Opinión | marcos-jure |

Una elección al calor del sol

Llamosas convocó las municipales para el 29 de marzo. Lo hizo asentado en las encuestas. Apuesta a aprovechar la dispersión en la oposición. Su estrategia para despejar el tema de la deuda.  Por Marcos Jure

Juan Manuel Llamosas no quiso correr el riesgo de que la realidad cambie. Para él, está bien así. Por eso, después de revisar las encuestas más recientes, decidió que los riocuartenses voten para intendente dentro de tres meses, poco después de las vacaciones y del ajetreo del inicio de clases. Será el 29 de marzo, la fecha que, según concluyó, le da más ventaja.

Los sondeos que recibió Llamosas, y que fueron encargados por el peronismo provincial, lo convencieron de acortar los plazos. Lo ubican a él con una intención de voto superior a la de 2016, cuando fue electo con el 46,54 por ciento, y al radicalismo con números similares a los de aquella vez, cuando obtuvo el 32,77 por ciento. 

Los activos que las encuestas le asignan a Llamosas son principalmente dos: uno, su imagen personal; otro, igual de relevante para el electorado, es el acompañamiento del gobierno de Juan Schiaretti. Río Cuarto, que supo jactarse de su autonomía, ahora valora, en su mayoría, que exista un alineamiento con el poder provincial.

“Si vas ganando bien, votás lo antes posible”, dicen en el Palacio. En la oposición ofrecen una interpretación contrapuesta: “Si estuviera tan seguro, ¿por qué se apura? Debe ver elementos que le preocupan”, especuló un dirigente radical.

En el llamosismo señalan que la oficialización de la fecha también servirá para aclarar el panorama, terminar con las especulaciones, las operaciones y las amenazas de candidaturas y para definir cuánto hay de verdad en cada movida tanto en el oficialismo como en la oposición.

La amenaza más seria que podría  pender sobre el oficialismo es la de Adriana Nazario, quien decidió no desembarcar en el gabinete provincial y, casi simultáneamente, fue crítica con el gobierno de Llamosas. En su entorno, desde ese momento hablaron de una posible candidatura de la exmujer de José Manuel de la Sota. 

Sin embargo, en el gobierno la descartan. Aseguran que en los últimos días hubo un acercamiento con la exdiputada, que ella misma habría señalado que su pretensión no es ser candidata y que, desde ese momento, la posibilidad de un acuerdo es cierta. Aunque variarían las condiciones por el cambio objetivo de la correlación de fuerzas dentro del peronismo cordobés y riocuartense. Porque el delasotismo no es lo que era ni el schiarettismo es igual desde que monopoliza el liderazgo del PJ provincial.

Esa situación influye en Río Cuarto. Schiaretti, en su visita a la ciudad, hilvanó una serie de elogios a Llamosas y dejó en claro que la reelección del intendente es un objetivo de la gestión provincial. En el llamosismo esperan que haya allí otro elemento disuasorio en el caso de que los posibles adversarios internos se resistan a ceder.

Pero así como hace 15 días el actor convulsionado era el peronismo, en la semana pasada ese protagonismo pasó al armado opositor. Finalmente, Eduardo Scoppa y Miguel Besso dieron el paso, formaron una agrupación por fuera del radicalismo, su partido de origen, e incorporaron un componente nuevo en la oposición.

En todo el arco no peronista en las últimas semanas hubo un capítulo que modificó el panorama. Fue la denuncia contra Pablo Carrizo, referente de Respeto. Las encuestas que encargó la Provincia señalan que el exconcejal viene sufriendo una pérdida en la intención de voto, motivada por supuesto por la denuncia que pesa en su contra por violencia de género. La caída no es tan pronunciada como se esperaba pero puede profundizarse por hechos como el crudo testimonio que la expareja de Carrizo, Elsa Celucci, ofreció hace días en la publicación Otro Punto. 

Ese caso de violencia de género ha derivado en un hecho político: el sector de Carrizo y de Respeto, que parecía consolidado, se ha debilitado y, por lo tanto, abrió el camino para otras alternativas.

Allí entran Besso y Scoppa. En el espacio, denominado RxI, señalan que cualquiera de los dos podría ser el candidato. Uno, el extitular del Consejo Económico y Social, capturaría principalmente votos radicales; el exconcejal podría, por su parte, seducir a una porción del electorado que venía identificándose con Carrizo.

Desde esa agrupación indicaron que están dispuestos a conversar con el radicalismo para sondear la posibilidad de un acuerdo. En la UCR olfatean una trampa. Creen que puede ser una maniobra dilatoria para favorecer al oficialismo. “Nos quieren hacer perder tiempo y nosotros estamos enfocados en la campaña”, dicen.

En RxI plantean que la única manera de ganarle a Llamosas es conformando un gran polo opositor que se encolumne detrás de un proyecto nuevo y que, para lograr una confluencia amplia, hay que rediscutir todo: eso implica que el radicalismo debería poner a disposición a sus candidatos a intendente y a concejales.

La predisposición del lado radical no es especialmente pronunciada. “Nosotros hicimos una interna y ellos podrían haber participado. Eligieron irse y de este lado quedó todo el radicalismo. Si quieren venir, estamos dispuestos a hablar pero no vamos a desarmar todo por ellos”, se plantó un dirigente radical.

El Frente Cívico ya dio el portazo con fuertes críticas y el Pro se queja de falta de diálogo. Hay operadores que están intentando que esos tres actores (RxI, el Frente Cívico y el Pro) terminen confluyendo en una única opción.

En el Palacio esperan que los candidatos opositores se multipliquen y las discusiones se estiren. 

Llamosas piensa asentar su campaña en obras y anuncios y escaparle todo lo posible a las controversias o los temas negativos. En los últimos días, en el gabinete rogaban que el conflicto por las retenciones al campo no se intensificara ni se llegara a protestas en las rutas. Un enfrentamiento de ese tipo es lo que menos necesita ahora el intendente. Porque podría verse obligado a tomar posición y a enemistarse con unos u otros. Aunque, si se llegara a ese extremo, está claro que la línea es la que marca el gobernador, que en el debate de la megaley mandó a votar en contra de la suba de los derechos de exportación pero, a la vez, habilitó el quórum que necesitaba el presidente Alberto Fernández.

Otro tema espinoso, ya no importado sino autogenerado, fue el de la deuda en dólares, que el Municipio  acaba de resolver a medias en la reestructuración de los vencimientos por US$ 11 millones que cerró con los tenedores. 

La oposición, específicamente el radicalismo, hizo de ese pasivo su primer eje fuerte de campaña. No sólo porque insistió con sus críticas sino porque decidió llevar su postura a la Justicia. La UCR sostiene que la gestión Llamosas se excedió en el límite de endeudamiento y ahora espera que un juez le dé la razón. Más allá de que la Justicia local es poco propensa a ser árbitro en diferendos políticos,  la presentación que la oposición hizo de su planteo estuvo lejos de la solvencia. Pareció una conferencia de prensa pensada a las apuradas, sin datos concretos ni sólidos que le dieran credibilidad a la acusación. En ese plano, todo queda envuelto en una disputa dialéctica y una compulsa de credibilidades.  

Como contrapartida, el oficialismo salió a neutralizar la movida radical con un discurso destinado a rememorar que la gestión anterior no fue precisamente prolija en el manejo de la deuda. En una primera línea de fuego, el concejal Armando Chiappe acusó a la oposición de armar una evidente puesta en escena para tratar de desgastar al intendente.

Después, fue el propio Ejecutivo el que avanzó con una contraestrategia: transformar la negatividad de la deuda en un aspecto favorable. El gobierno postuló que la reestructuración es un “precedente positivo” que marcará el camino de otras provincias y municipios que vienen detrás.

Un bono de casi 15 millones de dólares que no pudo pagarse en los términos originales no es una buena noticia. Ni ofrece nada para festejar. Sólo se ganó tiempo y se cambió la imposibilidad de pagar la deuda por una complicación a futuro.