La fiscal de feria del distrito 3, Silvana Fernández, libró la orden judicial y además dispuso que la imputada continúe en libertad. Sumado a esto, la funcionaria ordenó allanamientos tanto en la casa de la mujer como en un departamento de un allegado de ella, los cuales se concretaron en las últimas horas. Personal de la Unidad Judicial de Delitos Económicos llevó a cabo los operativos.
Según publicaron medios locales, durante estas acciones judiciales no fue hallado el dinero buscado. Se secuestraron celulares y documentación relacionada con la acusación, mientras se espera que avance la investigación.
Una colecta millonaria y un supuesto robo que nunca existió
Carolina Porfido, una de las madres damnificadas por esta presunta estafa, brindó a Puntal la cronología de los hechos. De acuerdo a su relato, todo comenzó el 29 de agosto de 2024, cuando ella, la presunta estafadora y otro padre firman un contrato con el salón de fiestas y entregan “una cantidad de dinero que eran todas las tarjetas de los chicos y parte de tarjetas de adultos, porque era un porcentaje para poder cerrar el contrato y partir de ahí cada tres meses iba a variar el monto de la tarjeta y se iba a ir pagando”.
“La cosa es que va pasando el tiempo, todos vamos pagando.Yo me desentendí, y todo el mundo le transfería a ella, porque ella puso su número de cuenta”, cuenta la damnificada, y agrega que “confiamos plenamente, como que no acusamos recibo de que ella fue cambiando de cuenta, de que era la única que recibía el dinero, y no conversamos con el salón”.
Casi un año después, unos días antes de la fiesta (planeada para concretarse el 13 de diciembre de 2025), una mamá se comunica con el salón para llevar cotillón y comenzar a organizar la celebración. “Ahí nos enteramos que no estaba pagada ninguna tarjeta, que el único pago había sido el 29 de agosto de 2024. Fue un gran shock”, asegura.
Carolina detalla que conoce a la acusada desde que sus hijos iban a salita de 3 años. El impacto de esa noticia fue enorme. “Ese mismo día se destapa la olla y se hace una reunión. Vamos al salón, hacemos un acuerdo, el salón nos espera un poco, buscamos la vuelta, nos juntamos como 15 familias”, recuerda, y resalta que gracias a la calidad humana de ese grupo se pudo juntar casi 6 millones y medio de pesos ese día: “todas las familias pagaron, algunas que pudieron pusieron más guita que otros, son todos laburantes”.
Durante la reunión también llegaron a un acuerdo: “La fiesta se hace y nadie tiene que maltratar a la hija de la estafadora”. La mamá damnificada aseguró sentir “una profunda pena” por la compañera de su hijo, debido a “esa locura y daño” que produjo la madre al defraudar a los estudiantes y sus familias. El lunes posterior a la fiesta los padres se volvieron a reunir y se organizaron para hacer la denuncia de manera colectiva.
La mujer afectada por esta supuesta defraudación afirma que el total del monto adeudado asciende a $ 10.600.000. A casi un mes de haberse realizado la fiesta, Carolina reflexiona: “Pensamos realmente que fuimos muy confiados, realmente hemos cometido el error de no supervisar un poco, de no compartir la tarea… Fue algo que realmente estuvo para todos fuera del cálculo... Fue muy inesperado”.
Consultada por cómo fue el momento en que se enteraron del presunto robo, la damnificada puntualiza que la ahora imputada “fue muy inconsistente, porque cuando le preguntamos en esa reunión el día en que nos enteramos la mayoría, ella va pero desde un lugar muy... Sin la más mínima implicación”. A Carolina le llamó poderosamente la atención la falta de afectación de la presunta estafadora: “Yo veía sus gestos, su expresión corporal, lo que ella argumentaba, primero que era muy inconsistente, no daba explicaciones, estaba parada ahí como si nada”.
Ahí fue el momento en que todos los padres se comprometieron y se organizaron para llegar a saber la verdad de lo qué pasó, mientras del lado de la responsable sólo recibían evasivas y respuestas confusas. “Dijo que le habían robado en la esquina de su casa… A nosotros nos dijo que había sido un 2 de diciembre, a la gente del salón le dijo que había sido el 27 de noviembre. Después el abogado salió diciendo que le habían robado a la salida del banco… O sea, no resiste ningún análisis eso”, asevera.
“Fue muy horrible, muy horrible”, continúa en su relato la mamá de uno de los alumnos. Después de que se realizaron las denuncias, la acusada contrató un abogado y no respondió ningún mensaje más. Según Carolina, a los padres que llegaban a contactarse con ella sólo les decía que hablen con el letrado.
En el grupo de familiares se rompió el ambiente de confianza y compañerismo que tanto había costado construir. “Había padres que estaban muy furiosos, estaban muy enojados, muy violentos”, cuenta Carolina, y destaca que “todos nos comportamos como adultos, le pusimos el pecho, hicimos todo el esfuerzo”.
Pese a lo perdido, la mamá damnificada busca en este hecho traumático dejarle una enseñanza a sus hijos: “Más allá de la pena, la tristeza y el enojo que puede producir, no hay venganza sino justicia, que si hay una reparación aunque sea simbólica y eso lo hace la justicia, la institucionalidad”. En ese sentido, remarca que también esto sirvió para demostrarles que, pese a los problemas, todo tiene solución.