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La apuesta por la diferenciación

Llaryora desembarcó en Río Cuarto y junto con Llamosas anunciaron un proceso de colaboración entre las dos ciudades principales. Un intento por escapar de la política confrontativa

Los años, en política, arrancan antes. Ahora, en este 2022 que apenas ha consumido tres meses, el 2023 ya se hizo presente. Cada movimiento, cada palabra y cada gesto, al menos de quienes pueden convertirse en candidatos, están enfocados ahí, confluyen hacia esa fecha aún imprecisa en la que el poder cordobés cambiará indefectiblemente de manos. Si gana la oposición, pasará a otro signo político; si gana el oficialismo, a otra generación.

Las miradas y las esperanzas de Hacemos por Córdoba están puestas, ya sin dudas ni disimulo, en Martín Llaryora, el hombre de San Francisco que hoy gobierna la capital provincial y que en las últimas horas llegó a Río Cuarto para, sin decirlo aún, comenzar a mostrarse como candidato y para empezar a cerrar acuerdos y definir estrategias con los intendentes.

Llaryora está confiado, y lo dijo en la reunión que mantuvo con jefes comunales, en que su gestión en Córdoba hará la diferencia cuando la gente de la capital deba confrontar los resultados actuales con los que dejó el gobierno de Luis Juez. Pero para que esa imagen pueda rendir políticamente en el interior sus realizaciones deben ampliar su radio de influencia. El acuerdo que firmó con Juan Manuel Llamosas, un intendente que también blanqueó sus aspiraciones provinciales, va en ese sentido: que lleguen al sur los ecos de la gestión de Córdoba capital.

El concepto estratégico-electoral de Llaryora contempla además dos planos: uno territorial y otro discursivo.

En lo territorial, el intendente de Córdoba apunta a ir cosechando adhesiones de los intendentes y a ir tejiendo una red que le dé carnadura, presencia a su candidatura. En ese punto, señalan en el oficialismo, habrá un contraste con la modalidad de llegada que tiene, por ejemplo, Luis Juez, asentado principalmente en su presencia habitual en los medios de Buenos Aires.

En Hacemos por Córdoba están convencidos de que, como siempre, en una elección ejecutiva el despliegue sobre el territorio volverá a ser clave.

El segundo elemento, el discursivo, es una apuesta por la contraposición. Se vio en la conferencia de prensa que dieron Llaryora y Llamosas en el Palacio de Mójica y que apuntó a ofrecer una imagen opuesta a la que la política está ofreciendo en el país.

La interna se ha convertido en una característica omnipresente y traumática en el escenario nacional. Alberto Fernández está tan tironeado por la crisis económica como por Cristina Fernández y su primogénito Máximo, que el 24 de marzo se arrogó para sí la representación nada más y nada menos que del pueblo y de la calle.

Por su trascendencia política y por su capacidad de daño, la atención por supuesto está enfocada en esa pelea irresuelta que se produce a la luz pública en un escenario que se desmorona a los pies de los protagonistas y, por extensión, de todos los argentinos. Pero tampoco Juntos por el Cambio aparece exento de internismo: a pesar del acierto que significó encontrar un mecanismo de consenso para evitar la fractura ante el acuerdo con el FMI, los cruces por posicionamientos actuales y futuros en esa fuerza opositora no suelen caracterizarse por la diplomacia.

Y en la gente, jaqueada por el estrés de los precios y los sueldos que no alcanzan, se percibe ya un hartazgo ante la pelea como método permanente.

Por eso, la conferencia de prensa que Llaryora y Llamosas dieron el viernes en el Palacio fue una exteriorización de un concepto que los dos intendentes buscaron acentuar: hablaron de cooperación e integración, de colaboración para hacer que las dos ciudades más importantes de la provincia puedan estar mejor.

Históricamente, Córdoba y Río Cuarto, y más ampliamente el sur, se han mirado con desconfianza. Y han actuado como universos paralelos: la industria y el cosmopolitismo de la capital; la producción del interior.

Llaryora y Llamosas apuntaron a ir terminando con esa contraposición. Todavía quedará por ver, por supuesto, si se trata únicamente de un eje discursivo o si esa colaboración de la que se habló empieza a dar resultados concretos.

De todos modos, se trató de un gesto que hasta ahora no se había producido. La última oportunidad en la que dos intendentes del mismo signo político convivieron en las intendencias de Córdoba y Río Cuarto fue durante las gestiones de Ramón Mestre y Juan Jure pero ambos se tenían demasiado recelo y competían internamente para posicionarse como para avanzar en proyectos de gestión comunes.

Hay en la estrategia que desplegó Llaryora una línea de continuidad con la que viene poniendo en escena el oficialismo provincial: Hacemos por Córdoba ha insistido con que la previsibilidad y la moderación son valores, a diferencia de la concepción de la política como enfrentamiento que tiene su intérprete principal actualmente al kirchnerismo.

Pero, más allá de la estrategia de mostrarse como políticos capaces de construir, Llaryora no pasó por Río Cuarto con un discurso neutral. En ese punto, en sintonía con el gobierno de Juan Schiaretti, estableció como antagonista principal al gobierno nacional: el intendente de Córdoba reclamó que exista una solución para la inflación desbocada, que empiece a configurarse un plan de país hoy inexistente y, sobre todo, argumento sensible para el sur, cuestionó la decisión de elevar las retenciones al campo.

Llaryora se apoderó discursivamente de los planteos que se escuchan todos los días entre los ciudadanos y de los que, por estas horas, tienen a los productores en una tensión en aumento hacia el gobierno nacional.

A Llaryora el desembarco en Río Cuarto le sirvió para empezar a desplegar su candidatura en el sur y a Llamosas para mostrarse como un protagonista del Hacemos por Córdoba que vendrá.

En el llamosismo señalan que en las próximas semanas continuarán enfocándose en reuniones en el sur provincial. Consideran que, en el actual estado de situación, los dos únicos intendentes que están en condiciones de crecer y proyectarse son Llaryora y Llamosas, aunque por supuesto con realidades diferentes. Plantean que hasta octubre encararán un proceso de instalación y que el intendente tiene activos para dar pelea: apuntan que revalidó títulos en plena pandemia, cuando la mayoría de los oficialismos sucumbieron, que mantiene una buena imagen en la ciudad y que posee una gestión para mostrar. El objetivo de mínima es llegar a octubre, antes del Mundial, con Llamosas instalado en la mesa de las decisiones y con el mayor conocimiento posible a nivel provincial.

En Río Cuarto, el viernes, el día en el que los dos intendentes firmaron el convenio de cooperación, también el schiarettismo se desplegó en la ciudad con temas sensibles como la seguridad y la asistencia a víctimas de violencia de género.

La Provincia ya no oculta que el candidato oficial para 2023 es Llaryora. Pero, a la vez, hay una intención de que las acciones tanto del intendente de Córdoba como de los demás dirigentes sean contenidas bajo el paraguas de la Provincia, para que no queden dudas de que el conductor del proceso sigue siendo Schiaretti.