El debate todavía no resuelto sobre las nuevas formas de concretar la vocación parental que permiten los avances en las técnicas de fertilización asistida ha sido devuelto al primer plano esta semana al conocerse el fallo de un juez de Córdoba capital que autoriza a una mujer a inscribir como propio el bebé que gestará una amiga. Con sus particularidades, que se verifican tanto en los detalles de la historia como en los fundamentos de la resolución, el caso se suma a otros similares que en conjunto ponen de manifiesto la falta de una legislación adecuada para atender situaciones que en la sociedad se verifican con una frecuencia creciente.
En rigor, se trata de la tercera vez en poco más de un año que un magistrado toma una decisión equivalente, solamente en la provincia de Córdoba, aunque en los dos precedentes los demandantes eran parejas que aportaban los óvulos y los espermatozoides a partir de los cuales se formaban los embriones a ser implantados en el vientre “prestado”. En este caso habrá donantes anónimos, una característica que no obstante ya había sido aceptada en resoluciones tomadas en otras partes del país, algunas de las cuales atienden a pedidos de parejas conformadas por integrantes del mismo sexo.
La sucesión de casos de este tipo llega luego de que en el reciente debate sobre la reforma del Código Civil se dejara afuera el tema de la maternidad subrogada, acaso por la controversia en torno del llamado “alquiler de vientres”. Sin embargo, en lugar de especificar que la mujer que aportara su vientre no podía hacerlo a cambio de dinero, en definitiva se optó por dejar el tema sin legislar. Precisamente algunos de los fallos se basan en este vacío legal, con el argumento de que “lo que no está prohibido está permitido”, aunque la resolución de esta semana, además, declara inconstitucional el artículo del Código Civil que determina que la mujer que lleva adelante la gestación es la progenitora del niño en todos los casos.
Más allá de lo estrictamente jurídico, parece claro que sería injusto prohibirle a una persona la posibilidad de ser padre o madre por un impedimento biológico, cuando la ciencia la provee de mecanismos para materializar su vocación. Cuando se propagan por los medios las historias de celebridades que tienen bebés a través de vientres subrogados en el exterior, además, la injusticia se vuelve más patente, al transmitir la impresión de que una aspiración tan natural en todo ser humano depende para concretarse del dinero del que se disponga.
En este marco, aparte de la naturaleza de los fallos, que parecen ir masivamente en el mismo sentido aunque sus fundamentos no sean idénticos, importa señalar que no tendría que ser necesario acudir a la Justicia para dirimir una cuestión en la cual todo lo que se puede y lo que no se puede hacer debería haber sido establecido por ley. Tanto más cuando la omisión no proviene solamente de una demora en adaptarse a los avances científicos y su impacto en las conductas sociales, sino a la decisión política de eludir un tema controversial a pesar de que, como demuestra su inclusión en la agenda, existía conciencia acerca de la necesidad de encararlo.
La sucesión de casos de este tipo llega luego de que en el reciente debate sobre la reforma del Código Civil se dejara afuera el tema de la maternidad subrogada, acaso por la controversia en torno del llamado “alquiler de vientres”. Sin embargo, en lugar de especificar que la mujer que aportara su vientre no podía hacerlo a cambio de dinero, en definitiva se optó por dejar el tema sin legislar. Precisamente algunos de los fallos se basan en este vacío legal, con el argumento de que “lo que no está prohibido está permitido”, aunque la resolución de esta semana, además, declara inconstitucional el artículo del Código Civil que determina que la mujer que lleva adelante la gestación es la progenitora del niño en todos los casos.
Más allá de lo estrictamente jurídico, parece claro que sería injusto prohibirle a una persona la posibilidad de ser padre o madre por un impedimento biológico, cuando la ciencia la provee de mecanismos para materializar su vocación. Cuando se propagan por los medios las historias de celebridades que tienen bebés a través de vientres subrogados en el exterior, además, la injusticia se vuelve más patente, al transmitir la impresión de que una aspiración tan natural en todo ser humano depende para concretarse del dinero del que se disponga.
En este marco, aparte de la naturaleza de los fallos, que parecen ir masivamente en el mismo sentido aunque sus fundamentos no sean idénticos, importa señalar que no tendría que ser necesario acudir a la Justicia para dirimir una cuestión en la cual todo lo que se puede y lo que no se puede hacer debería haber sido establecido por ley. Tanto más cuando la omisión no proviene solamente de una demora en adaptarse a los avances científicos y su impacto en las conductas sociales, sino a la decisión política de eludir un tema controversial a pesar de que, como demuestra su inclusión en la agenda, existía conciencia acerca de la necesidad de encararlo.

