Esa escena condensó un importante debate entre los especialistas sobre salud digital en el 52° Congreso Argentino de Cardiología, donde se abordaron las aplicaciones clínicas de la inteligencia artificial (IA), su implementación y el uso de dispositivos personales fuera del consultorio.
Durante el encuentro científico, organizado por la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC), los especialistas coincidieron en que la salud digital abarca herramientas diferentes: consultas a distancia, registros electrónicos, dispositivos de seguimiento y sistemas que ayudan a analizar información clínica.
La inteligencia artificial forma parte de ese conjunto, “pero un chatbot que responde preguntas y un algoritmo evaluado para una tarea médica específica no ofrecen las mismas garantías ni deben interpretarse de la misma manera”, afirmaron.
Los expertos indicaron que la inteligencia artificial puede ayudar a reconocer patrones en electrocardiogramas e imágenes y a estimar riesgos. Su utilidad dependerá de la tarea para la que fue desarrollada y de la población en la que se evaluó.
Detectar una señal o calcular una probabilidad no equivale, por sí solo, a confirmar un diagnóstico ni a indicar un tratamiento.
Para dimensionar las consultas de salud a herramientas de IA, se citaron los resultados de un estudio publicado en Nature Health que analizó 617.827 conversaciones con Microsoft Copilot durante enero de 2026.
Casi una de cada cinco se refería a síntomas o condiciones personales. En opinión del doctor Sebastián Benítez, médico cardiólogo y coordinador de Consejos Científicos de la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC), “el desafío es responder a una pregunta central: cómo convertir más datos en información útil para atender a una persona. Más datos no siempre significan mejores decisiones. Antes de incorporar una herramienta, necesitamos conocer su utilidad y sus límites”.
“Una alerta del reloj puede ser un motivo para consultar, pero hay que revisar qué registró el dispositivo y relacionarlo con los síntomas y los antecedentes. También debemos evitar que la ausencia de una alerta se interprete como garantía de que todo está bien. La tecnología aporta información, pero el equipo de salud debe darle un significado clínico”, agregó el doctor Pablo Elissamburu, médico cardiólogo, especialista en imágenes cardiovasculares, secretario científico del Consejo de Salud Digital de la SAC.
Por otra parte, el monitoreo a distancia puede permitir que el equipo reciba mediciones entre consultas, como presión arterial, frecuencia cardíaca o peso, según el aspecto que se esté siguiendo. Pero para que resulte realmente útil, debe establecerse quién revisa esos datos, con qué frecuencia y qué cambios requieren una intervención. “Enviar información a una plataforma no significa que exista vigilancia permanente ni atención inmediata”, insistieron.
La seguridad
La seguridad también mereció la atención de los especialistas. Un trabajo publicado en Nature Medicine en febrero de 2026 evaluó ChatGPT Health con casos simulados.
En 33 de las 64 respuestas correspondientes a emergencias con una indicación inequívoca de atención inmediata, el sistema recomendó una evaluación médica dentro de las siguientes 24 a 48 horas, en lugar de acudir sin demora a una guardia.
El resultado muestra la necesidad de verificar las respuestas cuando pueden influir en la decisión de consultar o en la urgencia de hacerlo.
Otro relevamiento citado, publicado el 30 de abril de 2026 por Anthropic, la empresa desarrolladora de Claude, informó que salud y bienestar representaron el 27% de unas 38.000 conversaciones de orientación personal.
“Estos relevamientos muestran qué consultan las personas a los asistentes de IA, pero no permiten saber si las respuestas mejoraron sus decisiones o su salud. Este cambio en la forma de buscar información es uno de los puntos de partida para discutir cómo integrar estas herramientas en la atención cardiovascular”, sostuvo Elissamburu.
“La implementación también exige cuidar los datos y el acceso. Una persona debe saber qué información comparte, para qué se utilizará y quién puede verla. Y debemos contemplar a quienes no tienen conectividad, dispositivos o facilidad para usarlos: la atención no puede depender de que todos manejen una aplicación”, completó Benítez.
Finalmente, los especialistas coincidieron en que estas herramientas pueden ampliar el seguimiento y facilitar el acceso a la atención, especialmente para quienes viven lejos de los centros de salud o tienen dificultades para consultar a especialistas. Su incorporación requiere capacitar a los equipos y acordar criterios de uso.
“La evaluación no termina cuando una herramienta empieza a utilizarse. Debemos comprobar cómo funciona en poblaciones diferentes de aquellas con las que se desarrolló y supervisar su desempeño en la práctica cotidiana”, concluyó Elissamburu.