Quien habla con Salud & Ciencia es la doctora Paola Desiervi (M.P. 30937- M.E. 20266), directora de la Clínica Philippe Pinel (exFundadic) e integrante del equipo de profesionales de la Clínica de la Familia.
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Para Desiervi, es importante que ante la advertencia de indicios en familiares o allegados que puedan estar atravesando un cuadro depresivo podamos acercarnos y preguntarles: ‘¿En qué te puedo ayudar?, ¿estás pensando cosas negativas?, contáme, para ver si yo puedo acompañarte”.
"Está demostrado que cuando la persona que está pensando en suicidarse, lo puede verbalizar o lo puede poner en palabras, la intensidad de esa emocionalidad, cede. No vamos a decir que desaparece solamente por contarlo, porque si no sería muy simple, pero sí disminuye la intensidad en la emocionalidad”, señaló la profesional de la Psiquiatría.
Para añadir: “Por todo esto es que consideramos que hablar de suicidio sí es importante”.
-Entonces, el abordaje social del suicidio puede ser positivo…
-Durante mucho tiempo se transmitió que los medios de comunicación no tenían que hablar de suicidios con el argumento de que “el suicidio se contagia”. Y sí, es verdad que cuando hay un adolescente que concreta el suicidio, su grupo cercano, si tiene amigos, compañeros o alguien de la familia que ya viene con ideas de suicidio, puede llegar a repensarlo e incluso con más intensidad. Pero hay situaciones en las que todo el entorno queda conmovido por tal situación y a veces no hablarlo es peor, porque uno también tiene que ver cómo están las emociones de esos compañeros, de esa familia, de esa novia o de ese novio, o de los hermanitos. Uno tiene que ver cómo están las emociones. Y si bien lo que se trata es de que en la adolescencia no se ponga en un pedestal a la persona que terminó con su vida o como la víctima más grave que “dejó de sufrir”, lo que implicaría romantizar el suicidio. Pero si se intenta hablar, de decir: “¿Qué le puede haber pasado?, ¿dónde se puede pedir ayuda?, ¿cómo puedo hacerlo?, ¿cuáles son las herramientas que tenemos al alcance en el colegio, en la familia?”. Existe un sitio web denominado CAS (Centro de Asistencia al Suicida), de Buenos Aires, que ofrece números de teléfono para este tipo de interrogantes. También hay mucha bibliografía para leer, en definitiva, hay un montón de herramientas que nos pueden ayudar, por lo menos, a poner en palabras la situación. Probablemente eso no vaya a evitar que los pensamientos negativos estén, pero por lo menos pueden aliviarse un poquito.
-¿Hay indicios que puedan alertar el estado de una persona propensa al suicidio?
-La tristeza, el retraimiento o el hecho de no disfrutar de las actividades, son indicios de un cuadro depresivo. No es que uno puede saber cuándo la otra persona va a intentar suicidarse pero si hay antecedente familiar o un antecedente personal de haberse auto agredido o de haberlo intentado, eso es un signo que tenemos que tener en cuenta a futuro, porque generalmente puede volver a repetirse el intento o la auto agresión. Eso es bastante frecuente en personas que ya intentaron alguna vez, uno tiene que estar un poquito más atento y nunca minimizarlo. A veces se comete el error de decir: “Quiere llamar la atención” y, si bien muchas veces puede ser que alguna persona quiera llamar la atención, nunca tenemos que minimizarlo porque en ese llamado de atención algo puede salir mal y terminar con la vida. Entonces es importante que prestemos atención, que tratemos de escuchar, que tratemos de acompañar y que también tratemos de no juzgar. Porque no es que la persona se quiere suicidar porque no quiere poner voluntad: muchas veces el suicidio es querer ponerle fin al sufrimiento, y no otra cosa.
-¿La exposición en redes sociales va en desmedro de la decisión de acabar con la vida?
-Yo te diría que no tiene una relación directa, pero que sí pueden influir. Las redes sociales hoy son una influencia sobre todo en los adolescentes. Si hacen una publicación y esa publicación es criticada y el adolescente ya estaba con una idea de que no sirve, que no hace las cosas bien, y eso es machacado en las redes sociales, puede ser un desencadenante. Pero generalmente, para que haya un desencadenante tiene que haber antes una predisposición. Por eso digo que las redes sociales pueden influir negativamente, no es que van a empujar a alguien a que se suicide, lo que sería un caso muy extremo, pero sin duda pueden influir de manera negativa como también pueden influir de manera positiva. No demonicemos las redes porque tienen muchas cosas lindas, hay mucha información de autoayuda, videos que uno puede compartir inclusive a una persona que esté depresiva y le levante el ánimo.
-¿Cómo se aborda un caso en donde la persona tiene asumida la decisión?
-En esos casos se requiere la internación del paciente, porque generalmente las familias no están preparadas para contenerlo o no pueden estar 24 horas al lado de la persona para cuidarla y sacarle del alcance todas las cosas que puedan ser un riesgo. Cuando la ideación suicida está instalada, se requiere de una internación en una institución neuropsiquiátrica que pueda contener al paciente. Ahí se puede abordar desde varios puntos de vista: desde el punto de vista farmacológico, porque uno puede ser más incisivo y precisar las dosis diariamente para obtener una respuesta rápida. Allí hay contención, tanto de médicos, de psicólogos como del equipo de enfermería, que están las 24 horas con el paciente y que están preparados para contener emocionalmente algo que a veces el entorno cercano no lo está. Y no es que esté mal que la familia no esté preparada para contener una ideación suicida.
-¿Cuáles serían los consejos que puede darle a las personas que adviertan indicios de un posible caso?
-Lo importante es pedir ayuda. Muchas veces cuesta que el paciente que tiene la ideación realice una consulta por iniciativa propia, pero puede ir a consultar otra persona y así se adquiere al menos una orientación respecto a qué hacer o dónde asistirlo, dónde podría internarse, si lo requiriera o no, o saber si puede ir un psiquiatra a verlo a su domicilio. Es decir, hay un montón de alternativas, pero se tienen que acercar al sistema de salud porque si se desconoce el caso, no se puede hacer nada. Entonces, hay que acercarse al sistema de salud por cualquiera de las vías: consultar con una psicóloga, con un psiquiatra o con un médico, pero lo más importante es hacer una consulta.