Opinión | pandemia | Argentina |

Presupuesto, una carta de intención en medio de la pandemia

El ministro Martín Guzmán llevará mañana a Diputados el primer proyecto integral de esta gestión con las proyecciones para 2021. Se espera un crecimiento de la economía, pero que no alcanzaría a recuperar ni la mitad de lo perdido este año.

El desafío del Covid a la actividad económica es brutal. Las economías del mundo imaginan retrocesos de su PBI de entre el 8 y el 13 por ciento en un grupo grande del total de países del planeta. En Argentina el derrumbe será algo superior al 12%, según estima el propio Gobierno en su batería de estimaciones que tiene apuntadas para el Presupuesto del año próximo. Eso implicará que habrá una caída mayor a la registrada en la crisis de 2001.

Pero el año próximo, la economía, según la proyección del ministro Martín Guzmán, tendrá una recuperación del 5,5%. Al menos eso es lo que se muestra en el Presupuesto que esta semana llevará a Diputados para que comience a analizarse en la comisión que preside el ex vice de Boca, Carlos Heller. Si los tiempos del oficialismo se cumplen, en un mes podría tener sanción en la Cámara Baja y de allí saldría hacia el Senado para que el proyecto sea sancionado en noviembre.

Cómo se observa, la reacción de la economía nacional no alcanzaría a denominarse “rebote”. Estaría en alguna instancia previa de esa categoría ya que la proyección oficial es que se recupere menos de la mitad de lo perdido este año.

Llevará tiempo remediar las secuelas del “año Covid” en la Argentina, a diferencia de lo que esperan otros países, de economías más poderosas, que imaginan sí un rebote de su actividad.

El punto de partida de unos y otros es demasiado diferente. Y las expectativas también. Argentina arrastraba comorbilidades al momento de recibir al coronavirus. Una aceleración en la tasa de inflación, tensión en el mercado cambiario, un nivel de endeudamiento imposible de afrontar tal como estaba estructurado, y una actividad económica que venía en caída desde 2018 y que, salvo en 2017, se mostró en la pendiente durante toda la gestión anterior. Y este año de pandemia y cuarentena descenderá varios escalones seguidos. Por lo que el deteriorado escenario de diciembre, se agravó. Y eso tiene una traducción en el campo social determinante, con cifras que alarman y que obligarán a redoblar esfuerzo e ingenio. A fin de año, más de la mitad de los argentinos serán pobres, y en los niños, la cifra romperá el 60%.

La proyección oficial de inflación es optimista y calcula un 28% para todo el año próximo, mientras anticipan que 2020 podría cerrar en 32%. Ese doble escenario dependerá, claro, de cómo termine resolviendo la cartera de Guzmán la expansión monetaria que necesariamente impulsó para cubrir las enormes necesidades impuestas por el Covid. Si bien el contexto impidió que eso se corra a precios, la salida de la pandemia planteará un desafío extra en ese plano. Esta semana se conocerá el porcentaje de inflación de agosto, luego de un julio con 1,9% y un junio de 2,2%. Por eso, hasta el séptimo mes del año la inflación acumulada había alcanzado el 15,8% mientras que si se tomaba los últimos 12 meses ascendía al 42,5%.

A modo de adelanto, el IPC On Line, que suele seguir muy de cerca la evolución de la inflación oficial, arrojó para agosto un 2% y un acumulado de 12 meses del 39,3%. Si se confirma ese dato, sería la mitad del alza registrada en agosto del año pasado, el mes de las Paso y el comienzo de los desajustes fuertes de la economía nacional en 2019.

El dólar por supuesto que también es un capítulo aparte dentro de las proyecciones que realiza la Nación, que prevé que para fines de 2021 se ubique cerca de los 101 pesos el oficial sin impuesto Pais. Por lo tanto, estima que el tipo de cambio se ubique por debajo de la inflación. Es un primer indicador de que buscará pisar algo el avance de la moneda norteamericana, lo cual es compatible con un año de crecimiento y de elecciones de medio término. Como ocurrió con Macri en 2017, la pizarra del dólar tuvo un paso algo más lento.

También trascendió que, dado el denso contexto social que tendrá el país luego del coronavirus, el proyecto destinará más del 60% de los recursos a gastos sociales.

Pero la principal variable a despejar en todo el paquete presupuestario es el de la enfermedad. Sin dudas que será el gran condicionante. Por eso la evolución de las vacunas y el tiempo que podrían tardar en llegar en gran cantidad al país serán determinantes para luego analizar las variables económicas. En este contexto, insinuar una proyección tiene mucho de astrología u oniromancia.

Esto va en línea con lo que habitualmente explica Juan Carlos De Pablo con respecto a los presupuestos nacionales, a los que describe como obligatorios pero descartables. Para el economista, allí no hay demasiado dato interesante para abordar.

Pero lo cierto es que será el primer presupuesto que presentará la gestión de Alberto Fernández, que hasta aquí transitó toda la pandemia con una reconducción del que dejó Macri en 2019. Puede ser una primera foto de lo que pretende el Gobierno en algunos aspectos y permitirá definir al menos cuáles intentan ser sus prioridades, fuertemente condicionadas por las urgencias.

La discusión del proyecto se abrirá mañana en Diputados, justo en el momento de mayor tensión política con la oposición.