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Los senadores sí, las universidades no

Mientras los representantes de la Cámara Alta se aplicaron un aumento mediante el “Proyecto 615/24” en apenas 54 segundos, las casas de altos estudios y la mayoría de los argentinos atraviesan un momento extremo por falta de recursos

Mientras gran parte de los argentinos intenta sostener una pelea desigual por llegar al final de cada mes y no fracasar en el intento, con un frente virulento que no cesa de lanzar aumentos en el costo de vida desde todas las direcciones, la semana pasada recibieron una estocada que los golpeó en la línea de flotación: en 54 segundos los senadores de la Nación decidieron aumentarse los ingresos hasta los $4,5 millones en mano en un acto de máximo desapego respecto a la temperatura de la calle y las extremas dificultades económicas que viven la gran mayoría de los hogares, que desde hace meses entraron en una carrera, por ahora sin fin, para recortar gastos.

Como si no estuvieran al tanto de la realidad, no tan solo económica, sino también política, los representantes de las provincias apoyaron una moción que tuvo como impulsor principal al salteño Juan Carlos Romero, quien fuera senador nacional, tres veces gobernador de su provincia y luego senador nuevamente hasta la actualidad sin interrupción alguna.

De acuerdo a datos de la Tesorería General de la Nación, en el primer trimestre hubo un incremento del 180% en las transferencias a las universidades.

El autoajuste paritario que aplicaron los senadores desató un cúmulo de reacciones y puso más que nunca el foco sobre la realidad de la Cámara Alta del Congreso. No tardaron en aparecer los listados de los 1.324 asesores que suman los 72 legisladores a razón de 18 cada uno. En ese marco, hay quienes tienen más de 40, mientras otros aparecen sólo con 6 o 7. Como un bumerang, el aumento se volvió contra el propio Senado no tan solo por el nuevo salario que representa unas 17,5 jubilaciones y unos 8 haberes del promedio de los trabajadores registrados.

Pero incluso el principal cuestionamiento, más allá de que para algunos pueda parecer excesivo e incluso se lo analice en función del trabajo realizado en el último año, no es el monto que tendrán en el cajero automático cada mes, sino especialmente el sentido de la oportunidad. ¿La política perdió la sensibilidad?

El porcentaje de la población argentina de 25 años y más graduada en el año 1970 era de apenas el 1,7%, mientras que en el Censo 2022 alcanzó el 18,5%.

¿Cómo la política que tiene como finalidad el transformar para mejor la vida de los ciudadanos puede tener tamaña desconexión con el contexto?

Pero además, resulta aún más inexplicable en este momento histórico, cuando desde el oficialismo apuntan todos los cañones contra las prácticas de la casta. Parece una suerte de autoflagelo, ahora desde una mirada política. Fue una razón que el Presidente y un batallón de tuiteros aprovechó para fustigar una vez más a los representantes de otras fuerzas políticas que acompañaron la votación afirmativa del aumento bajo el argumento: “La casta lo hizo de nuevo”.

Pero hay un hecho más que ocurrió en el recinto durante esos segundos: ninguno de los senadores que no acompañó la autoparitaria se plantó para rechazarla. Los que no se sumaron quedaron en silencio, mezclados entre los que levantaron la mano con decisión y los que lo hicieron de forma culposa.

Lo que no dijeron en el momento, luego intentaron justificarlo en cuanto espacio tuvieron. Pero ya era tarde. El sistema de votación a mano alzada dejó además sin registros sobre los nombres que estuvieron a favor y en contra. Sólo se dijo que resultó afirmativo y se terminó la sesión. De hecho, también surgió la polémica sobre quiénes votaron en un sentido y en otro, sin claridad absoluta hasta aquí.

Pero no sólo la actitud del Senado contrasta con lo que ocurre en la calle a los argentinos, a las pymes, a los comerciantes, que resisten el vendaval sin ver por ahora luz al final del túnel. También instituciones como las universidades nacionales atraviesan un momento delicado por los recortes presupuestarios. Inclusos aquellos rectores o rectoras que comenzaron con mucho cuidado su vínculo con el gobierno nacional, intentando bajar el tono a las críticas, no tuvieron más margen y se plegaron a las voces mayoritarias que reclaman más fondos para funcionamiento de las casas de altos estudios.

Vale recordar que mañana habrá, con seguridad, masivas marchas en todo el país en defensa de las casas de altos estudios y en contra de la política presupuestaria que el gobierno de Javier Milei dispuso para las universidades. Es una fibra sensible la de las casas de altos estudios que en muchas ciudades y provincias tienen asociada una imagen de oportunidad de progreso. “La Docta” tiene a fuego su apodo, por lo que implica la Universidad Nacional de Córdoba para la provincia y para buena parte del norte argentino. La Universidad Nacional de Río Cuarto tiene, en la comunidad, un apego que va más allá de la ciudad y es claramente regional, incluyendo a provincias vecinas. Lo mismo con la Universidad Nacional de Villa María, aún con su “juventud”, implicó un cambio radical en la ciudad y la zona.

Esto no implica, como lo remarcó el reelecto decano de Económicas de la UNRC, Guillermo Mana, que todo funcione bien y que no haya nada que revisar. Claramente en este marco plagado de dificultades, seguramente las universidades también tengan deberes pendientes, especialmente a la hora de fijar prioridades y sostener gastos innecesarios. Pero en el fondo, el debate debe dejar saldada la discusión sobre la relevancia de la educación superior como una herramienta estratégica para el futuro de la Nación. Algo que en algún momento estuvo a salvo.