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"La carne no está cara, lo que pasa es que hay un fuerte empobrecimiento"

El presidente de la Cámara de Feedlots indicó que hubo una leve mejora en el sector, que viene del peor momento de la última década por suba de costos y precios de venta

Los feedlots tuvieron un 2020 para el olvido. Los costos treparon desde mediados de año a pasos agigantados, especialmente los vinculados al alimento de los animales, constituído básicamente por commodities, como maíz y soja. A la par, los valores de los animales de invernada comenzaron a subir por el ascensor y los gordos no acompañaron al menos hasta fines de noviembre. Ese fuerte desajuste fue un gran desafío para el sector, que terminó ocupando apenas el 50% de la capacidad instalada para engorde a corral.

“Tuvimos un segundo semestre de 2020 para los engordadores intensivos y feedlots profesionales muy malo. Habíamos quedado estacionados en valores del gordocon actualizaciones del valor de la invernada a lo que se sumó la suba en dólares de los granos y los subproductos. Por eso tuvimos hasta fines de noviembre una situación terrible. No recordamos algo similar”, explicó a Tranquera Abierta Juan Eiras, presidente de la Cámara Argentina de Feedlots.

“Esto empieza a recomponerse a fines de noviembre, algo lógico porque el sector fue perdiendo ocupación y actividad y con eso aparece la escasez. El ternero que no entra hoy a corral, es escasez en cuatro meses. Y así se dio. La recomposición vino y los precios del gordo hoy podemos decir que son buenos, y hasta algo más de lo esperado. Pero el problema es que no se detuvo el resto de los precios y costos”, agregó el dirigente.

¿Y cómo arrancó 2021?

Venimos de baja actividad en el verano, con un enero, febrero y marzo muy bajos con un 50% de ocupación en nuestra capacidad instalada. Lo más bajo para marzo en 8 años. Y el maíz armó su operación a término en el mundo y en Argentina y marcó las posiciones para los primeros 7 u 8 meses del año, todas en 200 dólares o arriba. La invernada arranca la zafra en febrero-marzo y aún con poco actividad nuestra no se ameseta ni se aplana en los valores, y sigue habiendo un interés marcado.

¿Y cómo está la ecuación hoy?

Hasta 200 pesos hoy tiene sentido la compra de animales para el feedlot, cuando supera eso deja de cerrar. Y vemos mucho remate físico y televisado en los que vemos claramente valores en 205, 210, 220 y hasta 230 también. Por eso hoy la ecuación es infinitamente mejor a lo que era en 2020 pero no alcanza en márgenes de rentabilidad para que haya una recuperación.

¿La zafra no mejoró esa situación?

Esto se ve ahora en abril cuando volvimos a relevar los establecimientos y nos encontramos con el 55% de ocupación, 5 puntos más que en el peor momento del año pasado. Es muy poca hacienda para lo que esta altura del año normalmente. En abril hay un ingreso porque se da naturalmente el pico de salida del ternero de los campos de cría, sobre todo en la cuenca del Salado. Pero la decisión del productor refleja poco interés. Venimos de perder stock, capital de trabajo, vemos un horizonte en el mercado interno muy complejo por el índice de pobreza con casi 50% de población que le cuesta consumir carne vacuna y que encontró por suerte en el pollo un sustituto válido.

Y la exportación con señales amarillas...

Y la exportación, que venía siendo la que empujaba aún con las advertencias de que éramos vaca dependientes, ahora con los grises y sombras que presentan las nuevas resoluciones conocidas de Agricultura y de la Secetaría de Comercio Interior. Ahí se abre otro canal de incertidumbre.

¿Y en el mercado interno no hay mucho para esperar por el contexto económico y social?

Las paritarias y algún refuerzo en planes sociales pueden alcanzar para sostener lo que tenemos hoy, pero claramente no vemos una suba de consumo per capita que mueva la aguja. Si logramos sostener este nivel de consumo, que es muy bajo, no estaría mal dado el contexto. Uno habla todos los días con los matarifes y abastecedores y todos achicaron 20 o 25 por ciento su faena; eso no se siente porque nosotros también achicamos la producción. Pero el volumen total de faena para consumo se encuentra disminuído. El mercado se satura rápidamente. Por eso deseamos que se sostenga, pero macroeconómicamente uno mira algunas variables y no se ve que en el resto del año pueda haber un aliento importante al consumo. La pandemia realmente se suma como una frutilla más porque obviamente nos complicó a nosotros, pero complicó mucho a todo el mundo, que hoy está realmente muy difícil. Y la verdad es que los pronósticos no aseguran que esto pase para el año que viene, que el virus vaya a ser superado, por lo cual hay que ser muy cautos.

Igual hay una demanda internacional muy firme...

Sí, es cierto. La demanda internacional es buena, pero cuando está abierta. Cuando cierran, como ocurrió últimamente con Europa es otro panorama. Nuestra carne premium va a canales de entretenimiento y diversión en Europa y eso es lo primero que se resiente. Argentina atiende hoteles y restaurantes con la carne.

¿Qué interpretación hacen de las recientes medidas sobre exportaciones que generaron las críticas de la cadena?

Acá hay que ser claro. Cuando uno lee las resoluciones técnicamente están todas fundamentadas en el efecto Covid y en la intención de transparentar y superar problemas de subfacturación y evasión. Pero no podemos dejar de lado la lectura política por el momento en que se produce. Porque convengamos que en la Argentina se evade desde los saladeros, previo a la Independencia. Hay un gen de evasión. Pero uno no termina de creer que la decisión sea exclusivamente técnica. Y cuando vamos a la lectura política encontramos esta idea de controlar el precio a través de más regulación y se nos despiertan todos los fantasmas por la mala experiencia.

Juan Carlos Eiras. Presidente de la Cámara Argentina de Feedlots.

¿Por que?

Porque para poner en marcha la maquinaria y producir un novillo pesado, la decisión nace 4 años antes. Hay que retener la ternera, 9 meses de preñez, ocho meses de crianza del ternero, recría pastoril y terminación a corral para llegar al bife que va afuera. Todos conocemos ese circuito, incluso el Gobierno y los funcionarios. Por eso tenemos que entender que las señales negativas hacen que se restrinja la decisión en el marco de una economía que no ofrece acceso al crédito y por lo tanto no hay recomposición de capital de trabajo. En medio de eso, la incertidumbre generada desde la política va a terminar con menor producción. Y si vamos a producir menos, termina explotando por la crisis de oferta mayor a la de hoy. Y lo digo después de haber ido a la Secretaría de Comercio en aquellos años y cuando se tomó la decisión de cerrar exportaciones el valor era de $3 por kilo en 2007 y en 2012 el precio había subido a $12 y no había inflaciones del 50%. Está claro eso. Y también entiendo y comparto la preocupación de la señora Español y del resto del gabinete económico y social por los precios. Pero tengamos en cuenta la inflación de marzo en 4,8%, más los combustibles, las paritarias y todo lo demás. No podemos pretender que la carne no avance en consecuencia. No se puede perder indefinidamente como en 2020. El productor que el año pasado hacía 200 terneros ahora hará 140. Todos perdimos 25 o 30 por ciento de capital de trabajo.

Pero la carne subió más del 70%, muy por encima de la inflación...

Lo que pasó fue que el maíz aumentó un 70% en dólares y a eso hay que aplicarle una devaluación oficial. Porque cuando arrancamos allá en enero de 2020 el dólar oficial costaba $68 y ahora $98, aún planchado y lejos del resto de las cotizaciones. Lo concreto es que una tonelada de maíz cuesta 20 mil pesos y en buena hora, porque al país le genera un ingreso enorme de divisas, igual que la soja. No es lo mismo liquidar una cosecha a 130 dólares que a 205, y todo eso hay que valorarlo. Hay que poner en juego todas las variables.

¿Y eso catapultó los precios de la carne?

La verdad es que la actualización venía con dos ciclos muy demorados, el primero en el gobierno pasado. Porque la carne no ajusta todos los meses, sino que acumula y después da un salto. Eso sumado a la inflación de los últimos años, más la pandemia, provocó un salto que es cierto que fue mayor a la inflación en términos interanuales, pero los costos fueron muy superiores. Nosotros producíamos a 85 pesos un kilo que se vendía a 100. Hoy producimos a 160 o 170 pesos un kilo que se vende a 175 o 180; no se vende a 210 que sería guardando la proporción. Y además, el dinero vale en forma pasiva el 3% mensual, que eso también hay que ponerlo en la cuenta. Volviendo, el precio del gordo hoy es bueno, cuando uno hace la tirada histórica encuentra un buen valor; y mucho mejor el ternero que pasó el año pasado y este por las mejores zafras en muchísimos años.

¿Está cara la carne?

Entre 600 y 700 pesos el kilo de carne no es cara. Que le cueste comprarla a la gente sí es cierto y corresponde a lo que todos vemos que es el empobrecimiento del bolsillo. Pero el producto no es caro. Si me invitan a comer un asado prefiero llevar la carne y no el helado y el vino.

¿Cómo imagina el 2021?

El productor, en todos los niveles, tendrá que ser muy eficiente este año, cuidar mucho el gasto y clasificar bien el necesario para la productividad y el que no. Sin dudas que el año pasado ya se detuvieron los planes de inversión y es lógico. Y hasta los planes de reemplazo de maquinaria aún con amortizaciones concluidas. Veo un año de volúmenes cautos, razonables, de mucho cuidado para tener los mejores costos y ser muy cuidadosos en los calces. En nuestro caso tenemos más una pata en la ganadería o más en la agricultura y hay que jugar bien esos balances. No entusiasmarse demasiado en 2021, pese a que los vaqueros siempre queremos már por naturaleza. Pero este año no es un año para más. Hay que esperar la demanda, que se defina, que la política también se defina en su canal electoral. Hay que producir porque hay que alimentar a la gente, pero ojo con pensar que es un año de despegue. Hay que trabajar muy duro en ser eficientes y más eficientes.