutivos de Iecsa. Y aclara que Odebrecht se hizo cargo  solo a partir de 2010, con la intermediación de Jorge “Corcho” Rodríguez, luego de la muerte de Néstor Kirchner, y cuando Jaime ya había sido eyectado del cargo y el cobro había pasado a ser responsabilidad de otro secretario dependiente de Julio De Vido, Roberto Baratta: una versión también coincidente con los hallazgos der la investigación de los “cuadernos de la corrupción”.



En ese expediente, justamente, el primo del Presidente ha sido aceptado como “arrepentido”, a pesar de la afirmación de que lo que había pagado no eran sobornos sino “aportes de campaña” realizados bajo presión. Pero los hallazgos en la causa Odebrecht -llevada adelante por un juez y un fiscal diferentes- indican no sólo que la estrategia de obtener contratos a cambio de dinero “negro” venía de antes, sino que ponen en entredicho la sinceridad de su supuesto “arrepentimiento”, en vista de que habría negado ante un tribunal una conducta idéntica a la que admitió frente a otro.



Esto debería ser examinado a la luz de lo establecido por la ley 27304, en el sentido de que la colaboración ofrecida por el imputado para ser aceptado como “arrepentido” debe ser total. No se trata de confesar una parte de los delitos en que se incurrió al tiempo que se guarda información pertinente sobre otros comportamientos del mismo tipo, porque esa “selectividad” pone en tela de juicio la validez de todo el testimonio, y por lo tanto coloca al declarante en riesgo de perder los beneficios obtenidos a cambio de su aporte: no solamente la eventual reducción de la pena, sino el de esperar el juicio en libertad.