Cada vez que en la Argentina hay un proceso electoral para elegir Presidente los mercados financieros empiezan a mostrar movimientos que en algunos períodos parecen sísmicos. Ocurre ahora, ocurrió hace cuatro años y la memoria puede extenderse sin dificultad hacia atrás.
Cada vez que el resultado de las urnas es incierto o deja un escenario que genera incertidumbre, las carteras empiezan a dolarizarse y si esto es dificultoso, muchos cortan camino y buscan refugio en el blue, aún a valores que podrían resultar poco lógicos si se tienen en cuenta algunas variables. Sin embargo, el pájaro en mano que 100 volando es, en materia cambiaria, una ley inquebrantable en momentos de incertidumbre.
Hoy el país ofrece, según confían incluso las distintas fuerzas políticas intervinientes, un escenario de tres opciones que podrían llegar a la Casa Rosada a partir del 10 de diciembre. Esto, incluso tomando el último dato certero que fue el de las Paso, donde apenas hubo una diferencia de 2 puntos y medio entre el primero y el tercero de los candidatos; todo muy apretado.
Por eso, el primer dato a resolver es si el 22 de octubre, en menos de dos semanas, habrá un Presidente electo. A esta altura, las tres fuerzas que muestran mayores posibilidades de triunfo admiten que es muy poco probable ese escenario y más bien están imaginando que habrá dos sillas para tres en danza. En definitiva, que habrá continuidad para dos de ellos más allá del domingo 22 porque imaginan un balotaje.
Un importante empresario cordobés explicó esta semana que uno de los mayores grados de incertidumbre podría darse si en la segunda vuelta no está el candidato del oficialismo: “¿Qué pasará con el Gobierno y la economía hasta el 10 de diciembre si el balotaje es entre Milei y Bullrich?, porque además no habrá un interlocutor definido para iniciar una transición que al menos dé señales de un horizonte con cierta certeza”, se preguntó.
Hay un dato que el empresariado sigue apuntando de cerca y tiene que ver con el valor del dólar: no sólo por la escalada que la turbulencia financiera está provocando en las variables financieras y el blue, sino porque advierten el escaso poder de fuego que hay en el Banco Central, y ya miran de reojo el valor del tipo de cambio oficial, que quedó más atrasado que al momento de la devaluación del 14 de agosto. Aquel día se decidió un recorte del peso del 20% pero los niveles inflacionarios desatados a partir de ese momento -ratificando una vez más en el país que las devaluaciones pasan a precios sin importar demasiado el contexto, lo que sí puede afectar este es la velocidad de ese proceso- superaron con creces la ventaja cambiaria lograda aquel lunes. La competitividad alcanzada, ya se licuó. De allí el interrogante sobre cómo continuará.
Hay otro dato que aportan las empresas: la búsqueda de dolarizarse a través del Contado Con Liquidación (CCL) que iniciaron en las últimas semanas y que muchas lo hicieron para cubrirse ante la demora de la obtención de Siras y de la liberación de dólares oficiales para cancelar pagos con proveedores del exterior. Ante ese panorama, muchas industrias que importan insumos o herramientas corren de los pesos para intentar cubrirse y en parte también explicaron así la suba del CCL que se vio en los últimos días y que cerró el viernes a $ 877 después de navegar los $ 900.
En definitiva la falta de horizonte y las trabas a la hora de importar terminan sumando presión adicional al mercado cambiario.
Pero no sólo genera incertidumbre el escenario del 23 de octubre sin el oficialismo; sino que aún pensando en las otras alternativas la sensación de los empresarios es de confusión. ¿En qué consiste el bimonetarismo? ¿Cómo se hará la dolarización? La falta de definiciones más allá de los títulos son un motor de la incertidumbre.
Anoche no se avanzó más que colateralmente en estos temas, más allá de que en parte se abordaron en el capítulo de Producción y Trabajo, el segundo de los ejes del debate en la UBA.
Hubo en ese tramo algunas pinceladas sobre la producción agropecuaria, un tema que no alcanzó a tener la relevancia que muestra en los números del país. Su mención se limitó a la discusión por retenciones que planteó Juan Schiaretti y que convalidó Javier Milei. Sergio Massa insistió en que más allá de las promesas de los otros espacios, el que eliminó retenciones a las economías regionales y ahora a la lechería fue él. El candidato de Hacemos Unidos por Nuestros País aprovechó a reclamarle al ministro de Economía que declare economía regional a la lechería antes de bajarle temporalmente las retenciones. Vale recordar que ese beneficio dispuesto por el Gobierno caduca el 31 de diciembre. Más allá de esos cruces y el pedido de quitarle el pie de encima a la producción, no hubo mucho más espacio para el campo y la agroindustria. Allí hay también otro sector que navega incertidumbres múltiples debido al proceso electoral pero también al climático por la fuerte demora en la llegada de las lluvias que empezó ya a afectar este ciclo de campaña gruesa que debería estar mucho más avanzado de lo que está. A medida que el calendario corre, se afecta los volúmenes de producción y por lo tanto los ingresos para el próximo Gobierno.

