El primer rascacielos que tuvo Río Cuarto cumplió 70 años de existencia. Se trata del Grand Hotel, ubicado frente a la plaza Roca, sobre calle Sobremonte. A pesar del paso de los años y de los cambios que se han dado a lo largo de siete décadas en la ciudad, el notable edificio se mantiene en perfectas condiciones, por lo que sigue siendo un símbolo del Imperio, tanto desde el punto de vista arquitectónico como en lo que refiere a la prestación de servicios a los visitantes.
El imponente Grand Hotel, de seis pisos, fue inaugurado el 17 de enero de 1953 y, en ese entonces, contaba con 60 habitaciones. Se levantó en el predio en el que durante un tiempo funcionaron dependencias municipales y fue el puntapié inicial para que después surgieran otras torres.
Al respecto, el coordinador del Archivo Histórico Municipal, Omar Isaguirre, recordó a Puntal que allí estuvo parte del edificio de la vieja Municipalidad y que, mucho antes, había estado el Cabildo de la Villa de la Concepción.
Con el Palacio de Mójica en funcionamiento y la necesidad de reunir fondos, la Comuna procedió a vender las propiedades, lo que posibilitó el desarrollo del proyecto del hotel.
Laura Rivera, propietaria del Grand Hotel Río Cuarto, destacó a Puntal que el edificio fue diseñado y construido para funcionar como hotel, por lo que tanto la construcción como le empresa están cumpliendo 70 años de vida.
“Es uno de los más antiguos de la ciudad. Hoy somos la quinta administración, ya que fue cambiando de propietarios a lo largo de los años. El edificio está igual. Se ha preservado la fachada, a excepción de la planta baja, que ha variado en cuanto a los usos. Me he ocupado de rescatar muchos elementos para lograr su preservación. El interior del hotel ha sido remodelado, pero la estructura de pasillos anchos y de salas grandes se mantiene. Tenemos habitaciones grandes y familiares, algo que nos distingue”, comentó Rivera.
-Además de la cuestión arquitectónica, el hotel cuenta con importantes obras de arte que se exhiben en el lobby…
-Claro, esas obras estaban distribuidas en los pasillos de los pisos y yo decidí ponerlas todas juntas en la planta baja. Hay muchos trabajos del maestro Héctor Otegui. Mi padre tenía una muy buena relación con él. Hay también obras de otros pintores de Río Cuarto y de Córdoba. Además, durante muchos años, en una de las habitaciones del hotel vivió don Juan Filloy. Estuvo varios años.
-Un dato no menor es que como hotel han podido sortear distintas crisis, como la que se generó durante la pandemia, por ejemplo…
-Fue un gran desafío desde lo económico y lo financiero. Tenemos un gran equipo de trabajo y estuvimos todos juntos. Entendimos que era un momento de la historia y que iba a pasar. Si llevábamos más de seis décadas, cómo no íbamos a superar la pandemia. Desgraciadamente, se perdieron muchos hoteles en el país.
-¿Por qué cree que la gente elige hospedarse en el Grand Hotel?
-Por su ubicación y la comodidad. Nosotros tenemos clientes de años que vienen y se sienten como en su casa. Es más, vienen y piden una habitación en particular, no reservan cualquier habitación, piden por una determinada. Somos un hotel familiar y acogedor.
Otro espacio emblemático
Al lado del ingreso al hotel, en la planta baja del edificio, durante años funcionó una emblemática confitería de Río Cuarto: Fontainebleau.
Actualmente, allí funciona una farmacia. Antes, estuvo el bingo y, previo a la llegada del café, hubo un restaurante.

