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Julia Barata: "Me interesaba describir la sutileza de los vínculos humanos"

La escritora portuguesa radicada en Argentina, cuenta de su novela gráfica "Familia"

Familia, la nueva novela gráfica de la escritora Julia Barata, indaga las ambivalencias emocionales de una familia en el día a día, la figura del inmigrante y los procesos de crecimiento, a la vez que busca “ahondar en las disfuncionalidades" de lo "aparentemente funcional y feliz”, según cuenta la autora, para quien "no hay un amor perfecto, ni una construcción que no esté hecha a base de dudas y contratos que también van cambiando".

Julia Barata nació en Coimbra, Portugal, en 1981 pero hoy reside en Buenos Aires, donde se desempeña como arquitecta y dibujante. Su relación con el cómic o la novela gráfica se remonta a su infancia porque en su casa “había mucho de Quino y Tin Tin”, recuerda con una sonrisa. “Más tarde empecé a buscar otros libros, mirándolos desde otro prisma, viendo cómo se construye el guion, qué recursos elige el autor, qué no elige”, cuenta en diálogo con Télam en una entrevista virtual. Como autora, publicó los libros “Gravidez”, “Quotidiano de luxo” y “2 historias de amor”. Además, participó de las antologías “Zona de desconforto”, “El volcán” e “Historieta LGBTI”, entre otras.

El vínculo con la novela gráfica comenzó con su primera obra “Gravidez”. Sin embargo, para la escritora, no fue muy pensado, se fue dando naturalmente. Y lo explica así: “`Gravidez´'' surge como una historia que necesitaba un desarrollo más extenso, “una historia donde se pudieran conocer mejor a los personajes y a sus contradicciones”, recuerda. Su última novela, “Familia”, recién publicada por la editorial Sigilo, indaga las ambivalencias emocionales de una familia en el día a día mientras se intercalan períodos de armonía con épocas de hartazgo. “Me interesaba ahondar en las disfuncionalidades de un marco aparentemente funcional y feliz -señala Barata-. No hay una construcción que no esté hecha a base de dudas, de reconstrucciones y reafirmaciones de contratos que van cambiando”, acota la autora.

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-En los últimos años el cómic o la novela gráfica, que eran géneros copados por hombres, empezaron a ser un territorio de agite de la agenda feminista a partir del impulso de muchas ilustradoras que recogieron un poco lo que había sembrado en solitario Maitena. ¿Cómo considerás que converge tu novela con este proceso?

-La novela no está inscripta en ningún movimiento en específico, es una voz que viene de la evolución de los tiempos. No hay un objetivo de inserción en un marco específicamente político, mas allá de que lo privado es político y que termino hablando de cosas que están en la agenda feminista, sin ser consciente.

-En la historia, lográs sugerir una secuencialidad sin necesidad de contener la acción cronológicamente dentro de viñetas. ¿Creés que esa forma narrativa está relacionada con lo que le sucede a la protagonista emocionalmente a partir del caos cotidiano que narra la novela?

-Me sirve para narrar muchas cosas diferentes. No sé si tiene que ver con la secuencialidad sin viñetas, sino con cómo se arma eso. Esa manera de narrar puede servir en “Familia” para acentuar situaciones de caos, de angustia o de extremo cansancio, porque tiene que ver con cómo resuelvo dentro de la técnica y las miles de expresiones que lo describen. Pero también sería posible describir una situación tranquila con esa misma técnica. Ahora estoy haciendo otra novela sin viñetas y la manera técnica y los materiales cambian un poco el espíritu que se puede transmitir. Es decir, no es tanto la técnica sino cómo se aborda en función del argumento, o al menos yo lo pienso así.

-La relación amorosa entre los protagonistas funciona plácidamente pero en muchas ocasiones, la pareja monogámica tradicional aparece puesta en jaque. ¿Qué concepciones del amor consideras que trabajás en el libro?

-El concepto de familia no está estrictamente vinculado a un concepto de felicidad o una certeza y los que transitamos en una pareja, o el proceso de constituir una familia, transitamos también muchas dudas, muchos cuestionamientos. Hay mucho de entender cuáles eran los deseos que teníamos para eso y después qué había en la realidad. Me interesaba ahondar en las disfuncionalidades de un marco aparentemente funcional y feliz. No hay un amor perfecto, no hay ni una construcción que no esté hecha a base de dudas y de reconstrucciones y reafirmaciones de contratos que también van cambiando. Una va intentando como puede y se podría aplicar a la pareja, a la maternidad.

-La familia es central para que uno construya la base de su identidad pero después, para crecer, hay que poder distanciarse. ¿De qué forma considerás que esto se pone en juego en tu novela?

-Si, la novela también trata de eso. En la contratapa del texto habla sobre las decisiones que tomaste en un momento cuando lo mejor en otro capaz ya no son las indicadas. El ser humano es un ser en constante mutación. Un año dice “soy así” y al siguiente año dice “No, ya no soy así” y eso hasta es deseable, sino quedamos estáticos en un lugar de no crecimiento, de no gestión. Entonces es un poco un abordaje del amor, de la construcción del amor y ver esas transformaciones que no podemos controlar, que están más allá de las decisiones de los integrantes del compromiso.

También aparece algo de que cuando somos niños creemos que a los 40 tendremos todo resuelto y después no es así, uno sigue luchando y remando. Me interesaba trabajar eso. La vida te va dando capas de soledad en las decisiones que tratamos de solventar con nuestras redes de contención pero que hay cosas que enfrentamos de manera más independiente, sin el apoyo de los padres, porque siempre será un camino individual.

-”Me encanta nuestra vida pero siento que no construí nada en Argentina”, dice uno de tus personajes mientras consume droga. ¿Cómo dialoga esta insatisfacción con los discursos actuales sobre la migración y la idea de irse del país?

-Esos discursos me parecen totalmente abyectos, no tienen ningún sentido. Las vidas de uno, o al menos mis valores, no me llevan a buscar dónde voy a hacer más plata. La vida lleva hacia lugares que no siempre son decisiones totalmente individuales, que vienen con muchas cosas. Cuando me preguntan en Argentina qué estoy haciendo acá, respondo: “¡Que sé yo qué estoy haciendo! ¡Estoy viviendo!”. Estoy en el país por una elección. Es un país que me gusta, que me da un montón de cosas que me gustan, donde encontré una red de afectos que me parece bastante contenedora y de la cual disfruto muchísimo y hasta ahí llego. Lo que haré mañana no tengo idea. Si no me apetece estar acá, no estaré. Pero creo que es algo que sucede en todos los países. Lo interesante es que si estoy en Portugal también me dicen lo mismo. “El pasto más verde que el tuyo” es una sensación universal pero cada país tiene su idiosincrasia, sus cosas buenas y sus cosas malas.

La protagonista de esta novela no está emparentada con estos discursos, la novela está emparentada con la inmigración, la fragilidad que tiene ella tiene que ver con un movimiento migratorio. Y él también. Es un retornado. Una condición del inmigrante es que va a tener la duda siempre de dónde estar, es raro ver a un inmigrante tan decidido en quedarse.

-"Familia" explora además el tema de la salud mental y la crianza, ¿cómo se conjugan en la novela estas dos temáticas?

-Tenía muchas ganas de hablar sobre salud mental, era uno de los objetivos de ese guion original. Quería enfocar también sobre esta cuestión como una que sobresale a todos los estadios. La maternidad muchas veces está puesta en un lugar idílico pero la salud mental también está, atravesando el trabajo, la responsabilidad, la carrera, la vida. Está bueno hablar y encarar las cosas cuando se salen del control e incluirlas en las tensiones sobre la adultez en todas sus formas y como la maternidad no es perfecta. Me parecía un buen canal para hablar de las contradicciones que puede tener una persona enfrentando lo que le toque enfrentar.

-La historia narra en un momento un viaje a Portugal, ¿cómo fue la decisión de incluir elementos autobiográficos en la novela?

-Cualquier tipo de construcción narrativa viene con dudas y contradicciones. Sin embargo, yo no lo veo como un libro estrictamente autobiográfico. Tengo mucha inspiración de algunas cosas que son parte de mi vida y busco una situación semejante pero a partir del recorte, lo que uno decide decir, ya se vuelve ficción porque el 80% no está. Y lo que aparece, está distorsionado. Uso lo que quiero, tomo cosas de otras personas y las mezclo. A partir del recorte hay una referencia a la realidad, pero cualquier libro de ficción también. Si la historia es de un zombie que se pone triste, esa tristeza la vas a buscar a la realidad y la transformás en la historia. La manera de transformarla entra siempre en el campo de la ficción.

-¿Entonces siempre hay una vuelta a las experiencias personales para describir sentimientos universales?

-Sí, como lo hace un actor o una actriz. Hice teatro mucho tiempo y siempre me decían: “bueno, primero sentilo vos y después ponelo en el personaje”. Entonces lo que uno hace con el personaje, ya es en sí una construcción, con base en lo que uno pueda entender del sentimiento que quiere describir. A mí también me interesa trabajar la contradicción humana. Entonces no es solo hablar de un sentimiento, sino también del sentimiento contrario para intentar expresar la complejidad de lo que es la condición humana. Me interesaba en “Familia” describir la sutileza de los vínculos humanos, que en las relaciones o las rupturas muchas veces no hay una razón súper clara. A veces las cosas son como son. Las personas se encuentran y se desencuentran, no me interesaba una narrativa de victimismo o de categorización.

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