Opinión |

El justo medio en la protesta

Como dirigentes sociales siempre entendimos que la visibilización de un reclamo o un conflicto se lograba ganando las calles. Desde tiempos inmemoriales, la caja de resonancia del malestar social se exteriorizó precisamente “ganando las calles”. 

El correr de los años nos fue demostrando  que  la protesta se deslegitimaba cuando involucraba a otros sectores de la sociedad que no eran parte en la manifestación, pero corte de ruta mediante, los metía de cabeza a un conflicto que no les era propio y a veces hasta desconocían; se quebraba con esta gran mayoría un elemento indispensable en toda lucha: la Solidaridad con el Reclamo Ajeno. 

Se les coartaba la libertad de circular, de llegar a sus trabajos, a sus hogares, a destino. El reclamo en no pocos casos derivaba en una lucha de pobres contra pobres… se deconstruía la protesta mutando a otra figura de choque de intereses entre iguales.

Entendimos que el reclamo debía estar debidamente direccionado hacia quien se le reclamaba. Perdía todo sentido si el resto de nuestros vecinos lo tomaba como un ataque directo a ellos, y nunca fue esa la intención... pero la realidad  mostraba otra cosa.

La solidaridad, junto a la visión colectiva, son pilares fundamentales sobre los cuales se sostienen las estructuras sindicales y sociales en general. Hoy la Sociedad nos está demandando que el colectivo representado no sea sólo sectorial, ni la solidaridad limitada a nuestro espacio; los mensajes son claros, piden que se amplíen; deberemos extenderla puertas afuera de los intereses de los trabajadores del sector… puertas afuera de los sindicatos. Tranqueras afuera de los justos reclamos de los pequeños y medianos productores agropecuarios.

La búsqueda del consenso no debe limitarse sólo a ponernos de acuerdo con la contraparte; la búsqueda del consenso nace desde el mismo momento en que se comienza a articular la protesta,  y ese primer acuerdo se debe llevar a cabo con el resto de la sociedad antes de ganar la calle, de salir a las rutas.

En la búsqueda de ese acuerdo social mínimo está el crecimiento colectivo responsable; ya no hay posibilidades de seguir enfrentando a los trabajadores contra trabajadores… si el reclamo no es hacia ellos.

Las instituciones agropecuarias deberán encontrar el camino del justo reclamo, donde ciudad y campo estén en sintonía y no en posiciones antagónicas, cuando la petición al final de la cadena de producción beneficiará a todos desde el precio del producto en góndola.

Por su parte, el sindicalismo, como actor principal también, en este reparto de responsabilidades no admite libres interpretaciones. Está llamado a seguir los mismos pasos: una férrea posición cuando los derechos de los trabajadores son vulnerados, pero con la dignidad de una dirigencia comprometida con la sociedad toda, esa posición se transforma en un  planteo responsable. Esa posición en nuestro ámbito es parte de un “Sindicalismo Republicano”.



Gustavo Rossi 

Presidente del Partido Laborista

Secretario general de Uecara del Interior.


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