Si hubo un nombre propio en el Celeste, ese fue el de Lautaro Herrera. El arquero respondió con tapadas de enorme jerarquía: a los 40 del primer tiempo, a los 6 del complemento y a los 37, cuando le negó el tercero a Campi. Del otro lado, Marcelo Miño tuvo que aparecer para frenar una chilena de Gabriel Alanís y un remate de Juan Garro sobre el final. Hubo intención de ir a buscarlo hasta el último suspiro.
El complemento trajo golpes que desafiaron la resiliencia del plantel. A los 21 llegó el empate de Enzo Taborda. Un minuto después, el capitán Gonzalo Maffini fue expulsado y el León debió jugar con diez. A los 29, Rafael Barrios puso el 2 a 1 definitivo. A eso se sumaron las lesiones de Matías Valenti y Mauro Valiente en el primer tiempo, que obligaron a Forestello a mover el banco antes de lo previsto. Con todo en contra, el equipo no se desordenó y siguió buscando.
Lo de Buenos Aires llegó a una semana de un triunfo que fue una bocanada de aire. Frente a Aldosivi, en el Candini, el Celeste ganó 2 a 1 con goles de Hesar y Alanís y cortó una racha de once partidos sin victorias. Ese partido dejó una enseñanza: este plantel tiene respuestas cuando se lo necesita. Con el horizonte de la permanencia cada vez más lejano, el León eligió no resignar su identidad. En cada fecha sigue peleando por el honor, por la camiseta y por una ciudad que lo sigue a donde vaya.
Gimnasia, un rival con objetivos grandes
Enfrente estará un Gimnasia con realidades muy distintas. El conjunto de Ariel “Pata” Pereyra llega con el impulso de un triunfo por 2 a 0 y con la mira puesta en la clasificación a los playoffs y en la Tabla Anual. El Lobo necesita puntos, y eso lo hará un adversario intenso y exigente. Pero el Imperio tiene una historia para contar, y a Estudiantes esa exigencia lo encuentra con las ganas de siempre. Medirse ante un rival de este nivel, con todo por ganar, es parte del premio de estar en la máxima categoría.
El partido tendrá a Juan Pablo Loustau como árbitro, que dirigirá por primera vez a Gimnasia. Pertenece a una familia de larga tradición en el arbitraje argentino: su padre, Juan Carlos, y su hermano Patricio también transitaron la elite del referato.
Será la última vez en el torneo que el Candini vea jugar al Celeste en casa. No es un partido más. Es el cierre de un capítulo único para Río Cuarto: la hazaña de haber hecho jugar a la ciudad entre los grandes del fútbol argentino, con todo lo que eso significó en emociones, viajes y noches inolvidables.
Por eso, el viernes el pedido es uno solo: que el Imperio vuelva a rugir. Que la tribuna sea, una vez más, el jugador número doce. Porque el León, aun en los días difíciles, siempre da la cara, y el mejor modo de despedir una temporada es hacerlo juntos, hinchada y equipo, con la frente en alto y el corazón celeste. El león jugará la última fecha en condición de visitante ante Rosario Central