El estudio se titula: “Buscar y recibir ayuda pedagógica en tiempos de Inteligencia Artificial Generativa. El rol de la competencia digital del estudiantado universitario”. Lo dirige Analía Claudia Chiecher, doctora en Psicología, licenciada en Psicopedagogía, investigadora del Conicet y docente de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Río Cuarto. Y participan científicos sociales e ingenieros de la Universidad Nacional de Tucumán y de la Universidad de Baja California.
La investigación tiene tres etapas. Primero, miden el nivel de competencia digital de los alumnos con un test especializado. Luego, en el marco de distintas asignaturas, les proponen resolver tareas académicas donde deben usar la IA y analizan los registros de sus conversaciones con la herramienta. Con posterioridad, relacionarán ambos conjuntos de datos: el nivel de competencia digital y las características de sus pedidos de ayuda a la IA. Y, sobre la base de los resultados, prevén diseñar intervenciones orientadas a enseñar a formular mejores instrucciones y ser más críticos.
Los hallazgos preliminares refuerzan la necesidad de incorporar la alfabetización en IA y el desarrollo de la competencia digital como parte de la formación universitaria. “Estas herramientas llegaron a las aulas muy rápidamente, mucho más rápido de lo que la investigación ha podido analizar sus efectos. Hoy millones de estudiantes las utilizan para aprender, pero todavía sabemos poco sobre cómo influyen en sus formas de estudiar, pensar y construir conocimiento”, indica Chiecher, integrante del Instituto de Investigaciones Sociales, Territoriales y Educativas (ISTE) de doble dependencia CONICET-UNRC.
Su estudio acaba de ser seleccionado para recibir un financiamiento de 20 millones de pesos en el marco de la convocatoria Conicet PIP 2025-2027. La doctora Chiecher, que se especializa en Psicología educacional y aprendizaje en contextos virtuales, señala: “La búsqueda de ayuda es una estrategia clave del aprendizaje autorregulado, que implica reconocer una necesidad, formular preguntas pertinentes, seleccionar fuentes confiables y evaluar críticamente las respuestas”.
“Tradicionalmente ocurriría entre estudiantes, docentes o pares, pero la irrupción de la Inteligencia Artificial Generativa transformó estas dinámicas, abriendo posibilidades y desafíos”.
“En este contexto, la competencia digital -concebida como la capacidad de utilizar herramientas digitales de forma segura, ética y crítica- se vuelve decisiva”.
“Analizar su vínculo con la Inteligencia Artificial Generativa permitirá establecer si un mayor desarrollo de esta competencia se traduce en un mejor aprovechamiento de la tecnología”, explica la investigadora social.
¿Para cuándo se esperan los resultados del estudio?
El proyecto de investigación está pensado para una ejecución en tres años, desde 2025 hasta 2027. Disponemos ya de algunos datos y análisis preliminares que están en proceso de ser publicados. Entre los primeros hallazgos se observa que mayormente los estudiantes universitarios relevados están en un nivel intermedio de competencia digital, formulan prompts -instrucción, pregunta o conjunto de datos que se le escribe a un sistema de inteligencia artificial para guiar su respuesta o acción- que podrían mejorarse incorporando elementos básicos de una buena instrucción y utilizan un limitado repertorio de herramientas de IA. Si bien estos datos y análisis iniciales permiten delinear algunas tendencias, los resultados finales y el análisis global más fuerte se esperan para el tercer año de ejecución.
¿Se logró avanzar, obtener hallazgos valiosos?
Sí. De hecho, aunque el proyecto está en desarrollo, ya obtuvimos resultados preliminares muy valiosos. Encontramos que la mayoría de los estudiantes utiliza la IA para estudiar, pero lo hace principalmente para buscar explicaciones o resolver dudas, y mucho menos para tareas más complejas de creación de contenido. También observamos que su competencia digital suele ubicarse en un nivel intermedio y que, aunque se perciben seguros usando estas herramientas, sus prompts pueden mejorar significativamente con una breve intervención formativa. Esto demuestra que la capacidad para dialogar con la IA puede enseñarse y aprenderse. Los hallazgos preliminares refuerzan la necesidad de incorporar la alfabetización en IA y el desarrollo de la competencia digital como parte de la formación universitaria.
¿Por qué es necesario conocer la competencia digital del estudiantado?
Es una competencia clave, necesaria, para cualquier ciudadano de hoy, para poder insertarse tanto social como laboralmente en el mundo actual. En este tiempo, casi todas las actividades están mediadas por tecnologías. Por ejemplo, comprar un pasaje para viajar, hacer un plazo fijo, sacar un turno médico, buscar información sobre un tema o comunicarse con un familiar que está en otro continente, son actividades que, como muchas otras, hoy pueden realizarse a través de herramientas digitales.
Hoy en día, no basta con saber “usar” el celular o las redes sociales para el ocio, para jugar o para entretenerse, que es lo que más frecuentemente hacen los jóvenes y adolescentes con habilidad. También es muy importante saber usarlas para aprender; y aquí es precisamente donde los estudiantes muestran en general falencias.
Se los llama ‘nativos digitales’ porque nacieron en la era de las tecnologías y las usan entonces para el ocio y el entretenimiento, pero no lo saben todo cuando se trata de usarlas de manera segura, ética y crítica para aprender. Entonces, si conocemos el nivel de desarrollo de su competencia digital, podemos ayudarlos a pasar de ser simples usuarios a ser estudiantes que aprovechan la tecnología para potenciar su pensamiento y aprendizaje. En la era de la IA, esta competencia se vuelve todavía más crítica, porque estas herramientas amplían las posibilidades de aprender, pero sólo quienes poseen un adecuado nivel de competencia digital pueden utilizarlas de forma crítica, estratégica y responsable para construir conocimiento.
¿Qué se sabe respecto del uso de la IA Generativa por parte de esta población?
Sabemos que su adopción y uso es muy alto. Hay estudios realizados en distintos lugares del mundo que así lo confirman. También lo observamos a diario como docentes. Sabemos también que los estudiantes utilizan un repertorio limitado de herramientas y con finalidades también acotadas, por ejemplo, pedir explicaciones para preparar un examen, formular preguntas, solicitar ejemplos o resolución de ejercicios. Sin embargo, frecuentemente desconocen herramientas específicas de búsqueda de información u otras que podrían fortalecer su organización para el aprendizaje.
Sabemos también que algunos las usan con el objetivo de potenciar sus aprendizajes en tanto que otros sólo persiguen la meta de delegar la tarea y el esfuerzo a las herramientas de IA. Sabemos que en la escuela suele estar mal visto usar IA, pero tampoco se enseña a usarla honesta y éticamente. Sabemos bastantes cosas, pero hay mucho más por conocer.
¿Se la percibe como una amenaza o una ayuda?
Respecto de esto, hay bandos en ambos extremos. Están los tecnófilos -para quienes la IA representa una ayuda- y los tecnófobos -para quienes claramente es una amenaza-. Pensando específicamente en los estudiantes, mayormente ven a la IA como una ayuda valiosa. La asocian con conceptos como rapidez, innovación, utilidad y futuro. La tecnología no es ni buena ni mala en sí misma, no es amenaza ni ayuda por sí sola; ello depende del modo en que sea empleada.