Opinión | reclamos

Una lección de la historia de absoluta actualidad

En un momento en que la renovación, con matices, de la estrategia seguida con vistas al llamado "achatamiento de la curva" podría incrementar los reclamos de un pronto "regreso a la normalidad", resulta oportuno apelar a las enseñanzas dejadas por la última experiencia equivalente atravesada por la humanidad, la frecuentemente recordada por estos días gripe española que asoló buena parte del planeta hace poco más de un siglo.

Aun cuando las medidas adoptadas para extender en el tiempo los contagios de Covid-19 siguen gozando de un respaldo mayoritario entre la población, está claro que los daños ocasionados por la parálisis económica, además del natural desgaste producido por el confinamiento, están llevando a un aumento de los reclamos de que se acelere un eventual “regreso a la normalidad”. En un momento en que la renovación, con matices, de la estrategia seguida con vistas al llamado “achatamiento de la curva” podría incrementar el fastidio en ese sentido, resulta oportuno apelar a las enseñanzas dejadas por la última experiencia equivalente atravesada por la humanidad, la frecuentemente recordada por estos días gripe española que asoló buena parte del planeta hace poco más de un siglo.

Artículos periodísticos y reseñas históricas se han referido, en particular, a un episodio ocurrido en la ciudad norteamericana de Filadelfia en septiembre de 1918, cuando un desfile masivo, celebrado desoyendo las advertencias de las autoridades sanitarias locales sobre la peligrosidad de la epidemia en curso, provocó un verdadero colapso de los recursos sanitarios, con miles de muertos en pocos días. En términos generales, la gripe española resultó sumamente instructiva en cuanto a cómo lidiar con desafíos de ese tipo, porque las ciudades que apenas asomaron los primeros casos tomaron medidas como cuarentenas, suspensión de clases, cierres de teatros e iglesias, etc, terminaron con muchos menos víctimas fatales que aquéllas que intervinieron más tardíamente.

Aun cuando no sería prudente sacar conclusiones definitivas mientras la actual pandemia está en curso, habría que ser muy necio para negar los indicios de que algo muy similar está ocurriendo ahora. Y tampoco parecería razonable desoír la advertencia de que aquellos que acertaron al actuar con prontitud y diligencia todavía están a tiempo de despilfarrar los logros acumulados si se apresuran en festejar antes de haberlos consolidado.

Desde luego, quienes han comenzado a abogar por una salida del aislamiento obligatorio no sugieren hacerlo con un desfile de 200 mil personas como el que provocó una catástrofe en Filadelfia hace un siglo. Si bien la idea aparece menos descabellada de lo que debería, teniendo en cuenta que en los Estados Unidos y en Brasil, por ejemplo, multitudes han salido a la calle para reclamar contra las cuarentenas, alentados incluso por líderes políticos de sus países, afortunadamente la Argentina aparece hasta ahora como ajena a esa clase de irracionalidad. Pero en un sentido más amplio, la lección es que un eventual aflojamiento del torniquete debe ser llevado a cabo extremando la cautela, porque han sido muchos los sacrificios realizados para mantener controlada la propagación de la enfermedad, como para arrojarlos ahora por la borda debido a un apresuramiento inoportuno.

En ese marco, cabe esperar que los reclamos de quienes se sienten cada vez más acorralados por la situación sean, siempre, escuchados por las autoridades, y atendidos en la medida de lo posible; pero también denegados cuando comprometan el interés público, dentro del cual la salud y la vida de la población han sido juiciosamente definidas como prioritarias. Y aún son vulnerables a un abandono demasiado rápido de las políticas cuyos resultados, paradójicamente, han estimulado a muchos a pensar que ya ha llegado la hora de ir dejándolas de lado.