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El combate contra la inflación, con toda la carne a la parrilla

El Gobierno está decidido a frenar los precios con el paquete de medidas que adoptó el kirchnerismo desde 2006. Y, aunque en aquella oportunidad no sólo no detuvo la escalada de los alimentos sino que además generó muchas dificultades en las cadenas, parece resuelto a recorrer el mismo camino esperando que esta vez lo conduzca a otro lugar

Apenas comenzó 2021, el Gobierno advirtió que las subas internacionales de las commodities estaban afectando los precios internos y que fogoneaban las inflación (en particular los precios de la carne vacuna), por eso decidió poner el ojo sobre la venta externa del maíz, argumentando además que había dificultad para conseguir ese cereal por parte de algunas cadenas que lo utilizan como materia prima en el país. La queja que llegó a Casa Rosada fue concretamente de “los polleros”, pero a poco de andar se observó que había maíz suficiente para empalmar con la nueva campaña que está empezando ahora a cosecharse. La información, que al parecer no disponía el Ministerio de Agricultura, más la reacción de las entidades del campo y los representantes de la cadena del maíz llevaron a recalcular al Gobierno, que finalmente desactivó el bloqueo de exportaciones y habilitó nuevamente el comercio internacional del maíz. Pero dejó una alarma encendida en la agroindustria, que imaginó que la Nación no iba a demorarse en volver sobre esas ideas en algún momento.

El año comenzó con la idea de bloquear la venta al exterior de maíz, al que le apuntó el Gobierno por la suba de la carne. Después dio marcha atrás.

Y este fin de semana Paula Español, la secretaria de Comercio Exterior que se sienta en la silla que en su momento ocupó Guillermo Moreno, volvió a referirse al precio de la carne y volvió a hablar de la posibilidad de frenar exportaciones; esta vez, directamente de los cortes vacunos. “Hay determinados incrementos o presiones de precios que, si seguimos viendo este tipo de comportamientos especulativos, no nos va a temblar el pulso a la hora de cerrar las exportaciones de carne”, dijo la funcionaria, quien también señaló un posible aumento de retenciones. La fuerte escalada del precio de la carne es una realidad incontrastable. En el último año dio un salto que casi duplica su valor y al interior de la cadena hay sectores que aún reclaman por la pérdida de rentabilidad, como los feedloteros, que desde hace meses atraviesan una ecuación compleja.

Pero la medida que anticipó Español se parece a la que se tomó en marzo de 2006. En aquel momento, bajo el mismo argumento de controlar los precios de la carne, se anunció el cierre de exportaciones. El país estaba llegando a las 800 mil toneladas anuales. En los años siguientes, cuando se abrieron parcialmente las ventas al mundo, el promedio anual fue de apenas un 25% de aquella cifra. Allí también nacieron los ROE y las denuncias contra la Onnca, básicamente porque para vender al mundo había que conseguir un permiso de las autoridades del momento. Y eso generó innumerables quejas por las arbitrariedades que habilita un esquema en el que no todos corrían con las mismas ventajas.

Pero, además de eso, las entidades del agro fueron advirtiendo que, ante la imposibilidad de exportar y volcar toda la producción al mercado interno, los precios en un primer momento bajaron y la política tuvo su resultado positivo. Pero eso duró apenas un momento. Al poco tiempo, la abundante oferta de carne que llevó a recortar los precios de las pizarras empezó a limitarse hasta que al cabo de unos años el rodeo nacional perdió más de 10 millones de cabeza de ganado. El mercado se ajustó por el lado de la oferta y finalmente los precios empezaron a subir luego otra vez, sólo que con una cantidad de cabezas mucho menor a nivel nacional.

En el plano internacional, mientras tanto, los mercados que la Argentina dejó por decisión propia fueron ocupados naturalmente por competidores que celebraron las decisiones nacionales. Avanzaron países como Uruguay y Paraguay, por ejemplo, colocando su mercadería en destinos que eran argentinos.

Freno a las exportaciones, controles de precios, precios máximos y otras medidas adoptadas en los últimos 15 años no dieron resultado.

Cuando el fracaso de las decisiones se advirtió ya era demasiado tarde. Comenzar a revertir el cuadro implicó mucho tiempo e inversión, que esta vez debía creer que no iba a ocurrir lo mismo al final del camino.

Tal vez Río Cuarto tenga en este capítulo un ejemplo claro. El Frigorífico Río Cuarto había decidido sumarse al tren de los exportadores del país. Incluso colocaba cuota Hilton en Europa a mediados de la década anterior. La inversión en infraestructura había sido relevante para poder cumplir con los estándares exigidos en los diferentes mercados y, especialmente, el europeo. Aquel cierre de las exportaciones marcó para la planta de Río Cuarto el fin del sueño exportador. Trece años más tarde y de la mano de un contexto internacional óptimo para seguir afianzando y recuperando el terreno perdido, la planta, ya con nuevos dueños, volvió a apostar por las exportaciones y retomó las inversiones para actualizar las instalaciones y que puedan ser aprobadas por las autoridades de Senasa y llegue así a integrar las listas de frigoríficos exportadores de carne vacuna. Hace un mes, confirmaron la habilitación para empezar a enviar los contenedores. Pero este fin de semana los dichos de Español volvieron a provocar el temor de que el camino termine en el mismo final.

¿Habrá sido sólo una advertencia de la funcionaria para intentar poner límite a la escalada o efectivamente será una medida que podría adoptarse? ¿No hay otra respuesta posible por parte de los funcionarios para intentar controlar la inflación? Si algo está claro a esta altura es que las medidas adoptadas desde 2006, en cinco gobiernos, no dieron resultado.

Gonzalo Dal Bianco. Redacción Puntal