Hace cuatro años, el peronismo riocuartense quedó a las puertas de una derrota porque la pandemia había infectado también a los oficialismos y a más de uno le hizo pagar caro el malhumor del encierro. Juan Manuel Llamosas logró zafar entonces de esa ola de enfermedad y descontento que hizo sucumbir gobiernos en otras geografías.En una elección atípica logró que, por primera vez en la ciudad, un justicialista fuera reelecto.
Ahora le quedan algo más de 100 días de gestión y tiene un nuevo desafío: lograr que la continuidad ya no sea sólo para sí mismo -aunque personalmente pone mucho en juego- sino para un proyecto de poder que no empieza y termina en Río Cuarto sino que tiene derivaciones provinciales.
En “El Otoño del Patriarca”, la novela de Gabriel García Márquez, el poder es representado como una pequeña esfera de vidrio que el protagonista lleva siempre en una mano. Por estas horas, Llamosas tiene su propia esfera de vidrio: la fecha de la elección y, por lo tanto, el inicio formal del proceso electoral en la ciudad.
El intendente ha sido y es sumamente celoso con los resortes que le permiten conservar poder. Consintió que se multiplicaran casi hasta el ridículo los precandidatos en el oficialismo y evitó intervenir para ordenar el panorama; ahora, maneja la fecha como una decisión personal. Aunque, en realidad, no es del todo cierto: el intendente define la estrategia en consulta con el Panal. Para la Provincia, y específicamente para Martín Llaryora, la elección riocuartense es gravitante:será su primer test electoral como gobernador y en un contexto especialmente desafiante.
Llamosas juega al hermetismo con la fecha pero, en parte, lo hace porque hasta ayer no había un panorama claro sobre qué domingo podría ser el más conveniente para el oficialismo:al principio se barajó el 9 de junio pero después fue perdiendo fuerza y entraron en consideración también el 23 (el 16 está casi descartado por ser el Día del Padre) e incluso el 30 de junio, 48 horas antes de la asunción del próximo intendente.
El oficialismo necesita tiempo. Básicamente por dos razones: para tratar de ordenar al peronismo y, además, para que el candidato del intendente, Guillermo De Rivas, crezca en las encuestas. La dilación que ejecutó el jefe comunal para evitar desgastarse ahora tiene su contracara: corre contra el reloj.
La situación es de compleja resolución: más allá de la inflación de precandidatos, existen actores que se desafían y se deslegitiman. El problema es que Llamosas no ha conseguido hasta ahora que los demás grupos lo acepten como el decisor de la candidatura y la estrategia. Le disputan esa condición y, por lo tanto, hay una especie de encrucijada que podría terminar con el peronismo dividido en al menos dos opciones. Es una alternativa que hoy no parece descabellada;la aceptan incluso cerca del intendente. Confían en una intervención de última instancia: la de Llaryora. El gobernador ha dado guiños a favor de De Rivas, y en el Palacio aseguran que es una señal de consonancia entre los dos mandatarios.
Por ahora, el peronismo riocuartense no encuentra una resolución en sí mismo:hace 20 días se convocó a una mesa política en el Centro Cívico en la que estuvieron el llamosismo, representado por Julián Oberti, el schiarettismo, aunque no tiene candidato propio, el sector de Adriana Nazario, el de Mauricio Dova y el de Luis “Tin”Sánchez.
No llegaron a ningún acuerdo. Sólo se fueron con la promesa de verse otra vez para seguir negociando. Hasta hoy, ese segundo encuentro no se produjo.
Desde hace meses, cerca de Nazario vienen advirtiendo que, como es la mejor posicionada en las encuestas entre los peronistas, si no la dejan ser candidata irá por fuera. Hasta ahora, y la presencia en la reunión de la mesa política lo demuestra, el nazarismo no ha dado pasos formales en esa dirección. No saca los pies del plato y participa en las instancias que se definen oficialmente. Hay un objetivo: no quedar como los responsables de una ruptura que podría condenar al peronismo.
Sin embargo, por lo bajo, cerca de la exmujer de José Manuel de la Sota no encuentran demasiadas alternativas: aseguran que la candidatura de Adriana es una decisión tomada hace mucho tiempo y ya, a esta altura, tampoco ven condiciones para que De Rivas se baje.
En el Palacio Municipal llegan casi a la misma conclusión:el secretario de Gobierno, impulsado por el intendente, ha recorrido demasiado camino para declinar ahora. Si lo hiciera, Llamosas quedaría en una situación de debilidad extrema por no haber podido imponer a un hombre de su equipo y con herramientas limitadas para negociar la lista. Su estrella en el panorama provincial, además, quedaría prematuramente opacada; el peronismo suele ser cruel a la hora de facturar los pasos en falso.
En el llamosismo señalan que no les preocupan las amenazas del nazarismo de quebrar el PJ. “Nosotros seguimos con nuestro plan para instalar a De Rivas y, además, en los próximos tres meses se van a ver acciones de gobierno para afianzar todavía más la imagen de la gestión”, adelantan.
Por supuesto que el objetivo es encolumnar a todas las vertientes del peronismo pero cerca de Llamosas sostienen que un escenario de quiebre es posible pero que no necesariamente anularía las chances oficialistas de ganar la elección. Ni las de De Rivas. Confían, además, en que el schiarettismo -aunque todavía le reproche a Llamosas haberle quitado el Centro Cívico- termine plegándose a la estrategia orgánica.
En el Palacio evalúan que si va por fuera del PJ, la intención de voto de Nazario se va a resentir. “Su electorado está compuesto en gran parte por un votante tradicional del peronismo;si va con otro sello, es gente que la va a abandonar, que terminará votando al candidato que apoyen el intendente y el gobernador”, analizan en el Palacio.
El peronismo riocuartense está inmerso en cierta extrañeza electoral: tiene a una candidata posicionada, que mide, pero que genera resistencia en los demás grupos, que le desconfían;y tiene a un intendente que busca apuntalar, tal vez demasiado cerca de la fecha, a un candidato que lo represente y le dé continuidad. Esa contraposición podría derivar en una ruptura. El oficialismo, como derivación, podría perder por dos razones: por la crisis nacional, de desarrollo y consecuencias imprevisibles, o por sí mismo.
Si no encontrara maneras o razones para acordar un candidato único, entonces, para conservar sus chances, necesitaría que esa misma división se repita en la oposición. Es decir, Juntos por el Cambio, si es que esa construcción existe aún en Río Cuarto, debería ser funcional. Por eso, el peronismo fogonea que el radicalismo se escinda:que por un lado vaya Gonzalo Parodi, que ganó la interna pero que todavía padece problemas de instalación, y que Gabriel Abrile le haga caso a su enojo, decida patear el tablero y represente a otra fuerza política.
Si ese escenario no se produce, los problemas del peronismo seguramente se acrecentarán.
Existe además un elemento adicional para completar el rompecabezas: ¿qué hará La Libertad Avanza, de Javier Milei, en Río Cuarto?¿Dejará pasar la única elección importante de 2024 o jugará con un candidato propio? Hasta ahora no hay respuesta. Aunque sí algunas señales: ayer, en varios teléfonos riocuartenses, una encuestadora de Buenos Aires consultaba por Germán Di Bella, el exsecretario de Desarrollo Económico de Llamosas que ahora integra el gabinete agropecuario del presidente libertario.

