Si la configuración termina siendo la que se viene insinuando en las últimas semanas, será un gobierno de manos desatadas: con legisladores propios y con gobernadores dispuestos a cerrar sociedades dinámicas, las reformas más ambiciosas del mileísmo, esas que los escépticos vaticinaron que nunca iba a poder ejecutar, no deberían sufrir demasiados contratiempos. Ya no serán DNU que pueden ser discutidos en la Justicia, ni desregulaciones administrativas de Federico “Coloso” Sturzenegger, sino leyes, reestructuraciones de fondo que cambiarán las reglas de juego tal como se conocen hasta ahora.
El oficialismo está avanzando desde la política, con anuncios diarios de incorporaciones a las filas libertarias, y lo hace casi con prescindencia de la dinámica económica. Ahí hubo un cambio notorio: hasta antes de las elecciones, las noticias sobre los efectos negativos del modelo Milei parecían causarle daño al gobierno; hoy, trascienden cierres de fábricas o suspensiones masivas casi todos los días, pero no parecen problematizar demasiado ni a la política, ni a un sector de la población.
La Libertad Avanza está muy cerca de prevalecer por primera vez en la Cámara de Diputados. El conteo ya marca que tendrá 94 miembros, apenas dos menos que un Unión por la Patria en proceso de demolición. Pero a esa cifra del oficialismo hay que sumarle los socios vocacionales o eventuales. Hay un grupo de gobernadores peronistas que están hilvanando un armado funcional a LLA.
Y mientras los libertarios erigen un nuevo oficialismo, como contracara, la oposición, golpeada por la impensada paliza del 26 de octubre, parece desangrarse. De la elección surgió un escenario político que consolidó una realidad precedente que se insinuaba: el único proyecto de poder que hoy tiene alcance nacional es el mileísmo y el Presidente no tiene un antagonista que pueda desafiarlo seriamente.
Cristina Fernández está encerrada y asediada por sus causas judiciales, y Axel Kicillof batalla con los exjóvenes de La Cámpora para conseguir votos que le permitan tomar deuda y pagar los sueldos a tiempo. Al bonaerense lo acechan la realidad y sus socios.
Pero hay una complicación más de fondo que las desventuras personales de las figuras opositoras. La cuestión que debe enfrentar no es encontrar la manera de derrotar a Milei sino entender la sociedad que posibilita a Milei. Desde hace años, ni el kirchnerismo, ni ninguna de las potenciales alternativas consiguen interpretar la lógica de pensamiento de un núcleo social que hoy es muy numeroso.
Milei y sus estrategas, por el contrario, sí comprendieron o, al menos, olfatearon el sentimiento social predominante y lo transformaron en una fuerza política en su favor.
El kirchnerismo parece hablarle a una sociedad que ya no está, que no existe. Su discurso se asienta en preconceptos o en conceptos de dudosa actualidad. La política argentina solía tener un manual con algunas máximas sobre cómo ejercer el poder y no morir en el intento. Una de esas máximas decía que, si quería sobrevivir, un Presidente no debería elegir como enemigos a dos sectores sensibles:los jubilados y la Universidad Pública.
En la política se rememora la eyección de Ricardo López Murphy del gabinete de Fernando De la Rúa por haber intentado aplicar un ajuste al sistema de educación superior.
Pero esa imagen se corresponde con una sociedad argentina de hace un cuarto de siglo. Ahora, Milei no sólo se metió con los dos en simultáneo, sino que, fundamentalmente, en uno de los dos casos, los dañó reputacionalmente. Hoy, en un sector importante de la población, la imagen que prevalece sobre los universitarios se asemeja ostensiblemente a la que desde un inicio se dedicaron a tratar de imponer los libertarios. Sólo hay que ver los comentarios en las redes cada vez que se publica una noticia sobre la Universidad pública.
Otro ejemplo: los cierres de fábricas que se están encadenando en los últimos meses no parecen provocar especial consternación ni preocupación por los puestos de trabajo que se pierden. Es más, en las redes sociales suelen proliferar los comentarios que festejan los cierres con el argumento de que eran fábricas ineficientes o que cobraban sus productos demasiado caros. Esos casos, esas situaciones marcan que a la oposición se le hará sumamente complejo construir una alternativa electoral o un discurso si antes no comprende ante qué sociedad se encuentra. ¿Eso implica que debe acomodarse a las ideas o sentimientos de moda? No. Pero al menos debe saber a quién le habla y qué cuestiones que antes se consideraban valores, ahora son disvalores.
En política no hay ciclos eternos o concepciones inmodificables, pero existen procesos que se arraigan durante un tiempo. ¿Qué extensión tendrá ese tiempo? Imposible de pronosticar. Dependerá de la dinámica del gobierno, de sus resultados y de la capacidad de la oposición para convertirse en una alternativa.
La sociedad dio, además, otros mensajes el 26 de octubre. Una de las conclusiones que parecieron surgir con claridad de las elecciones legislativas es que el país sigue siendo un territorio políticamente binario, confrontativo. Uno de esos polos fue elocuentemente derrotado y, por lo tanto, quedó un solo protagonista. En paralelo, el experimento de Provincias Unidas y su pretensión de ir por el medio no recibieron validación electoral.
Ahora, los gobernadores que integran Provincias Unidas -una fuerza que irónicamente sus detractores llaman Provincias Hundidas- van a hacer una puesta en escena para reafirmar su existencia y su concepción de que, en algún momento, habrá espacio para una tercera opción.
La semana próxima, posiblemente el miércoles, los gobernadores de Provincias Unidas presentarán un bloque de entre 18 y 20 diputados para postular que serán la tercera fuerza legislativa. “Se va a respetar lo que la gente votó, pero, también, tenemos en claro que no se solucionó ni uno solo de los problemas: ni el cambiario, ni el poder adquisitivo de la gente, ni la actividad industrial o productiva. Todo eso sigue. Nosotros estamos convencidos de que hay que construir una alternativa para 2027. Si nos equivocamos, la gente no nos votará”, señalaron en Provincias Unidas.
Quien presidirá el bloque será, casi sin dudas, Gisela Scaglia, la vice del gobernador santafesino, Maximiliano Pullaro. Es una señal que pretenden dar los gobernadores de que buscarán que emerjan nuevas caras en la política.
Martín Llaryora, el mandatario cordobés, seguirá con ese armado; en parte para tener peso legislativo en la negociación ante el gobierno de Milei; en parte para tratar, con otros bríos, de apostar por una alternativa de poder nacional.
Mientras tanto, en su territorio, en Córdoba, la Libertad Avanza se arma. Con dos años de anticipación, Gabriel Bornoroni concretó un encuentro en el que mostró a los propios y a sus socios -excepto Rodrigo De Loredo-, y avisó que desde ese momento arrancaba su proyecto para el 2027.