Opinión | Juan Manuel Llamosas | Covid | Alberto Fernández

Estrategias definidas y una duda de fondo

Las principales fuerzas políticas ya fijaron cómo encararán la campaña. Tienen dos visiones contrapuestas de lo que podría ser más efectivo. Pero aún existe el interrogante sobre la fecha

La política riocuartense no puede salir de un permanente estado de interrogación. Aun con la campaña lanzada, lo que sobrevuela es la pregunta sobre si, finalmente, el 29 de noviembre, dentro de 6 semanas, podrá votarse para intendente o si, una vez más, el Covid obligará a una postergación.

Esa condición de latencia, de posibilidad pero no de certeza, hace que al proceso electoral local se le haga todavía más complejo instalarse entre los temas de la agenda pública. ¿Por qué prestarle demasiada atención a algo cuya ocurrencia es incierta en un contexto en el que la realidad ofrece complicaciones y preocupaciones tan urgentes que, ya de por sí, casi no permiten pensar en nada más?

Por eso, más allá de la planificación de campaña y de las encuestas que circulan de un lado y de otro, la necesidad central que hoy tienen el oficialismo y el principal partido de oposición, Juntos por Río Cuarto, es establecer la certidumbre de que la elección se hará. En el gobierno de Juan Manuel Llamosas aseguran que no quieren saber nada de una nueva suspensión porque se desencadenarían inconvenientes políticos y prácticos. Por un lado, porque la dinámica del país hace imposible predecir qué podría ocurrir el año próximo con la economía o la realidad social y si esos dos frentes se complican aún más, entonces los oficialismos, y más específicamente los peronistas, podrían sufrir un desgaste más intenso que el que ya han sufrido.

La ordenanza que extendió los mandatos y que definió las fechas tentativas de la elección determina que si el 29 de noviembre no se puede votar, entonces el Concejo Deliberante deberá establecer un nuevo día. Es decir, el procedimiento de actuación está formalizado. En ese punto no habría problemas. Al oficialismo no le inquieta ese aspecto sino la instancia de negociación que desataría.

Definir una nueva fecha implicaría sentarse otra vez con la oposición para llegar a un acuerdo y el justicialismo imagina que las condiciones de Juntos por Río Cuarto ya no serían las mismas y que podrían apuntar a alterar el panorama para el oficialismo. “¿Vos te pensás que el radicalismo va a permitir que Llamosas siga siendo intendente y que haga campaña desde ese puesto? Si no hay más prórroga, el peronismo podría tener más de un problema”, detalló un dirigente oficialista.

Es decir, el llamosismo y sus aliados desconfían del radicalismo y los suyos. Pero, del otro lado, cerca de Gabriel Abrile, también recelan del peronismo. Ellos sostienen que quienes podrían intentar prorrogar nuevamente la elección son el intendente y su equipo. “Si no llegan bien al 29 van a hacer todo lo posible para jugar otra vez con la fecha”, vaticinó un dirigente radical. Por eso, la decisión del comando de Abrile fue largar la campaña como si la duda no existiera, como si el 29 de noviembre fuera un día de elección inamovible.

En el radicalismo creen que llevar la votación más allá de ese plazo podría darle a Llamosas tiempo para tratar de neutralizar enojos y malestares de algunos sectores de la población y, además, podría tensionar los acuerdos internos que se han logrado en la definición de las listas. Si algo no quieren los candidatos de hoy es habilitar una rediscusión desde cero.

Hay otro interrogante que se instaló en los últimos días y que podría tener impacto en la correlación de fuerzas entre las listas. ¿Terminarán compitiendo electoralmente las ocho nóminas que originalmente se anotaron? Ya hay dos candidatos, Eduardo Scoppa, de Riocuartenses por la Ciudad, y Lucía de Carlos, de Respeto, que coquetearon públicamente con la idea de bajarse porque, según explicaron, no quieren ser cómplices de un acontecimiento potencialmente peligroso desde el punto de vista sanitario.

Cualquier movimiento de ese tipo podría contribuir a acentuar la preeminencia de dos polos: el PJ y Juntos por Río Cuarto.

En el oficialismo, en contra de lo que postula la UCR, sostienen que el intendente está consolidado y señalan que intentarán potenciarlo con una campaña intensa y corta, de apenas tres semanas. El peronismo apostará a anunciar 25 obras en toda la ciudad y a lanzar una batería de programas y proyectos. El objetivo pasa por generar expectativa, por llevar al votante a colocar la mirada más allá de la pandemia y a esperanzarlo con lo que puede venir.

En ese aspecto, se evidencia una contraposición de visiones en la configuración de las campañas. ¿Hay que centrarse en la pandemia y en el manejo que se hizo de ella o es necesario trascender el escenario actual de desánimo y crisis omnipresente? En el radicalismo consideran que Llamosas está echando mano a una campaña de corte clásico, con anuncios de obras y proyectos, cuando la hora impone variar de concepción y centrarse en la coyuntura. El equipo de Abrile también pone el foco en las últimas tres semanas de campaña y en ese tiempo piensa tratar de instalar la idea de que la elección es la oportunidad para castigar cómo se manejó la crisis sanitaria y producir un cambio.

En ese contrapunto pivoteará la campaña: entre quienes pretenden que la votación sea una instancia de castigo y los que buscan desplazar el eje y sacarlo del corset de la crisis. Como la actualidad está dominada por la imposibilidad de determinar si las categorías de análisis y de actuación preexistentes son pertinentes para el presente, cualquier estrategia electoral basada en experiencias anteriores puede quedar desacreditada por la realidad.

Llamosas no sólo hará una apuesta por la generación de expectativas y por resaltar lo que su gabinete hizo durante la pandemia sino que también se asentará en los alineamientos. Es conocido su argumento de que con Juan Schiaretti forman un mismo equipo pero la semana pasada, la misma en que se hizo el banderazo opositor, el intendente remarcó el entendimiento con el gobierno de Alberto Fernández y, a la vez, cuestionó a Mauricio Macri por prometer obras para la ciudad que nunca cumplió.

Puede aparecer como una estrategia riesgosa para una ciudad como Río Cuarto. Sin embargo, en el Palacio de Mójica entienden que es argumentalmente más potente mostrar los beneficios que generaría estar en consonancia con la Nación y la Provincia en plena crisis que los potenciales efectos adversos que podría causar el rechazo al kirchnerismo en la elección municipal.