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ACV: "Reconocer los síntomas a tiempo puede salvar una vida, pero la prevención puede evitar que ocurra"

Cada 29 de octubre se conmemora el Día Mundial del Accidente Cerebrovascular (ACV), una fecha destinada a generar conciencia sobre una enfermedad que representa uno de los principales desafíos para la salud. Desde el Servicio de Neurocirugía del Instituto Médico Río Cuarto reflexionaron sobre la importancia de la prevención y la atención temprana

Según datos de la Organización Mundial del ACV (World Stroke Organization), cada año cerca de 12 millones de personas sufren un accidente cerebrovascular en el mundo y más de 7 millones mueren como consecuencia de esta enfermedad. Así, el ACV constituye una de las principales causas de discapacidad adquirida en adultos, con secuelas que pueden comprometer la movilidad, el lenguaje, la memoria y la autonomía personal.

Si bien el ACV puede presentarse de manera repentina, muchos de los factores que favorecen su aparición se desarrollan silenciosamente durante años.

Al respecto, el doctor Gabriel Pauletti, especialista en neurocirugía y columna (MP15324 - ME5602) y miembro del Directorio del Grupo Instituto Médico Río Cuarto, quien junto con el doctor Franco Alarcón Castillo (M.P. 40626) encabezan el Servicio de Neurocirugía del mencionado centro, consideran que tal realidad les recuerda que una parte importante de los casos puede prevenirse y que, cuando la enfermedad ocurre, reconocer los síntomas y actuar rápidamente puede cambiar su evolución.

- ¿Qué es un ACV y por qué ocurre?

-El accidente cerebrovascular se produce cuando se altera bruscamente la circulación sanguínea en una región del cerebro, comprometiendo su funcionamiento. Existen dos tipos principales: el ACV isquémico es el más frecuente y representa aproximadamente el 80% de los casos, y se produce cuando una arteria cerebral se obstruye, generalmente por un coágulo, impidiendo que la sangre y el oxígeno lleguen adecuadamente al tejido cerebral. Mientras que el ACV hemorrágico ocurre cuando se rompe un vaso sanguíneo y se produce una hemorragia dentro del cráneo. Entre sus posibles causas se encuentran la hipertensión arterial, la ruptura de aneurismas cerebrales y otras alteraciones vasculares. En ambos casos se trata de una emergencia médica y la falta de circulación sanguínea o la presencia de una hemorragia pueden provocar lesiones cerebrales graves, por lo que la rapidez del diagnóstico y del tratamiento resulta fundamental. De allí surge una expresión ampliamente utilizada en medicina neurovascular, que indica que ‘el tiempo es cerebro’. Cada minuto de demora puede representar una pérdida de oportunidades para preservar la función cerebral.

Prevenir, antes de la sintomatología

Uno de los aspectos más importantes del ACV es que gran parte de sus factores de riesgo pueden identificarse y controlarse.

La hipertensión arterial es uno de los principales. También se encuentran la diabetes, el colesterol elevado, el tabaquismo, el sedentarismo, la obesidad, la alimentación poco saludable y determinadas enfermedades cardíacas, especialmente las arritmias como la fibrilación auricular.

Pauletti indica que lo preocupante de todo ello es que muchas de estas condiciones pueden permanecer durante años sin producir molestias. “Una persona puede tener presión arterial elevada, diabetes o alteraciones del colesterol y sentirse completamente sana. Por eso, la ausencia de síntomas no significa necesariamente ausencia de riesgo”, sostiene el profesional.

Realizar controles médicos periódicos permite detectar estas enfermedades, iniciar tratamientos cuando corresponda y adoptar medidas preventivas. Conocer nuestros valores de presión arterial, glucemia y colesterol, mantener una alimentación equilibrada, realizar actividad física regularmente y evitar el tabaco son acciones que contribuyen a reducir el riesgo de sufrir un ACV. “Desde el Instituto Médico Río Cuarto y las instituciones que integran el Grupo Instituto Médico, invitamos a la comunidad de Río Cuarto y de toda la región a incorporar los controles médicos preventivos como parte habitual del cuidado de su salud. Prevenir no significa esperar a tener una enfermedad para consultar, sino conocer nuestros factores de riesgo y actuar sobre ellos a tiempo”, señala Pauletti.

¿Cómo se reconoce un ACV?

El ACV suele comenzar de manera súbita. En muchas ocasiones, es un familiar o alguien cercano quien identifica los primeros síntomas.

Entre las principales señales de alarma, desde el Servicio de Neurocirugía, enumeran:

  • Desviación de la boca: aparición repentina de asimetría facial.
  • Pérdida de fuerza o sensibilidad: dificultad para mover un brazo o una pierna, especialmente de un lado del cuerpo.
  • Alteraciones del lenguaje: dificultad para hablar, pronunciar palabras o comprender lo que se dice.
  • Problemas visuales: pérdida brusca de la visión o aparición de visión doble.
  • Pérdida del equilibrio: dificultad repentina para caminar o coordinar movimientos.
  • Dolor de cabeza súbito e intenso: especialmente cuando es inusual y alcanza una intensidad máxima en pocos segundos.

Pauletti sostiene que no necesariamente se van presentar todos estos síntomas y que la aparición repentina de uno solo puede ser suficiente para sospechar un ACV.

“Ante cualquiera de estas señales, se debe solicitar inmediatamente asistencia médica de emergencia. No hay que esperar a que los síntomas desaparezcan ni administrar medicamentos por cuenta propia”, destacan.

También es importante recordar la hora en que comenzaron o, si no se conoce, el último momento en que la persona se encontraba bien. “Esta información puede ser decisiva para seleccionar el tratamiento. Incluso cuando los síntomas mejoran o desaparecen espontáneamente, es necesario realizar una evaluación urgente, ya que podría tratarse de un ataque isquémico transitorio, una señal de advertencia de un posible ACV posterior”, expresa Pauletti.

Avances en los tratamientos

Durante las últimas décadas, el tratamiento del ACV ha experimentado importantes avances gracias al desarrollo de nuevos medicamentos, técnicas endovasculares y métodos de diagnóstico por imágenes.

En el ACV isquémico, uno de los principales objetivos es restablecer la circulación sanguínea cerebral lo antes posible, evitando que la lesión continúe avanzando.

“Actualmente contamos con dos tratamientos fundamentales para determinados pacientes. La trombólisis intravenosa consiste en administrar medicamentos capaces de favorecer la disolución del coágulo que obstruye una arteria cerebral. Habitualmente se utiliza dentro de las primeras cuatro horas y media desde el inicio de los síntomas, aunque en pacientes cuidadosamente seleccionados mediante estudios de imágenes puede considerarse más allá de ese período”, señala el neurocirujano.

Para agregar: “Por otra parte, la trombectomía mecánica representa uno de los avances más importantes de la medicina neurovascular moderna. Es un procedimiento mínimamente invasivo que permite introducir catéteres a través de las arterias hasta alcanzar el vaso cerebral obstruido y extraer el coágulo mediante dispositivos especializados”.

Esta última técnica ha transformado el pronóstico de determinados ACV graves producidos por la obstrucción de grandes arterias cerebrales. En pacientes seleccionados, puede ofrecer beneficios incluso hasta 24 horas después del último momento conocido sin síntomas, dependiendo de la evaluación clínica y de los estudios de neuroimágenes.

Las guías internacionales actualizadas en 2026 han ampliado las posibilidades de tratamiento para determinados grupos de pacientes. Sin embargo, es importante comprender que estas técnicas no están indicadas en todos los casos y que ninguna ventana terapéutica justifica demorar la consulta.

“Cuanto antes se restablezca la circulación cerebral, mayores serán, en general, las posibilidades de limitar el daño y mejorar la recuperación”, resalta.

Atención rápida y especializada

El profesional considera que el tratamiento del ACV no depende solamente de los avances tecnológicos, sino también de la capacidad del sistema de salud para responder ante una emergencia.

Además, destaca que desde el primer contacto médico, es fundamental contar con una evaluación neurológica inmediata y un acceso oportuno a estudios de imágenes, principalmente tomografía cerebral y, cuando corresponde, resonancia magnética o estudios de las arterias cerebrales.

“Estos estudios permiten identificar el tipo de ACV, determinar la presencia de una obstrucción o hemorragia y seleccionar la estrategia terapéutica más adecuada. Y la atención requiere el trabajo coordinado de diferentes especialidades, entre ellas emergentología, neurología, neurocirugía, neurointervencionismo, diagnóstico por imágenes y terapia intensiva”, comenta Pauletti.

Para añadir: “En nuestra región, el Instituto Médico Río Cuarto dispone de infraestructura para la atención de patologías de alta complejidad, donde la evaluación especializada, los recursos diagnósticos y el trabajo interdisciplinario son componentes fundamentales de la asistencia médica. Esto adquiere especial relevancia para Río Cuarto y las localidades vecinas, donde una adecuada coordinación entre los servicios de emergencia, los centros asistenciales y los circuitos de derivación permiten reducir demoras que pueden ser decisivas. Frente a un ACV, no solo importa disponer de un tratamiento eficaz, sino también que el paciente pueda acceder a él en el momento oportuno”.

Reconocer y actuar

Pauletti considera que los avances de la medicina han cambiado significativamente las posibilidades de tratamiento del accidente cerebrovascular, al señalar que “hoy podemos ofrecer alternativas terapéuticas que hace algunas décadas no estaban disponibles y que permiten mejorar la evolución de numerosos pacientes”.

“Sin embargo, nuestro compromiso como profesionales de la salud debe comenzar mucho antes de que ocurra la enfermedad. Informar, promover hábitos saludables, detectar factores de riesgo y fomentar los controles médicos periódicos son herramientas esenciales para disminuir su impacto en nuestra comunidad”, sostiene.

Por último, en el marco del Día Mundial del ACV, destaca dos aspectos centrales: la importancia de la prevención y de actuar sin demora. “Controlar la presión arterial, la glucemia y el colesterol, cuidar la salud cardiovascular y mantener hábitos saludables puede reducir significativamente el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular. Estos controles son necesarios incluso cuando nos sentimos bien”, resalta el neurocirujano. Para finalizar: “Ante una pérdida repentina de fuerza, dificultad para hablar, desviación de la boca o cualquier otro síntoma compatible con un ACV, solicitar asistencia médica inmediata puede marcar una diferencia fundamental en las posibilidades de recuperación. La prevención y el tratamiento oportuno no son conceptos separados: forman parte de un mismo objetivo, que es proteger la salud cerebral y preservar la calidad de vida. La mejor manera de enfrentar un ACV es prevenirlo. Y cuando ocurre, reconocer sus síntomas y actuar a tiempo puede marcar la diferencia entre una recuperación favorable y una discapacidad que comprometa la calidad de vida”.