Pero detrás de esa respuesta apareció una contradicción que puso el foco en una etapa anterior al financiamiento. Gran parte de quienes identificaron al capital como el principal problema todavía no había desarrollado un producto mínimo viable, ofrecido un servicio ni puesto a prueba su idea frente a potenciales clientes. En otras palabras, no habían llegado todavía al momento en el que el dinero resultara indispensable.
Para Jean Del Pino, cofundador de Commit, el inicio de un emprendimiento no depende necesariamente de una inversión, sino de la capacidad de escuchar y confirmar si el problema que se busca resolver realmente existe.
“El primer tramo del camino emprendedor no requiere inversión. Validar si una idea le importa a alguien lo suficiente como para estar dispuesto a pagar por el valor que agrega sólo cuesta conversaciones. Veinte, treinta charlas con las personas que supuestamente tienen ese problema que buscamos resolver. Sin venderles nada. Sólo escuchar. Esa fase requiere método, y aguantar que te digan que tu idea no es tan buena como pensabas. El capital viene después, y se puede acceder mucho más fácil cuando hay evidencia de la oportunidad validada para mostrar en lugar de sólo entusiasmo”, explicó.
La independencia, antes que el dinero
El relevamiento también indagó sobre las motivaciones que llevaron a las personas a pensar en emprender y allí surgió otro resultado que rompió con una idea extendida: ganar dinero no encabezó la lista.
La búsqueda de mayor independencia ocupó el primer lugar entre las razones para iniciar un proyecto propio. Detrás aparecieron el deseo de generar un impacto y la posibilidad de crear algo propio. El objetivo económico recién quedó en el sexto puesto.
“La gente no quiere emprender para hacerse rica. Quiere dejar de pedir permiso. Por eso el desafío no pasa solamente por conseguir financiamiento, sino por darle a las personas las herramientas para pasar de la intención a la acción y validar si su idea realmente resuelve un problema. Ese trabajo previo de validación es precisamente el que trabajamos en el curso Founder Discovery, donde los participantes salen a detectar necesidades reales, conversar con potenciales usuarios y poner a prueba sus hipótesis antes de pasar a la acción con su idea o proyecto”, agregó Del Pino.
Commit planteó su propuesta bajo la idea de “fundadores enseñando a fundar”, con una combinación de formación práctica, mentorías y comunidad entre pares.
Entre los referentes que participaron como mentores figuraron Alejandro Vázquez, cofundador y presidente de Tiendanube, Adolfo Rouillón y José Manuel Robledo, cofundadores de Frizata; Claudio Destéfano, fundador de Ristretto y Bizers, Manuel Tanoira, partner de TCA Tanoira Cassagne, Lucas Gorganchian, cofundador de Prisma Retail, Tito Loizeau, cofundador de Caramba!, y Ariel Davalli, presidente de Chungo.