Lo dice un informe realizado en siete escuelas de la ciudad, en el marco de una investigación de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNRC en articulación con la Defensoría del Pueblo de Río Cuarto.
Según el estudio, el peligro en los varones es siete veces mayor que en las mujeres y a más nivel educativo materno menor incidencia.
El defensor del Pueblo, Daniel Frangie;el decano de Ciencias Económicas, Guillermo Mana;y la rectora de la UNRC, Marisa Rovera, hicieron ayer la presentación, en el Polo Científico de la ciudad.
Frangie alertó sobre dicha problemática, Mana destacó el trabajo conjunto y Rovera afirmó que se trata de un flagelo que “nos debe interpelar”.
“El 37,2 por ciento de los varones se ubica en la categoría de riesgo, frente al 5,3 por ciento de las mujeres. La diferencia es de 31,9 puntos”.
El trabajo se llama “Predisposición al juego problemático en adolescentes: evidencia desde la economía experimental y conductual”, cuyo director es el docente e investigador Juan Munt, quien llevó a cabo el proyecto junto con la doctora Analía Rodríguez y la tesista de grado Julia Mazzone.
La muestra estuvo conformada por 297 alumnos de nivel medio pertenecientes a siete establecimientos educativos locales.
Las principales conclusiones son las siguientes:
- “El 19 por ciento de los jóvenes evaluados presenta indicadores de riesgo o juego problemático”.
- “El 37,2 por ciento de los varones se ubica en la categoría de riesgo, frente al 5,3 por ciento de las mujeres. La diferencia es de 31,9 puntos porcentuales. En términos relativos, la incidencia observada en varones es siete veces mayor que en mujeres”.
- “El promedio es de 19 casos cada 100 estudiantes, aunque existe una dispersión significativa entre instituciones: algunas se ubican cerca de 9 casos cada 100, mientras que otras superan los 35 cada 100. Esta heterogeneidad indica que el contexto institucional y social influye en la incidencia observada”.
- “El estudio no indica que la problemática esté generalizada ni fuera de control. La mayoría de los estudiantes no presenta indicadores problemáticos. Sin embargo, el 19 por ciento observado describe la presencia de una conducta de riesgo en un entorno digital de alta exposición a estímulos y bajo nivel de regulación percibida. El fenómeno existe, pero aún no presenta rasgos estructurales consolidados”.
- “En cuanto al rol del Estado, se sugiere que se trabaje en cuatro aspectos. Uno es el diseño de arquitectura de la elección: límites de gasto y tiempo configurados por defecto en plataformas digitales, aumentando la fricción para apostar y reduciéndola para proteger. El segundo está centrado en la regulación de estímulos: disminución de la intensidad y frecuencia de incentivos digitales dirigidos a adolescentes. En tercer lugar, está la alfabetización económica y digital: fortalecimiento de la comprensión de probabilidades, riesgo y sesgos conductuales en el ámbito educativo y familiar. Y, por último, se propone que se apunte a las intervenciones con evaluación: medidas focalizadas, medibles y revisables y con seguimiento de impacto”.