Pareciera que tuvo que llegar la pandemia para identificar y reconocer lo que antes no funcionaba.
Hablábamos de educación inclusiva interpelados por la diversidad como algo a lo que teníamos que llegar, y de un momento a otro llegó. Sabemos que la inclusión transforma sociedades pero para esto debemos contar con ajustes razonables o adaptaciones que hoy todos los docentes estamos haciendo para llegar a cada estudiante. Pero para eso debemos encontrar un equilibrio y generar vínculos dejando la desconfianza en nosotros mismos y estar convencidos de que no existe un solo maestro que no encuentre la manera más justa de estar presente en cada hogar, hoy transformado en escuela.
Tanto docentes como estudiantes queremos volver a reencontrarnos en nuestro espacio físico, nuestro lugar, y es tiempo de pensar qué escuela queremos, con qué nos queremos encontrar, cuál es la finalidad de la educación y replantearnos otra vez la idea de que la escuela es para todos y la educación inclusiva un derecho, un compromiso ético, que garantice la igualdad de oportunidades.
Niños y adolescentes con discapacidad fueron excluidos de las escuelas de nivel bajo las condicio- nes que cada escuela sugería, asistir solo dos veces a la semana, con horario reducido, con el docente de apoyo a la inclusión, y así podríamos enumerar varias más.
Estos estudiantes con discapacidad también necesitan este espacio con sus docentes y compañe- ros diariamente y hoy atravesados por esta pandemia y por la virtualidad encontramos la forma de que esto sea posible.
La escuela se puso en marcha para transformarse, con innovaciones, encontrando la forma de generar nuevos vínculos
Vemos que el trabajo puede ser colaborativo, solidario y participativo, de considerar la evaluación como proceso cuestionando la acreditación. De saber cómo cada estudiante se va transformado, empapado de saberes, percibiendo el acompañamiento de ese maestro ocupado en generar seres pensantes.
Lo que antes eran barreras hoy ya son desafíos para esta pedagogía innovadora.
Cada docente debe tener tiempo para planificar este nuevo proceso de aprendizaje, replantearse su nuevo rol en este escenario que se transformó de repente y empezar a vivenciar el valor de un diseño de aprendizaje para todos.
Hoy encontramos nuevos canales de comunicación con las familias, principales parejas pedagógicas que toman un lugar fundamental en esta transformación.
Escuchamos decir que estamos en crisis, pero la educación para las personas con discapacidad siempre estuvo en crisis, esta es la oportunidad de revertirlo.
Este es el momento para estar convencidos de que la escuela se transformó y para todos.
Poniendo el valor de la singularidad como pilar, cada uno con sus preferencias, cada uno con sus tiempos para adquirir el aprendizaje, cada uno con sus sentimientos encontrados, cada uno con su esencia.
Debemos tener en claro qué mantener cuando esta crisis acabe y nuestro espacio de encuentros y desencuentros sea la escuela como espacio físico.
Será tiempo de replantearnos el proceso en estudiantes con discapacidad y no los resultados que tanta preocupación generan al no tener números que validen aprendizajes.
Teníamos estudiantes rotulados, o diagnosticados por su discapacidad, hoy los reconocemos por su capacidad, cada uno con sus características valoradas y respetadas como parte de la construcción subjetiva del sujeto.
Esta pandemia no hizo más que habilitar otras formas de aprendizajes y nuevas tecnologías ante diferentes necesidades.
Hoy podemos hablar de una justicia curricular, como lo define Inés Dussel, y de una evaluación formativa.
Silvana Corso nos dice que el Diseño Universal de aprendizaje es una manera de pensar la escuela donde todos los estudiantes tengan las mismas oportunidades, que busca dar respuesta a cada estudiante con el mayor grado posible de interacción y participación.
Cada uno deberá encontrar la forma de llegar a cada corazón de una manera única, como es el vínculo que solo un maestro logra.
Nunca se agotan las estrategias para mantener vivo el hecho de educar, educar para todos y con todos.
La diversidad es un hecho y se pone de manifiesto en las aulas, hoy atravesadas por la tecnología, que permiten una comunicación a la distancia, pero que esa distancia sea interceptada por la accesibilidad, que nadie quede afuera, esta es la oportunidad para demostrarlo.
Este contacto virtual debe generar confianza, debe generar posibilidades, debe generar transforma- ción.
La educación atravesó diversos momentos hasta que la pandemia la transformó. De un día para el otro, la escuela ya no será la de antes, ni tampoco lo será la sociedad entera. El futuro de la educación depende de nuestras decisio- nes y nuestros pensamientos.
Pensando en una educación inclusiva, escuchando a cada estudiante, manteniendo el deseo por aprender, siempre.
Ahora a través de la virtualidad parece que todos buscamos al otro, vamos hacia el otro, en este caso a los estudiantes y si por algún motivo no se produce ese encuentro esperado la posibilidad de saber por qué. Identificar las barreras que aún impiden ese encuentro tras esa búsqueda significativa para estar presente, para estar activo, para ser parte.
Es tiempo de pensar en el contexto y generar las condiciones para que todos accedan.
Sin dudas que es nuestra responsabilidad como docentes y como institución educativa transformar la escuela, transformar lo que ya no funcionaba para todos, solo para algunos.
La virtualidad nos dio la oportunidad para saber qué aprenden y cómo aprenden los estudiantes sin necesidad de que nuestro seguimiento sea calificativo.
Momento de repensar en los estados de ánimo de nuestros estudiantes ahora a la distancia y cuando volvamos.
Es momento de pensar al regresar a nuestra escuela, momento tan deseado y esperado, en el que el aula se transforma en un espacio social, de encuentro, de convivencia, qué cosas vamos a mantener para siempre, para construir con el otro, en presencia del otro.
Sin condiciones, sin prejuicios, solo con oportunidades, solo un: “Bienvenido”.

