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El escenario del después

Schiaretti cree que Milei es imparable y se imagina encabezando una nueva oposición que contenga elementos del PJ y de Juntos. El diagnóstico encuentra críticos en el peronismo cordobés

Sergio Massa trató de convertir una catástrofe en una virtud. El ministro de Economía y candidato presidencial hilvanó en una misma tarde, con un par de horas de diferencia, dos hechos de alto impacto. Uno negativo. Muy negativo. La inflación mensual más alta desde 1991. El segundo fue un anuncio que buscó neutralizar los efectos devastadores del primero:ahora, Ganancias sólo alcanzará a una minoría absoluta y 800 mil personas dejarán de pagar ese impuesto que se había vuelto un problema desde el último gobierno de Cristina Fernández en adelante. Al día siguiente, el titular de Economía completó el cuadro con la decisión de devolverles el 21% del IVA a trabajadores, jubilados y monotributistas.

La situación en la que se encuentra Massa es una desmesura. Está obligado a domar como pueda una economía agónica y a generar a la vez la expectativa de que un futuro gobierno suyo podría ser mejor. El ministro-candidato padece por un lado las consecuencias de ejercer el gobierno en un contexto como el actual pero, a la vez, usa las herramientas que le da ese mismo lugar para instalar en el votante aunque sea la duda. Es una dinámica de resultado incierto en la que el candidato busca imponerse al ministro.

En principio, hubo un logro en el movimiento de Massa: mostró iniciativa ante una realidad tan inquietante e impuso el contenido y los términos de la agenda pública. La oposición salió a señalar que los anuncios son irresponsables pero son críticas que remiten a lo que el candidato oficialista plantea. Ahí ejerce protagonismo.

Massa, como dice el politólogo Gustavo Marangoni, en definitiva está peleando con las armas que tiene. Y busca sacarles el mayor rédito posible:por eso apuró el tratamiento de Ganancias en Diputados, aunque no tendría aún los números para la aprobación. Porque incluso si el proyecto no saliera, si se impusiera el rechazo de la oposición, sería positivo para el ministro en términos políticos: porque le daría un activo discursivo que le permitiría acusar a los opositores de impedir la mejora en el salario de los trabajadores, aunque sean los trabajadores de más altos ingresos.

Ganancias se convirtió en un problema para un sector de la oposición. Primero, expuso a Juntos por elCambio, que se condenó otra vez a la contradicción: dijo que lo votaría pero al final se inclinó por el no.

Otro actor al que el anuncio de Ganancias complicó es Juan Schiaretti. No en términos discursivos, pero sí políticos y legislativos. En su campaña por sostener el millón de votos de las Paso, el gobernador y candidato ha elegido la confrontación directa y frontal con Massa. Por lo tanto, el anuncio de Ganancias no alteró su estrategia: cuestionó la medida, lo acusó de ejercer de Papá Noel con la plata de las provincias y hasta amagó con ir a la Justicia.

Hasta ahí todo previsible. Pero el posicionamiento de Schiaretti empezó a generar algunos resquebrajamientos. Por un lado, hacia adentro del peronismo cordobés comenzaron a exteriorizarse críticas que venían diciéndose sólo por lo bajo. Por ejemplo, Edgar Bruno, intendente de Canals, cuestionó al gobernador por oponerse a elevar el piso de Ganancias para los salarios y lo acusó de beneficiar al antiperonismo nacional. Lo mismo declaró la legisladora Tania Kyshakevych.

Pero, además, la postura con respecto al anuncio de Massa agrietó el frente legislativo del schiarettismo. En las últimas horas, tres miembros del interbloque -Alejandro “Topo” Rodríguez, que lo conduce, Graciela Camaño y, sobre todo, Natalia de la Sota- anunciaron que aprobarán la iniciativa de Massa. Es decir, esos aliados, que ya venían coqueteando con el candidato de Unión por la Patria, se apartaron del camino que trazó el gobernador. El armado está mostrando fisuras.

En ese contexto, no es casual que Schiaretti haya reunido a más de 600 intendentes y dirigentes el viernes en el Quorum Hotel. Fue un encuentro para encolumnar a la tropa, para afianzarla, en un momento en que hay cada vez más críticas por un posicionamiento a nivel nacional que algunos dirigentes consideran funcional a Javier Milei.

En ese encuentro en Córdoba, Schiaretti expuso por primera vez el razonamiento electoral y el diagnóstico político que lo lleva a sostener su candidatura, tal vez para que los intendentes y los dirigentes se convencieran no sólo de que deben seguir disciplinados, sino para que también comprendieran la lógica de actuación. El gobernador, que suele ejercer un estilo de conducción vertical, esta vez se vio obligado a persuadir.

Schiaretti viene pronunciando una frase en los últimos días que representa el núcleo de su diagnóstico actual: está convencido de que en octubre, o en noviembre si hay segunda vuelta, los dos grandes actores políticos que protagonizaron la política nacional en las últimas décadas dejarán de existir como se los conoce hasta ahora. Es decir, las elecciones de este año serían como una bomba tanto para Unión por la Patria como para Juntos por el Cambio. Y esa bomba tiene un nombre:Javier Milei.

Lo que sostiene Schiaretti es que la llegada de Milei a la Casa Rosada es casi un hecho imposible de alterar. Considera, y en ese punto puede estar en lo cierto, que el 13 de agosto existió un resultado electoral que llevó a la superficie un fenómeno subterráneo que además alteró desde ese momento el cuadro de situación, o el clima de época. La política cambió, sostiene Schiaretti, y los dirigentes, de un lado y del otro, no se están mostrando capaces de interpretar el nuevo escenario. Responden con cuadros de interpretación, discursos y armas pensados para otra realidad. Por ejemplo, el gobernador sostiene que es un error combatir al candidato libertario desde la descalificación: postula que una porción considerable del electorado eligió al excéntrico economista como vehículo para expresar su bronca, incluso a pesar del propio Milei. “Si insultás al candidato, insultás a millones de personas”, dicen en el schiarettismo.

El libertario, que ahora se pasea con una motosierra encendida entre la multitud, es un fenómeno que no se ajusta a los manuales que la política ha venido leyendo hasta ahora. Hace, ejecuta y dice todo lo contrario de lo que en teoría corresponde a un candidato que quiere ganar una elección. El último capítulo ha sido su embestida contra el Papa, a quien acusó de cómplice de dictadores. Lejos de moderar su discurso, lo exacerba. Lo que podía ser pintoresco en un invitado habitual a los programas de televisión adquiere otra categoría en un candidato a presidente que ganó las primarias:el estilo de Milei y de su fuerza política, lejos de embanderarse con los valores de la libertad que pregona, contiene una raíz profundamente autoritaria porque no le confiere ni siquiera la categoría de interlocutor a todo aquel que se opone a sus ideas. Cualquiera que lo interpela ingresa en la dimensión de aquellos que integran la casta o que, por algún interés, la defienden. Una actitud de enorme peligro y que remite a lo peor de la política.

Pero volviendo al diagnóstico que Schiaretti desgranó ante los intendentes, si Milei es inevitable y si Juntos por el Cambio y el oficialismo se atomizan, ¿entonces qué queda?Esa es la pregunta. Y ahí el gobernador recupera una propuesta que planteó para las Paso y que generó un fuerte ruido político. Sostiene que tiene que conformarse un frente político que incluya a un nuevo peronismo pero que además incorpore a otros actores, que quedarían liberados después de la conflagración de un polo y de otro. Esa coalición debería ser política pero, sobre todo, legislativa: ese sería el ámbito, razona el gobernador, para contraponerse a Milei y sus desvaríos.

Ese escenario que Schiaretti prefigura contiene al libertario en el poder pero también le reserva un papel para sí mismo: el gobenador se imagina siendo el protagonista central de ese nuevo armado, de esa nueva coalición para los próximos años. Ahí hay dos aspectos que generan ruido. Si hay un nuevo clima de época y se imponen nuevas prácticas políticas y otros discursos, ¿podrá ser él, que lleva décadas en la política, el dirigente adecuado para contraponerse a Milei? Pero, además, en el caso hipotético de que consiga sostener el 3,7% de las Paso, ¿podrá desde ese porcentaje construir una alternativa nacional? En el schiarettismo señalan que el planteo de generar un nuevo espacio no se asienta en lo numérico, en el caudal de votos, sino en lo modélico: el argumento será que en Córdoba ya se construyó un acuerdo como el que proponen para el país y que resultó exitoso en términos político-electorales.

Esa configuración -y habrá que esperar para ver si Martín Llaryora está de acuerdo- la imaginan hacia arriba, pero también hacia abajo. El schiarettismo cree, por ejemplo, que la elección que RíoCuarto tendrá en 2024 para la intendencia deberá expresar el nuevo escenario y el peronismo tendrá que integrarse más que nunca a otras fuerzas políticas. El PJ local debería ampliarse todavía más.

Del otro lado, hoy el radicalismo riocuartense irá a las urnas para elegir a su candidato a intendente. De Gabriel Abrile, Gonzalo Parodi yGonzalo Luján saldrá el ganador. Uno de ellos competirá por el Municipio el año próximo, un tiempo que en este país se asemeja a una eternidad.