El mate. El termo Lumilagro. Wado de Pedro y Juan Manuel Llamosas sonrientes en la foto. El tuit posterior del ministro del Interior, en el que trató de “amigo” al intendente. Y dos promesas: una, que volverán a arrancar en Río Cuarto las obras que el macrismo discontinuó; la otra, más simbólica, que la ciudad recuperará la relevancia estratégica que, según reconoció el propio intendente, ha perdido en los últimos tiempos a manos, por ejemplo, de Villa María.
En esa segunda definición se revela algo que, en cierto modo, sorprendió a Llamosas en su visita a la Casa Rosada. De Pedro, ministro del Interior de Alberto Fernández, no disponía de un conocimiento superficial de la política cordobesa ni de la riocuartense. Estaba informado sobre los protagonistas y los procesos. Y sabía que una espina que tiene clavada la ciudad es su íntima percepción -basada además en datos de la realidad- de que ha ido perdiendo terreno, de que se ha visto superada y de que su título de Imperio está puesto en duda.
De ahí que uno de los conceptos que surgieron de la reunión se haya referido puntualmente a ese aspecto que, además, es ambicioso: devolverle la trascendencia estratégica a Río Cuarto no implica solamente una carga de voluntad sino de acciones e inversiones.
Lo cierto es que para Llamosas el encuentro con De Pedro resultó mejor de lo que esperaba. El gobierno municipal ni siquiera había anunciado la reunión porque, precisamente, no sabía con qué iba a encontrarse en la Casa Rosada ahora que está en plena discusión la conformación de las listas y el esquema futuro de poder en la ciudad. De Pedro procede del cristinismo más puro y de La Cámpora, una agrupación con fama de no ser precisamente concesiva cuando hay espacios en juego.
Desde el Palacio señalan que la estrategia del gobierno nacional hacia Córdoba y hacia Río Cuarto no es la que fue durante la gestión de Cristina, que no están inclinados al enfrentamiento sino a sumarse a las construcciones existentes. En parte, porque los resultados previos fueron una suma de derrotas y la imposibilidad constante de ser competitivos.
Primero hubo un acercamiento de la Rosada con Juan Schiaretti; después llegó la convocatoria a Llamosas. Así, el gobierno nacional se anotaría entre los ganadores en un eventual triunfo en marzo.
Si Llamosas gana, la Nación podrá decir que contribuyó con anuncios y que apoyó abiertamente al intendente. La de Río Cuarto es la primera elección de trascendencia después del triunfo de Alberto Fernández en la primera vuelta de 2019.
El intendente asegura que en su armado estarán integrados todos los sectores del peronismo y que esa premisa se reflejará ya en la alianza que se inscribirá el 30 y que contendrá no solamente al albertismo, un actor que no existía en 2016, sino también al socialismo y a sectores independientes.
El recibimiento de Llamosas en la Rosada introdujo un elemento nuevo y despejó una duda. Ya queda claro el posicionamiento de la Nación y esa definición debería tener el efecto de disciplinar hacia abajo. Difícilmente haya corcoveos ahora que el gobierno de Fernández habló. Esa situación facilita la tarea del intendente para definir tanto el armado como la lista.
Pero ¿qué otro cambio implicará el hecho de que el gobierno de Fernández se haya incorporado como actor al escenario electoral y de que haya prometido obras? Un aspecto interesante es si se reperfilará la campaña del oficialismo: si se revisarán conceptos y visiones, si esa idea de municipalización que se definió antes de que se concretara el apoyo nacional se sostendrá o se modificará.
En el Palacio Municipal sostienen que la estrategia más inteligente y efectiva para un electorado como el riocuartense es la que se había establecido previamente. “Nosotros vamos a poner como eje central la figura del intendente y la gestión. Vamos a municipalizar la campaña. Por supuesto que el anuncio de que se reactivarán obras paralizadas durante el macrismo sirve, pero lo capitaliza el intendente”, reafirmaron.
Creen que se equivocarían olímpicamente si la elección del 29 de marzo se usara como una oportunidad para expresarse sobre el flamante gobierno nacional. El kirchnerismo puede aparecer como un socio del PJ, pero su introducción como actor gravitante podría introducir ruidos; Río Cuarto viene de darle un apoyo masivo a Macri, a pesar del desastre que fue su gobierno, y el llamosismo prefiere no correr riesgos. Además, sonaría forzada una conversión repentina de un intendente que fue hace apenas tres meses prescindente en el país.
En el Palacio manifiestan que De Pedro no pidió una modificación de la estrategia, sino que comprendió la lógica de mantener la campaña en el plano local.
La última encuesta que maneja el intendente le da 42 puntos, contra 21 de Abrile y 10 de Carrizo.
La idea que refuerza la foto con De Pedro y los anuncios de obras es que empieza a dibujarse una línea de continuidad entre la Casa Rosada, el gobierno provincial y el municipal. Ese puede ser un activo para Llamosas. Y un dato que afianza la imagen de soledad con la que debe lidiar la UCR, principal partido de oposición. En los próximos días, el radicalismo cerraría el acuerdo con el Frente Cívico y el Pro para tratar de reducir las opciones electorales y aglutinar los votos que están descontentos con Llamosas.
Pablo Carrizo y sus 10 puntos en las encuestas siguen siendo una mala noticia para la UCR y su pretensión de polarización. Sólo puede esperanzarse con que la integración original de Respeto, con Lucía de Carlos como candidata, pueda desdibujar a su antiguo mentor. Aunque el exconcejal ha demostrado una capacidad afianzada de sostener su electorado.
También la opción Eduardo Scoppa-Miguel Besso implica una atomización de las vertientes opositoras y una competencia por la misma porción de los votantes.
Al radicalismo le ha faltado hasta ahora la capacidad de generar razones que alteren el panorama. Razones para cambiar, para condenar a un solo período a la gestión de Llamosas y, sobre todo, para instalar la idea de que sería capaz de construir algo mejor.
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De ahí que uno de los conceptos que surgieron de la reunión se haya referido puntualmente a ese aspecto que, además, es ambicioso: devolverle la trascendencia estratégica a Río Cuarto no implica solamente una carga de voluntad sino de acciones e inversiones.
Lo cierto es que para Llamosas el encuentro con De Pedro resultó mejor de lo que esperaba. El gobierno municipal ni siquiera había anunciado la reunión porque, precisamente, no sabía con qué iba a encontrarse en la Casa Rosada ahora que está en plena discusión la conformación de las listas y el esquema futuro de poder en la ciudad. De Pedro procede del cristinismo más puro y de La Cámpora, una agrupación con fama de no ser precisamente concesiva cuando hay espacios en juego.
Desde el Palacio señalan que la estrategia del gobierno nacional hacia Córdoba y hacia Río Cuarto no es la que fue durante la gestión de Cristina, que no están inclinados al enfrentamiento sino a sumarse a las construcciones existentes. En parte, porque los resultados previos fueron una suma de derrotas y la imposibilidad constante de ser competitivos.
Primero hubo un acercamiento de la Rosada con Juan Schiaretti; después llegó la convocatoria a Llamosas. Así, el gobierno nacional se anotaría entre los ganadores en un eventual triunfo en marzo.
Si Llamosas gana, la Nación podrá decir que contribuyó con anuncios y que apoyó abiertamente al intendente. La de Río Cuarto es la primera elección de trascendencia después del triunfo de Alberto Fernández en la primera vuelta de 2019.
El intendente asegura que en su armado estarán integrados todos los sectores del peronismo y que esa premisa se reflejará ya en la alianza que se inscribirá el 30 y que contendrá no solamente al albertismo, un actor que no existía en 2016, sino también al socialismo y a sectores independientes.
El recibimiento de Llamosas en la Rosada introdujo un elemento nuevo y despejó una duda. Ya queda claro el posicionamiento de la Nación y esa definición debería tener el efecto de disciplinar hacia abajo. Difícilmente haya corcoveos ahora que el gobierno de Fernández habló. Esa situación facilita la tarea del intendente para definir tanto el armado como la lista.
Pero ¿qué otro cambio implicará el hecho de que el gobierno de Fernández se haya incorporado como actor al escenario electoral y de que haya prometido obras? Un aspecto interesante es si se reperfilará la campaña del oficialismo: si se revisarán conceptos y visiones, si esa idea de municipalización que se definió antes de que se concretara el apoyo nacional se sostendrá o se modificará.
En el Palacio Municipal sostienen que la estrategia más inteligente y efectiva para un electorado como el riocuartense es la que se había establecido previamente. “Nosotros vamos a poner como eje central la figura del intendente y la gestión. Vamos a municipalizar la campaña. Por supuesto que el anuncio de que se reactivarán obras paralizadas durante el macrismo sirve, pero lo capitaliza el intendente”, reafirmaron.
Creen que se equivocarían olímpicamente si la elección del 29 de marzo se usara como una oportunidad para expresarse sobre el flamante gobierno nacional. El kirchnerismo puede aparecer como un socio del PJ, pero su introducción como actor gravitante podría introducir ruidos; Río Cuarto viene de darle un apoyo masivo a Macri, a pesar del desastre que fue su gobierno, y el llamosismo prefiere no correr riesgos. Además, sonaría forzada una conversión repentina de un intendente que fue hace apenas tres meses prescindente en el país.
En el Palacio manifiestan que De Pedro no pidió una modificación de la estrategia, sino que comprendió la lógica de mantener la campaña en el plano local.
La última encuesta que maneja el intendente le da 42 puntos, contra 21 de Abrile y 10 de Carrizo.
La idea que refuerza la foto con De Pedro y los anuncios de obras es que empieza a dibujarse una línea de continuidad entre la Casa Rosada, el gobierno provincial y el municipal. Ese puede ser un activo para Llamosas. Y un dato que afianza la imagen de soledad con la que debe lidiar la UCR, principal partido de oposición. En los próximos días, el radicalismo cerraría el acuerdo con el Frente Cívico y el Pro para tratar de reducir las opciones electorales y aglutinar los votos que están descontentos con Llamosas.
Pablo Carrizo y sus 10 puntos en las encuestas siguen siendo una mala noticia para la UCR y su pretensión de polarización. Sólo puede esperanzarse con que la integración original de Respeto, con Lucía de Carlos como candidata, pueda desdibujar a su antiguo mentor. Aunque el exconcejal ha demostrado una capacidad afianzada de sostener su electorado.
También la opción Eduardo Scoppa-Miguel Besso implica una atomización de las vertientes opositoras y una competencia por la misma porción de los votantes.
Al radicalismo le ha faltado hasta ahora la capacidad de generar razones que alteren el panorama. Razones para cambiar, para condenar a un solo período a la gestión de Llamosas y, sobre todo, para instalar la idea de que sería capaz de construir algo mejor.
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