Tranquera Abierta | Julio Ramos | Escuela agrotécnica salesiana de La Trinidad | Twitter

Sembrando la Fe: el cura influencer que defiende y alienta al agro en las redes

Es salesiano y estuvo dos veces en San Ambrosio. Pasó por Salta, Mendoza, y hoy está en provincia de Buenos Aires en otra escuela agrotécnica. "Mostrar lo que es el campo, es un apostolado", dice

El padre Julio Ramos nació en San Juan hace 55 años, en el seno de una familia que no tenía relación con el campo. Su padre era gendarme y su mamá, ama de casa. “Papá era un lector empedernido y los domingos compraba el diaro La Nación y desde entonces me llamó mucho la atención la visión del campo, los animales en particular, y siempre me generó la curiosidad”, dice quien desde hace 8 años es parte de la comunidad de la escuela agrotécnica salesiana de La Trinidad, en el Partido de General Arenales, en la provincia de Buenos Aires.

Pero más allá de su ubicación geográfica, su frontera se ilimitó a través de las redes sociales, su otro universo que comparte con la Fe, con el aula y con las actividades agropecuarias. Allí también se mueve como pez en el agua. Comenzó hace muchos años con una cuenta en Facebook, pasó a Instagram, no pudo resistir a Twitter y finalmente desembarcó en Tik-Tok, el boom de los adolescentes. Se las arregla para adaptarse y aprender rápidamente. Cuenta que es su forma de no perderle pisada a las tendencias de los chicos, y así poder seguir en la misma sintonía. Pero además, usa esas herramientas para mostrar y destacar el trabajo del campo, en particular el que realizan los chicos del colegio.

Vuelve sobre su historia: “En 1979 ingresé al secundario en una escuela con orientación pedagógica y religiosa y me decidí vocacionalmente a entrar en los salesianos, lo que finalmente ocurrió en 1986. Al terminar la primera instancia formativa viene una primera etapa que nosotros llamamos tirocinio, que era el que iba a la vanguardia en el ejército, en primera línea. Así nos mandan a nosotros a trabajar a las casas y ahí me tocó la escuela agrotécnica de San Ambrosio. Y quedé fascinado, por el lugar, por el trabajo del campo, por aquellas cosas que había visto en el diario, o en algún programa como Dinámica Rural. Ahí estaba en medio de todo eso y lo viví con mucha pasión. Estuve en el ‘89-’90 y después volví en 2005 hasta 2008 que me enviaron a una escuela vitivinícola que tenemos los salesianos en Rodeo del Medio de Mendoza, también entre los chicos, la parroquia y la gente del campo.

¿Cómo llega a Buenos Aires?

De Mendoza pasé a Salta un año y a San Luis otros tres, y de nuevo a Mendoza pero al colegio del centro de la ciudad. Hasta que finalmente me invitaron a trabajar a provincia de Buenos Aires, que era volver al campo y dije rápidamente que sí. Hace 8 años que disfruto del trabajo del campo, del acompañamiento de los chicos y de las familias y en un ambiente en el que puedo desenvolver muy bien tanto la actividad pastoral como la educativa.

¿Cómo es esa escuela?

Es una escuela con pupilaje. Tenemos 200 alumnos de los cuales 120 son pupilos, lo que permite un trabajo educativo más intenso. Mi jornada arranca a las 6 y a las 7 tenemos oración con los hermanos y mientras tanto voy escuchando radio y noticias. Después de eso se levantan los chicos para el desayuno y las actividades. Tenemos clases a la mañana y a la tarde desde las 8 a las 17. A la mañana los más chicos hacen actividades prácticas que incluyen dulcería, huerta, monte frutal, avicultura, carpintería, silos y balanceados, suinicultura, ganadería, tambo, entre otras. También gestión, informática, computación. Y después vuelven a los salones de clases y a la tarde salen los más grandes, de cuarto, quinto, sexto y séptimo. Tengo ahí algunas clases de Ciudadanía con los más chicos. Antes tenía todos los cursos pero me achiqué porque me nombraron párroco de Ferré y se me hizo más difícil. Después de las 17 que se retiran los externos, quedan sólo los pupilos y tenemos una hora de actividad para deportes, estudio, un momento individual y otro compartido y finalmente a las 21 cenamos y después recreo hasta las 22 o 22:15 para ir a dormir.

https://twitter.com/pjuliocesarsdb/status/1441152116618186754

Y ahí aprovecha a meterse en las redes...

En mi caso me voy a corregir tareas, a subir fotos, a contar un poco el día y sobre todo a comunicar las actividades. Llama mucho la atención a mucha gente que en muchos lados ven “la juventud perdida” y acá ven a los chicos trabajar con animales, en la huerta, haciendo carpintería. Y eso alienta y anima a la gente y es uno de los motivos que tengo yo para comunicar: mantener la esperanza a la gente en tiempos tan difíciles.

¿Cómo es eso de comunicar?

A los adolescentes, entrando a cierta edad, les agarra el mutismo y no cuentan nada de lo que hacen, de lo que sienten. Y entonces poder mostrarles a las familias en primer lugar todo lo que hacen en la semana los pone contentos. Ahora es mucho mayor la comunicación por las herramientas tecnológicas con que disponemos. Y después mucha otra gente que se fue prendiendo en las redes sociales que más allá de la comunicación para la esperanza, también entraron a otro nivel, para un consejo espiritual, un pedido de oración, solicitud de contención en un momento difícil, que ya tiene que ver más con la Fe.

¿En qué redes está?

Empecé con Facebook hace mucho tiempo y en el contacto con los chicos vi que ellos fueron transmigrando a Instagram y abrí una cuenta ahí, y luego pasé a Twitter. Por último llegué a Tik-Tok y tengo Linkedin. Y voy teniendo muchos contactos en cada una de ellas, alumnos, familias y conocidos, y ver en qué están los chicos para mi rol de educador de jóvenes y adolescentes es importante. Ver qué hablan, cómo hablan, los temas, me ayuda mucho a estar en la onda de ellos para poder hablarles y evitar la desconexión de edad que podemos tener. La intención mía es estar ahí para acompañarlos y ayudarlos y eso me creó un campo de relaciones y vínculos tremendo que por ahí se pone pesado porque es muchísima gente. Pero me da mucha alegría y paz poder ayudar.

Padre Julio Ramos

Cada red es un mundo distinto...

Sí. En Twitter aparece por ahí más gente con otro tipo de opiniones que te las reflejan, te las dice. Por ahí en Tik-Tok también encontré algunos que se ponen más contestatarios. En Facebook es todo mucho más tranquilo. En cualquiera me siento bien y si tengo que contestar, contesto siempre con argumentos y razones y sin ninguna agresividad, lógicamente. Y le muestro a la gente que uno en la Iglesia no está para estar cortando cabezas sino para poder dialogar, charlar y mostrar otro rostro de la Iglesia de la cual a veces la gente tiene otro idea.

Se convirtió en un referente del campo en las redes sociales, ¿cómo vive eso?

Por suerte el hecho de poder estar en la escuela agrotécnica y gustarme la temática me hizo introducirme en elementos más técnicos, más científicos y eso me permite hablar con la gente del campo su mismo vocabulario y preocupaciones. Y por otro lado el campo en la Argentina es mucho, no lo es todo ciertamente; pero hace mucho por el país. Entonces poder mostrar en la ciudad lo que realmente representa el campo es como un apostolado. La idea es desideologizar todas las visiones que hay respecto del campo, desdramatizar ciertas cosas de manejo, y darse cuenta que el campo y su gente no es como se la suele presentar para crear enemigos. Sino al contrario, es gente laburadora, dispuesta a aportar al país, que ciertamente lucha por su bolsillo pero muchas veces no es lo que prima, por lo menos en el nivel que uno se vincula que es el productor mediano y chico, el que labura todos los días. Ese necesita acompañamiento y aliento, y que lo pueda ver la gente aclara muchas cosas y acerca posiciones y une, que es algo que hace mucha falta en este país.

¿Por qué cree que hay una visión con recelo sobre el sector?

Personalmente creo que hay mucha gente que se quedó con la mirada de 1920, momento de grandes explotaciones, tremendas estancias, donde no todas eran cosas claras o muy buenas. Y hoy en día es muy diferente. Todo aquello se fue dividiendo y dividiendo y mayoritariamente hay pequeños y medianos productores que la luchan, la reman. Pero hay quienes todavía se creen que el campo es el único lugar para sacar plata. Y allí hay gente que ama la tierra y la cuida enormemente. Creo que es un tema de visión, y más allá de cuestiones ideológicas, hay una necesidad de crear enemigos para poder imponer las propias ideas.

¿Le trajo alguna dificultad esta posición?

No, por lo menos en el ámbito de mis superiores nunca tuve ninguna observación. Por ahí, algún que otro colega que tienen otro tipo de visiones me dijo que no mire hacia ahí, que mire los más pobres. Pero yo creo que es importante que desde donde se produce se mire la realidad de la pobreza y se respete el trabajo, y se sostenga el trabajo para ayudar a toda esa gente también. Hay que brindar posibilidades a la gente que no la tiene.

Sigue de cerca la realidad del país y los temas vinculados al campo, ¿cómo ve este debate de las exportaciones de carne?

Estamos en un momento tan difícil... No es santo de mi devoción el Gobierno de la actualidad por ciertas puntuaciones políticas, de una mirada muy sesgada de la realidad del país. No soy opositor, simplemente soy un anunciador de otras visiones, de otras realidades y otras manera de percibir el país, un poco más abierta, más compartida, más posible. Mi postura es esa, más allá de que no concuerdo con ciertas visiones ideológicas del gobierno actual, ni tampoco del pasado, y trato de mostrar otras alternativas. En este mundo no todo es negro o blanco, hay posibles grises y otros muchos más colores que pueden pintar mejor la realidad de lo que a veces se quiere acentuar.

Mencionó la pobreza, ¿como ve la realidad social?

Lo vemos en nuestra sede de Cáritas de la parroquia en donde trabajamos muchísimo por la gente del lugar. La asistencia está bien cuando apunta al momento y después se persigue la búsqueda de otros horizontes de trabajo. Hoy lo que se ve es que la asistencia está enfocada más en una cautividad de la gente que en una perspectiva de mejora, de trabajo. Eso me inquieta, me preocupa y por momentos me indigna por cómo manejan a los pobres. Hay que ayudar, asistir, pero siempre apostando al horizonte de crear trabajo, generar riqueza, ampliar el universo de posibilidades de la gente y eso no se ve. Contener la pobreza está bien, pero si no se avanza los daños se van a hacer evidentes y de hecho ya los estamos percibiendo.