Vivimos en un entorno donde hablar de SEXO, suele dar desde vergüenza y pudor hasta pánico.

Nos pasamos el día mandándonos mensajes a través de las redes sociales, con un intenso contenido hipersexualizado, miramos pornografía mainstream a escondidas y en tertulias improvisadas hablamos frívolamente acerca de posturas, tamaños, noches de maratones sexuales y orgasmos inolvidables. Y tal como dice un conocido refrán: “Hazte fama y échate a dormir”, así creamos nuestro propio personaje, que muy poco se parece a la imagen real de nosotros y nosotras mismas.

Y cuando toca mirarnos fijamente al espejo y pasearnos por las estancias donde habitan nuestros miedos, solemos blindarnos con muros infranqueables, para ocultar secretos, frustraciones y deseos negados, que nos hacen demasiado vulnerables y ponen en riesgo nuestro encaje en patrones de normatividad, que tienen que ver más con lo externo que con lo interno.

Usamos chistes para teñir la vergüenza y tapamos los miedos. Y entonces…¿cómo accedemos a nuestro propio goce en medio de un goce impuesto donde lo que vale son los cuerpos esculpidos, los tamaños de penes y pechos, las funcionalidades, la juventud y los multi-orgasmos?

Me pregunto cómo acceden quienes no pueden superar los cánones impuestos en los que la vejez no es funcional, me pregunto si tener más de 50 años es estar fuera de mercado y si hay alguna discapacidad no sos sexuado, finalizando que habitar un cuerpo que no entra en el estereotipo de belleza es no ser digno de ser mirado.

Y sumado a esto, si orienta su deseo hacia caminos no tan ortodoxos como son la heterosexualidad, el matrimonio, la familia o la maternidad… bueno, te acaban convirtiendo en un ser periférico, en el “raro”, en la amiga “solterona” o en el “desviado”… Si esto continúa así, tenemos CERO derecho al goce y nuestra salud sexual está en rojo, tenemos que cargarle un buen combustible. Allí vamos, carguemos super erótica!

Primero, empezar a conectar con nuestro ser sexuado y sexual, con la integralidad de quien soy más allá de la normalidad impuesta, porque para disfrutar sexualmente hay que aprender a hacerlo. Conocer nuestro cuerpo y nuestras zonas de placer, autoestimularnos y usar objetos si lo deseamos, en fin, darnos permiso!

Segundo, trabajar traumas –si los hay- en relación con la sexualidad, revisar críticamente también los mensajes recibidos de nuestra familia y del entorno sobre la sexualidad y el disfrute. Sacar de nuestras vidas todos los condicionantes que nos impidieron abrirnos al disfrute.

Tercero, cuidar la salud con hábitos alimenticios, actividad física y baile, hacer yoga para reducir el estres y no ingerir sustancias nocivas en nuestro cuerpo, porque la sexualidad es todo lo que somos.

Cuarto, experimentá, fantaseá, animate a soltar la mente de restricciones y pone tu mente en modo erótico. Indagá, leé artículos y relatos eróticos, mirá cortos eróticos que te gusten y proponé en tu encuentro sexual algunas novedades.

Quinto, jugá, reíte y soltate. Que el encuentro sexual con vos y con otra persona -cuando lo desees- sea libre y relajado. Que puedas animarte a divertirte y permitirte así gozar, más allá del resultado.

¿Qué es importante en el encuentro íntimo y erótico? Más allá de las múltiples prácticas que hagamos, lo importante es la conexión con nosotros, nosotras y con la otra persona con la que estemos. ¿Acaso es más íntimo un beso que un coito?, ¿una mirada que una masturbación?

Lograr la INTIMIDAD, que nos conecta con la otra persona, desde la quietud de nuestra piel y desde gestos tan simples como apoyar nuestras frentes, respirarnos boca con boca o simplemente sentir la profunda cercanía de otro ser humano que nos acaricia más allá de la piel; una sesión de ternura y de caricias, pueden agitarnos el alma hasta un clímax desconocido.

Entrar en conexión es sentir que el ritmo, el acople y que los cuerpos se balancean con suavidad y en armonía sin bombear como máquina expendedora.

Hay algo más allá de los cuerpos, de las mentes y de los sexos, que nos une y nos conecta con la vida y con el flujo del compartir.

¡Menos penetración y más conexión! Que tu vida sea sexualmente libre y placentera

(*) Sexóloga Clínica y Educativa | MP 22-1773