Un informe del INTA advirtió sobre los riesgos de compactación del suelo en la región pampeana por el tránsito de maquinaria durante la cosecha en períodos húmedos, como ocurre en el ciclo actual.
La situación podría afectar entre 3 y 4 millones de hectáreas y, si no se implementan prácticas adecuadas, provocar pérdidas de rendimiento de entre 8 y 10 quintales por hectárea, según el cultivo.
El trabajo fue elaborado por Silvina Bacigaluppo, de la EEA Inta Oliveros, y Guillermo Gerster, de la EEA Inta Marcos Juárez, quienes analizaron el impacto del tránsito de maquinaria en condiciones de piso desfavorables y propusieron estrategias para reducir ese efecto y recuperar ambientes compactados.
“Cuando se trabaja con exceso de humedad, se altera la estructura del suelo y ese efecto puede trasladarse a las campañas siguientes”, advirtió Bacigaluppo. Es que el paso de cosechadoras, tolvas y equipos de transporte reduce la porosidad, limita el crecimiento de las raíces y afecta la movilidad del agua y de los nutrientes. También puede resentir la actividad biológica del suelo, e incluso procesos clave como la nodulación en soja, según remarca el informe.
Además, explica que en años con otoños húmedos, la superficie alterada por el tránsito de las ruedas puede superar el 40% del área total del lote, especialmente cuando intervienen tanto la cosechadora como las tolvas autodescargables. “Cuando estas situaciones se repiten campaña tras campaña, pueden formarse capas compactadas en profundidad que restringen el desarrollo radicular y condicionan los rindes”, señaló Gerster.
Para dimensionar la magnitud del problema, citó resultados de ensayos realizados por el Inta en el sur de Santa Fe y el sudeste de Córdoba, donde se registraron mermas promedio de 8 quintales por hectárea en soja, 10 quintales en maíz y 6 quintales en trigo en los sectores afectados por compactación.
Estrategias para reducir el impacto
Frente a ese escenario, los técnicos del INTA también propusieron estrategias para reducir el impacto del tránsito sobre el suelo, aun en campañas en las que las condiciones climáticas acotan el margen de decisión.
Una de las recomendaciones es mejorar el sistema de rodados para distribuir mejor la carga y disminuir la presión sobre el terreno. “El uso de neumáticos de mayor tamaño o cubiertas radiales permite aumentar el área de contacto entre la rueda y el suelo”, explicó Bacigaluppo.
Otra alternativa es ordenar la circulación dentro del lote para achicar la superficie afectada. Gerster señaló que “una estrategia efectiva es definir sectores específicos de circulación para las tolvas autodescargables o incluso evaluar la descarga en cabeceras”.
El trabajo del Inta también destaca el aporte de las herramientas de agricultura de precisión para reducir superposiciones y la cantidad de pasadas sobre el lote. A eso se suma la conveniencia de evitar el ingreso de camiones al campo por la alta presión que ejercen sobre el suelo.
Por último, cuando el estado del cultivo y el pronóstico lo permiten, recomendaron postergar la cosecha hasta que el lote recupere capacidad de soporte.
Cómo recuperar suelos compactados
Cuando la compactación ya ocurrió, la recuperación del suelo requiere una estrategia de manejo que combine diagnóstico y rotación de cultivos.
La labranza profunda puede ser una alternativa en algunos casos, aunque su uso debe definirse a partir de un diagnóstico previo. “Su efecto suele ser transitorio si no se acompaña con cambios en el sistema productivo”, subrayó Bacigaluppo.
En ese proceso, la incorporación de gramíneas en la rotación ocupa un lugar central. Cultivos como trigo, avena o cebada, sobre todo con una fertilización adecuada, ayudan a recomponer la estructura del suelo y a recuperar porosidad a partir del crecimiento radicular y del aporte de materia orgánica.
Gerster señaló que “los esquemas que combinan gramíneas de invierno y verano presentan suelos con mayor estabilidad estructural y, en general, logran rendimientos más altos y más estables a lo largo del tiempo”.
El informe también advirtió que los planteos dominados por monocultivo de soja son más sensibles a la compactación generada por el tránsito. Por eso, insistieron en la necesidad de cuidar la estructura del suelo, como una inversión estratégica para sostener la productividad y preservar la calidad física del recurso a largo plazo.

