Benigno Antonio Rins, tres veces intendente de Río Cuarto y actual legislador provincial, analizó lo sucedido hace 20 años y dijo que “el ‘que se vayan todos’ escondía un embrión de golpe de Estado que ya no se quería más en la Argentina”. A la vez, recordó el trabajo en conjunto de todas las fuerzas políticas y dijo que hoy hay cuestiones que parecen haberse olvidado.
“La situación fue muy difícil. Todos estábamos muy preocupados. Los que estábamos en política teníamos contacto directo con lo que estaba sucediendo. Fueron días de mucha intensidad”, rememoró el exjefe comunal radical.
“Si bien en ese momento no tenía responsabilidades de tipo ejecutivo, sí estaba vinculado a lo legislativo. El mayor problema se originó porque la Argentina estaba sumida en una trampa llamada convertibilidad, en la que un dólar era lo mismo que un peso. Ese esquema se mantuvo durante mucho tiempo, pese a que era absolutamente irreal. De todos modos, fue una irrealidad que los argentinos compraron y que De la Rúa tomó para sí y con la que ganó la elección de 1999, diciendo que la iba a mantener, pese a que era una caldera a punto de explotar”, agregó Rins.
-¿Qué otros factores desencadenaron el estallido del 2001?
-A eso se le sumó una serie de problemas políticos y de gestión y la llegada de presiones desde distintos lugares. Cuando se veía que todo iba a explotar y que el dólar se iba a ir por las nubes, comenzaron las presiones de los que se endeudaron en dólares. Hay que recordar que la situación ya era compleja con los sectores más humildes. Sin embargo, desde la implementación del corralito bancario, un importante sector de la clase media se sintió profundamente tocado y aparecieron los cacerolazos y las movilizaciones. Encima, ante una situación tan compleja, De la Rúa, sin lugar a duda, no estaba totalmente lúcido para llevar adelante su gobierno en medio de la crisis. Se recuerda que en aquellos días tuvo la oportunidad de hablar media hora con el presidente de Estados Unidos y que, en vez de discutir una mejora en el perfil de la deuda con el FMI, De la Rúa le pidió que dejara entrar los limones argentinos. Para el 19 de diciembre, ya no tenía el apoyo de nadie y los propios partidarios fueron los que le piden que renuncie. Fue la tormenta perfecta.
-¿Usted estaba en Río Cuarto en aquellos días?
-Sí. La situación política no daba para mucho. Para el 20 de diciembre, las sesiones ya habían terminado. Lo viví acá. Empezaron a verse por televisión las movilizaciones y los asaltos a los supermercados. Acá se reunieron las fuerzas políticas y se trabajó mucho para que no se replicaran. El gobierno municipal también cumplió una tarea importante. En la ciudad, no podemos decir que el impacto de la crisis pasó desapercibido, pero sí podemos afirmar que no se dieron grandes disturbios.
-De acuerdo a las crónicas de entonces, la clase política local se juntó para tratar de evitar una crisis mayor…
-Sí, nos pusimos a disposición. Trabajamos todos juntos. Los concejales también. Era el tiempo del “que se vayan todos” y en ese tipo de planteos hay reclamos legítimos, pero también existen otros que son ilegítimos. Había que estar muy atentos porque ese “que se vayan todos” escondía tras de sí el embrión de un golpe de Estado que la Argentina ya no quería más. Por eso las fuerzas políticas se unieron.
-En Río Cuarto hubo escraches en las viviendas de algunos dirigentes, ¿cómo lo vivió?
-A mí no me tocó, pero me podría haber pasado. Era una situación totalmente desbordada que podía terminar en cualquier cosa. Por supuesto que en su momento nos solidarizamos con los que sufrieron esos ataques. Es una situación difícil de transpolar a este tiempo. En ese momento, no se veía para dónde iba a ir el país.
-¿Entiende que se aprendió algo de todo lo vivido?
-Creo que hubo una experiencia que sirvió mucho en un momento de la historia argentina reciente. Hubo un cambio de actitud de la política. No obstante, creo que, en líneas generales, se está olvidando esa experiencia. El que gobierna es el que tiene más responsabilidad, pero también la oposición tiene su cuota y no la está usando adecuadamente. Lamentablemente, en estos tiempos, aquella experiencia se ha ido diluyendo en la mente y en el alma de quienes conducen el país y de los que acompañan. Por supuesto que hay excepciones, porque las hay, grandes hombres y mujeres que son responsables y que tienen sensatez y transitan esta crisis con mucho criterio, pero hay otros que no. Diría que se ha perdido en algún pliegue de la historia la experiencia del 2001.
Nicolás Cheetham. Redacción Puntal

