Desde hoy y hasta el próximo miércoles 4 podrá verse en el C.C. Leonardo Favio, en carácter de reestreno, 120 pulsaciones por minuto, el film francés que protagoniza el actor argentino Nahuel Pérez Biscayart, que en marzo pasado ganó el premio César en el rubro Actor Revelación.
Pérez Biscayart viene ratificando su talento en el cine nacional con obras como "La sangre brota" y "Lulú", pero de un día a otro comenzó a dejar mella en el europeo, para convertirse en 2017 en figura central de "120 pulsaciones por minuto", de Robin Campillo, que toca el tema del HIV.
El joven actor de 32 años, y que en 2003 debutó en televisión con "Disputas", nunca fue mediático; sin embargo su imagen creció muy rápido, y entre sus muchas producciones cinematográficas locales se destacaron "El aura", la transgresora "Glue", "Cara de queso", "Tatuado" y en especial la última, "Lulú".
Gracias a "120 pulsaciones por minuto" el año pasado subió al podio de Cannes junto al director marroquí-francés Robin Campillo para recibir el Premio Especial del Jurado que reconoció, a su manera, al filme que mucha crítica y público consideró la más contundente y actual de las propuestas de aquella competencia oficial.
-Télam: ¿Cómo fue que empezaste a hacer cine en el exterior?
-Nahuel Pérez Buscayart: A varias de las películas que hice en Europa llegué de maneras completamente diferentes. La primera en la que trabajé en Francia me llegó porque el director había visto "La sangre brota" que se había estrenado en París; sin embargo no hay regla, ni planificación, todo se fue configurando bastante solo, y lo único que hice fue ir tomando o dejando.
-T: Sin embargo nada es casual...
-NPB: Siempre me interesa llegar a lugares desconocidos, aprender su idioma y su cultura. Descubrirse disfrazado en sonidos raros invita a un redescubrimiento, a tocar la esencia o a encontrar nuevas personalidades en uno mismo. Si querés más detalles te puedo describir cada experiencia por separado, pero en general, no hubo un patrón común.
-T: ¿Como comenzó tu experiencia europea?
-NPB: En Francia, en 2016, protagonicé dos películas de bastante envergadura teniendo un recorrido casi nulo en el cine francés. Veo en Francia una notoria apertura a lo nuevo y un respeto del deseo genuino de los directores bastante más fuerte que en la Argentina. No es necesario hacer televisión diaria o estar expuesto por fuera de tu trabajo para poder estar al frente de proyectos grandes y de calidad. También noto que en Argentina existe esta idea cerrada de que si alguien trabaja bastante en otros lados, lo convertimos en alguien que "vive en el exterior y que ya no vuelve".
-T: ¿Qué tan diferente es trabajar en la Argentina o en Europa?
-NPB: En general, el cine, al menos en el que me tocó trabajar, tiene un financiamiento importante y las condiciones de trabajo son muy buenas. Hay algunos roles que cambian, sobre todo entre dirección y producción en cuanto a quien se ocupa de determinadas cosas. Luego, si tuviera que hablar de diferencias concretas, no tienen tanto que ver con el hacer cine, sino con hacerlo en otro país con otras costumbres y a veces otros medios.
T: ¿Cómo te llegó esta película?
NPB: A través de Sarah Teper y Leila Fournier, directoras de casting que conocí hace mucho tiempo al momento de presentar "Au fond des bois" de Benoit Jacquot.
-T: ¿Cómo es tu personaje?
-NPB: Es un militante de Act Up París en los 90s, antes de la llegada de las triterapias contra el HIV. Un joven chileno que adoptó la causa de que el Estado tome conciencia de su responsabilidad. Encarna la idea de Cólera=Acción, y conoce a otro joven que lo acompaña y quiere estar con él en lo que parece ser su último capítulo.
-T: ¿Cómo fue asumir ese compromiso?
-NPB: La historia es un gran cuerpo colectivo compuesto por muchos personajes que viven su compromiso y lucha cada uno con sus motivaciones personales y el compromiso tiene que ver más con el porqué estos personajes desean -o no- involucrarse.
-T: ¿Cómo fue el rodaje?
-NPB: En el rodaje experimenté mucha libertad y comprobé que desde la libertad, el juego y la impunidad sana relacionado a lo lúdico uno puede crear cosas y que esas cosas sean interesantes para el que las ve. Y eso se lo debo también a Robin, que supo dejarnos solos cuando había que hacerlo para que pudiéramos pelar nuestras propias armas y habitar el espacio desde nuestro lugar más íntimo, más instintivo.
-T: ¿Qué significó para vos la experiencia en Cannes?
-NPB: Para mí el paso por Cannes y el premio fueron espectaculares. Después hubo un momento de calma y la prensa volvió con el estreno francés en agosto y la locura de tomarnos aviones cada dos días para ir a festivales donde ganamos varios premios en los cuatro puntos cardinales del cosmos siempre con una recepción del público muy espectacular.
-T: ¿Después de Cannes sobrevinieron proyectos?
-NPB: No hubo ningún proyecto concreto que me haya apasionado o me haya tenido ocupado. Aparte de mucha lectura de guión no hubo ningún rodaje. Algunos de Francia otros de Argentina pero ninguno me convenció. Nada confirmado y sin apuro. Espero cosas, pocas y buenas antes que muchas y poco interesantes, y no me refiero a la calidad intrínseca de cada proyecto sino a lo que uno pueda o no dar en esos proyectos. Tengo la gran fortuna de poder elegir y sin apuro.
El joven actor de 32 años, y que en 2003 debutó en televisión con "Disputas", nunca fue mediático; sin embargo su imagen creció muy rápido, y entre sus muchas producciones cinematográficas locales se destacaron "El aura", la transgresora "Glue", "Cara de queso", "Tatuado" y en especial la última, "Lulú".
Gracias a "120 pulsaciones por minuto" el año pasado subió al podio de Cannes junto al director marroquí-francés Robin Campillo para recibir el Premio Especial del Jurado que reconoció, a su manera, al filme que mucha crítica y público consideró la más contundente y actual de las propuestas de aquella competencia oficial.
-Télam: ¿Cómo fue que empezaste a hacer cine en el exterior?
-Nahuel Pérez Buscayart: A varias de las películas que hice en Europa llegué de maneras completamente diferentes. La primera en la que trabajé en Francia me llegó porque el director había visto "La sangre brota" que se había estrenado en París; sin embargo no hay regla, ni planificación, todo se fue configurando bastante solo, y lo único que hice fue ir tomando o dejando.
-T: Sin embargo nada es casual...
-NPB: Siempre me interesa llegar a lugares desconocidos, aprender su idioma y su cultura. Descubrirse disfrazado en sonidos raros invita a un redescubrimiento, a tocar la esencia o a encontrar nuevas personalidades en uno mismo. Si querés más detalles te puedo describir cada experiencia por separado, pero en general, no hubo un patrón común.
-T: ¿Como comenzó tu experiencia europea?
-NPB: En Francia, en 2016, protagonicé dos películas de bastante envergadura teniendo un recorrido casi nulo en el cine francés. Veo en Francia una notoria apertura a lo nuevo y un respeto del deseo genuino de los directores bastante más fuerte que en la Argentina. No es necesario hacer televisión diaria o estar expuesto por fuera de tu trabajo para poder estar al frente de proyectos grandes y de calidad. También noto que en Argentina existe esta idea cerrada de que si alguien trabaja bastante en otros lados, lo convertimos en alguien que "vive en el exterior y que ya no vuelve".
-T: ¿Qué tan diferente es trabajar en la Argentina o en Europa?
-NPB: En general, el cine, al menos en el que me tocó trabajar, tiene un financiamiento importante y las condiciones de trabajo son muy buenas. Hay algunos roles que cambian, sobre todo entre dirección y producción en cuanto a quien se ocupa de determinadas cosas. Luego, si tuviera que hablar de diferencias concretas, no tienen tanto que ver con el hacer cine, sino con hacerlo en otro país con otras costumbres y a veces otros medios.
NPB: A través de Sarah Teper y Leila Fournier, directoras de casting que conocí hace mucho tiempo al momento de presentar "Au fond des bois" de Benoit Jacquot.
-T: ¿Cómo es tu personaje?
-NPB: Es un militante de Act Up París en los 90s, antes de la llegada de las triterapias contra el HIV. Un joven chileno que adoptó la causa de que el Estado tome conciencia de su responsabilidad. Encarna la idea de Cólera=Acción, y conoce a otro joven que lo acompaña y quiere estar con él en lo que parece ser su último capítulo.
-T: ¿Cómo fue asumir ese compromiso?
-NPB: La historia es un gran cuerpo colectivo compuesto por muchos personajes que viven su compromiso y lucha cada uno con sus motivaciones personales y el compromiso tiene que ver más con el porqué estos personajes desean -o no- involucrarse.
-T: ¿Cómo fue el rodaje?
-NPB: En el rodaje experimenté mucha libertad y comprobé que desde la libertad, el juego y la impunidad sana relacionado a lo lúdico uno puede crear cosas y que esas cosas sean interesantes para el que las ve. Y eso se lo debo también a Robin, que supo dejarnos solos cuando había que hacerlo para que pudiéramos pelar nuestras propias armas y habitar el espacio desde nuestro lugar más íntimo, más instintivo.
-T: ¿Qué significó para vos la experiencia en Cannes?
-NPB: Para mí el paso por Cannes y el premio fueron espectaculares. Después hubo un momento de calma y la prensa volvió con el estreno francés en agosto y la locura de tomarnos aviones cada dos días para ir a festivales donde ganamos varios premios en los cuatro puntos cardinales del cosmos siempre con una recepción del público muy espectacular.
-T: ¿Después de Cannes sobrevinieron proyectos?
-NPB: No hubo ningún proyecto concreto que me haya apasionado o me haya tenido ocupado. Aparte de mucha lectura de guión no hubo ningún rodaje. Algunos de Francia otros de Argentina pero ninguno me convenció. Nada confirmado y sin apuro. Espero cosas, pocas y buenas antes que muchas y poco interesantes, y no me refiero a la calidad intrínseca de cada proyecto sino a lo que uno pueda o no dar en esos proyectos. Tengo la gran fortuna de poder elegir y sin apuro.

