“Los problemas de sostenibilidad no tienen fronteras, no se pueden arreglar en un solo lugar. O los enfrentamos todos juntos o no avanzamos un solo milímetro”.
El reconocido arquitecto y urbanista chileno, Alejandro Aravena, se presentó en la ciudad de Córdoba días atrás en el marco de los Holcim Awards Next Generation -premiación que distingue proyectos innovadores de estudiantes y jóvenes arquitectos-, y en su visita por la capital provincial recibió el título de Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC).
Transcurridas ambas ceremonias, el arquitecto chileno brindó un conversatorio público en el Centro Cultural de la UNC, junto a la arquitecta y docente Mónica Bertolino, donde valoró las propuestas de los jóvenes premiados y resaltó la importancia de pensar el hábitat en conjunto.
“A la variable de qué es lo que hay que hacer se le suma cuándo, y en ese cuándo quizás ya estemos atrasados. Esto es urgente, no tiene posibilidad de ser pospuesto”, manifestó en torno a la importancia de pensar el futuro con la sostenibilidad como premisa.
Aravena es miembro del directorio de la Holcim Foundation for the Sustainable Construction y ganador del Premio Pritzker en 2016, el máximo galardón que se entrega en el mundo de la arquitectura.
Luego de recibir, de manos de la vicerrectora de la FAUD Mariela Marchisio, el título de Doctor Honoris Causa de la UNC, Aravena expresó que el reconocimiento significa “realmente un honor, una sorpresa también y una responsabilidad de justificar por qué un arquitecto puede aspirar a una distinción de esta envergadura”, sostuvo.
En ese marco, el académico reflexionó acerca del objeto de la Arquitectura como disciplina y en su vínculo con la sociedad. “En un contexto global como el actual, o pensando en una sociedad como la chilena particularmente, que está fracturada, la pregunta entonces es sobre el rol de la Arquitectura, sobre las condiciones que debe colaborar a imponer para facilitar la convivencia, para hacerse cargo también de los problemas duros de la sociedad, como la vivienda social, la pobreza o los desastres naturales”, dijo.
El testimonio
En una rica charla con la profesora Bertolino, el arquitecto Aravena contó que una de las grandes preguntas que el gobierno chileno apunta a responder desde varios enfoques se orienta a dar respuestas a cómo atender la convivencia social.
“En el caso de Chile, la pregunta que se está haciendo en la última bienal de Venecia, es cómo vamos a hacer para vivir juntos. Y creo que es una pregunta que se va a manifestar en muchos ámbitos”, consideró el profesional.
Para agregar: “Y la arquitectura puede hacer una contribución, porque no es tan distinta a la pregunta que un arquitecto tiene frente a un papel en blanco. Preguntarse cómo va a vivir junta una familia en una casa, un conjunto de personas en un edificio o en un barrio, o en una ciudad, es siempre la misma pregunta, es decir, cómo traducir a forma y espacio las condiciones que permitan la convivencia”.
Para Aravena, “uno de los enormes desafíos que tiene nuestra sociedad hoy es, mucho más que la pobreza, la inequidad”. El arquitecto, de vasta trayectoria en el mundo de la vivienda social, planteó cinco condiciones de diseño que debiera cumplir un proyecto de tales características.
En ese marco, priorizó la localización donde se emplazará el conjunto, como primera condición. La segunda, el diseño, creando una instancia intermedia entre lo público y lo privado denominado “colectivo”, y que se logra con conjuntos de no más de 30 familias, que definen qué hacer con sus espacios compartidos.
La tercera condición consideró que es que las estructuras de las viviendas sean construidas para una superficie de al menos 80 metros cuadrados, aunque lo que se haga inicialmente sea menor; el “ADN de la clase media”, que hace que todas las partes de la vivienda sean pensadas como para “clase media”; y la quinta, que las partes más “difíciles” de la casa queden bien hechas: baño, cocina, escalera, muro medianero cortafuego, techo.
Sobre Alejandro Aravena
Nació en Chile y se graduó como licenciado en Arquitectura en la Pontificia Universidad Católica de Chile (1992). También estudió en la Universitá IUAV di Venezia (1992-1993). A lo largo de su carrera docente, fue profesor de la Pontificia Universidad Católica de Chile desde 1994, en la Cátedra Elemental Copec de Innovación Urbana (2006-presente); en las Universidades de Harvard, Wisconsin y en el Politécnico de Milán.
Fue curador general de la Bienal de Venecia en 2016, ganador del Premio Pritzker ese mismo año y desde el 2020 es presidente del Jurado de dicho premio.
Entre sus obras se destacan las Facultades de Matemáticas, Medicina, Arquitectura, las Torres Siamesas y el Centro de Innovación Angelini, todos para la Universidad Católica de Chile; dormitorios para la Universidad de St. Edward’s en Texas; edificios para Novartis en Shanghai; el edificio para Energía de Portugal en Lisboa y el proyecto del nuevo Museo Art Mill en Qatar.
Además de la reconstrucción post terremoto y tsunami de la ciudad chilena de Constitución y varios proyectos de vivienda social.

